prólogo

4 1 0
                                        

El fenómeno del Hombre del Bosque

Archivo Imperial de Fenómenos Inexplicables
Clasificación: Restringido
Investigador responsable: Magíster Odran Vey
Año imperial: 847

Hay fenómenos que pueden estudiarse.

Hay fenómenos que pueden explicarse.

Y luego están aquellos de los que los hombres inteligentes aprenden a no hablar demasiado.

Durante los últimos treinta y dos años he dedicado mi vida a investigar desapariciones relacionadas con lo que los registros imperiales denominan, de manera bastante poco imaginativa, el Fenómeno del Hombre del Bosque.

Se que no es su nombre, ese fue simplemente el término utilizado por los primeros que tuvieron la desgracia de encontrar un testimonio escrito sobre él.

Los campesinos lo llaman de otras maneras.

El Alto.

El Hombre de los Árboles.

El Visitante.

El Que Observa.

Los niños utilizan un nombre todavía más inquietante para referirse a el.

Amigo.

Durante mucho tiempo consideré aquello una superstición regional.

Ahora llevo una libreta conmigo para registrar cada vez que encuentro esa palabra, ya he tenido que comprar varias.

El documento más antiguo que hemos podido localizar pertenece al año 103 del Imperio.

Es una tablilla de arcilla conservada en las ruinas de un antiguo asentamiento al norte de Arkhan.

El texto es breve.
"Tres niños entraron al bosque siguiendo al hombre sin rostro."

El resto fue destruido, maldita inquisición.

Durante los siglos posteriores aparecen referencias similares.

Una familia desaparecida.

Dos hermanos.

Una caravana.

Un grupo de soldados.

Niños que aseguran haber hablado con alguien entre los árboles.

Adultos que aseguran no haber visto absolutamente nada.

Y, ocasionalmente, supervivientes.

Siempre con la misma descripción.

Una figura extremadamente alta.

Extremidades demasiado largas.

Rostro ausente o imposible de recordar.

Ropajes oscuros.

Y una característica que aparece incluso en testimonios separados por cientos de años:

observaba.

No perseguía.

No atacaba.

No hablaba.

Observaba.

La Iglesia Imperial posee más registros sobre el fenómeno que cualquier otra institución.

Acudí al padre Halbrecht, exorcista de la Catedral de San Orfeo, rechazó inicialmente la posibilidad de que se tratara de un demonio.

"Los demonios desean ser reconocidos, o simplemente divertirse al atormentar a los humanos...está cosa ni siquiera lo hace."

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Sep 17 ⏰

¡Añade esta historia a tu Biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

eyes don't have to seeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora