—¡Carlos! ¡Como no salgas ahora mismo, empezamos sin ti!
La voz de Lucía atravesó la pequeña puerta de madera del almacén situado detrás del escenario.
Carlos Navarro levantó la cabeza de golpe.
—¡Ya voy!
—¡Eso llevas diciendo cinco minutos!
—¡Que ya voy!
Se miró una última vez en el pequeño espejo que alguien había apoyado sobre unas cajas de refrescos.
Camiseta blanca extragrande.
Pantalones negros.
Zapatillas nuevas.
Una cadena plateada que su madre decía que le hacía parecer «demasiado mayor».
Carlos sonrió.
Perfecto.
O, al menos, suficientemente perfecto.
Fuera del almacén podía escuchar la música, las conversaciones y el ruido de cientos de personas ocupando la plaza principal de Fuenteclara.
Era la última noche de las fiestas de verano.
Y, para Carlos, era la noche más importante del año.
No porque hubiera fuegos artificiales.
Ni porque después actuara una orquesta que sus padres llevaban semanas esperando.
Ni siquiera porque aquella noche le permitieran quedarse fuera hasta mucho más tarde de lo normal.
Era importante porque iba a bailar.
Carlos llevaba prácticamente toda su vida esperando cualquier excusa para hacerlo.
Bailaba cuando preparaba el desayuno.
Bailaba mientras esperaba el autobús.
Bailaba en su habitación cuando debería estar estudiando.
Bailaba en el patio del instituto.
Incluso alguna vez había intentado practicar pasos mientras ayudaba a su padre a colocar cajas en la pequeña tienda familiar, hasta que casi derribó una estantería entera de conservas.
Pero aquella noche era diferente.
Aquella noche había escenario.
Luces.
Público.
Y casi todo Fuenteclara estaba delante.
Carlos salió del almacén.
—¡Por fin! —exclamó Lucía.
Lucía tenía quince años como él y llevaba bailando a su lado desde que ambos habían comenzado las clases en el centro cultural del pueblo.
A su alrededor estaban los otros seis componentes del grupo.
Todos parecían nerviosos.
Carlos no.
O al menos intentaba que no se notara.
—¿Cuánto falta? —preguntó.
—Dos minutos.
Carlos miró hacia el lateral del escenario.
Desde allí podía ver parte de la plaza.
Las mesas de los bares estaban llenas. Los balcones tenían banderas y guirnaldas. Los niños corrían entre las sillas mientras sus padres intentaban atraparlos.
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IBU: El ritmo de Carlos (O11CE fanfic)
FanfictionCuando un fallo de sonido durante las fiestas de su pequeño pueblo andaluz convierte una improvisación de Carlos Navarro, un bailarín de 15 años, en un fenómeno viral, su vida cambia de la noche a la mañana al recibir una inesperada invitación para...
