Capítulo 1: Diego

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Diego Campillo creyó que tenía una vida resuelta, fue criado bajo un régimen que no permite errores. Sus padres siempre le inculcaron buenos valores, valores que no se podían romper.

Diego a sus dieciocho años sabía lo que la vida y su familia esperaban de él. Crecer, tener un futuro exitoso como futbolista, conocer a una mujer con la que quisiera casarse, tener hijos y envejecer al lado de aquella mujer que será el amor de su vida.

No era un mal plan de vida, claro que podía hacerlo, estaba teniendo el éxito que esperaban de él, empezaba a notar que las chicas lo seguían, cosas que desde pequeño se le enseñó que eran la clave de la felicidad. Solo había un pequeño problema.

Él no era feliz.

Se sentía vacío, una rutina monótona en la que entrenaba y regresaba a esas habitaciones llenas de más chicos con un sueño igual que él. Alejado de su familia, con la firme creencia de que este solo era un escalón más a la felicidad.

La emoción en la voz de sus padres cada que les contaba que por fin empezaba a aparecer en la mirada del primer equipo, luchando por ganarse ese lugar que tanto añoraba. ¿Realmente él lo añoraba? ¿O solo era un sueño más que le impusieron?

Diego no lo sabía, pero se seguía esforzando por tenerlo.

Hasta que llegó la lista de convocados a la selección sub-20. Por supuesto que se emocionó de ver su nombre, aún más de ver qué era el único tapatío que había logrado entrar, pero ni su felicidad se comparaba con la de sus padres, quienes sabían que después de esto tenía asegurado un gran futuro.

Diego creía que su vida estaba destinada a hacer feliz a los demás, ser el hijo, jugador y amigo perfecto que todos esperaban de él, que la felicidad ajena estaba por encima de la suya

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Diego creía que su vida estaba destinada a hacer feliz a los demás, ser el hijo, jugador y amigo perfecto que todos esperaban de él, que la felicidad ajena estaba por encima de la suya.

Acostumbrado a que siempre sentiría ese pequeño, casi, diminuto vacío en el pecho. No era que fuera infeliz, simplemente aún no encontraba esa felicidad que le prometieron iba a experimentar cuándo su carrera empezará a despegar.

No fue hasta que lo conoció. Que su mundo perfectamente estructurado se vino abajo.

Jordan Carrillo.

Era totalmente opuesto a él, ruidoso, torpe, sonriendo a todo el mundo, un chico de su edad que se quería comer al mundo, irradiaba una peculiar felicidad y tranquilidad contagiosa. Siempre desaliñado, con su sudadera del uniforme mal arreglada y sus rizos alborotados.

Y aún con todo lo que para Diego eran defectos, no podía apartar la mirada de él.

Se conocieron en la concentración de la sub-20. Cuándo Diego se vio obligado a compartir cuarto con dos chicos de Santos al ser el único tapatío.

Diego recuerda perfectamente que el primer pensamiento que tuvo sobre Jordan fue, ruidoso.

Y con el paso de los días compartidos en aquel lugar, descubrió algo que lo llenó de admiración.

Carrillo era feliz jugando, se reía al caerse sobre el pasto, escuchaba atentamente las correcciones de los entrenadores, no se frustraba si algo no le salía a la primera, al contrario, tomaba el balón y lo volvía a intentar.

Carrillo estaba ahí porque amaba lo que hacía, porque era feliz jugando fútbol y porque podía ser libre jugándolo. Y esa tal vez, siempre fue la brecha que siempre los separó, que Diego ignoró y que Jordan nunca vio.

Porque a sus dieciocho años Diego descubrió que la vida no siempre es blanco y negro, derecha o izquierda y por primera vez en tres años fue feliz jugando.

Pero...

¿La felicidad dura para siempre?

N/A:

Holi, hace muchísimo que no escribía algo de algún shipp, así que espero les guste está historia 🫰

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