Una brisa fresca se desliza por las ruinas de Insomnia. El hedor de los demonios llena el aire, sus chasquidos y gruñidos se oyen por todos lados. Bajo esos sonidos una joven avanza, intentando llamar lo menos posible la atención, para evitar posibles enfrentamientos con esos demonios.
- Anda, sal- llama desde algún lugar entre las ruinas una voz arrastrada y aburrida. -Ya no es común que alguien deambule por Insomnia. Ya no.
Ella retrocede, buscando a su alrededor de donde sale esa voz. Un hombre alto con ropas negras aparece entre las sombras, su cabello desordenado. Una sonrisa torcida se dibuja en su rostro mientras le observa.
-¿Temes lo desconocido, pequeña?- pregunta con un acento aristocrático, inclinando ligeramente la cabeza.- No deberías estar aquí. Ardyn Izunia, a tu servicio.
Ella se tensa, mirándole desconfiada. En su rostro hay algo que refleja el reconocimiento, como si realmente supiera quién es él. Ardyn avanza con pasos lentos pero seguros, sus ojos dorados brillando con un destello inquietante. La luz de la luna ilumina parcialmente su rostro pálido.
- Esa mirada...- murmura, deteniéndose a unos metros. -La he visto antes. En los ojos de tantos. El miedo, la traición, el desprecio.
- No me hagas daño por favor...
Una pausa se extiende entre ambos, larga como la noche que cubre Insomnia. Ardyn ladea la cabeza con una lentitud casi teatral, y algo en su expresión cambia, apenas un parpadeo, como si una grieta minúscula se abriera en la fachada de su indiferencia antes de sellarse de nuevo. Sus labios se curvan en una sonrisa que no alcanza sus ojos.
- ¿Hacerte daño?-repite las palabras como si las saboreara, dejándolas rodar en su lengua con una cadencia suave y venenosa. Retrocede un paso, alejándose de ella, y extiende las manos con las palmas abiertas en un gesto que pretende ser conciliador pero que resulta extrañamente amenazante por lo calculado de cada movimiento. -Querida, si quisiera hacerte daño, no estaríamos teniendo esta encantadora conversación.
El viento arrastra ceniza entre los edificios destrozados. En algún lugar cercano, un demonio aúlla y el sonido reverbera contra el concreto roto. Ardyn gira ligeramente el rostro hacia el origen del ruido, y la luz pálida de la luna traza el perfil angular de su mandíbula, el desorden cobrizo de su cabello cayendo sobre un ojo. Cuando vuelve a mirarme, hay algo diferente en su mirada. No calidez, sino una curiosidad fría y meticulosa, como quien examina una pieza de ajedrez inesperada sobre el tablero.
-Lo que deberías temer no soy yo. Son ellos. -Señala vagamente hacia la oscuridad que los rodea, donde las sombras parecen respirar. - La pregunta verdadera es cómo has sobrevivido aquí sola. Insomnia no perdona a los descuidados. - Se cruza de brazos, recargándose contra una columna rota, y le observa con esa sonrisa indescifrable que parece contener mil secretos. -Así que dime, ¿qué te trae a este cementerio de reyes?
Ella intenta tapar sus manos de su visión. En ellas se pueden apreciar unas venas oscuras similares a las suyas propias. Como si no quisiera que él las viera.
- Llevo aquí escondida 10 años. -El movimiento es rápido, casi instintivo, pero no lo suficiente. Los ojos de Ardyn captan el gesto antes de que sus dedos logren ocultarse del todo.
La sonrisa se desvanece. No de golpe, sino como una vela que alguien sopla con suavidad hasta dejarla en un hilo de humo. Se aparta de la columna. Un paso. Dos. No hacia ella, sino lateral, como un animal que rodea algo que no termina de comprender.
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Final Fantasy XV: Lineage
FanfictionDurante siglos, Ardyn Izunia ha caminado entre las sombras, cargando con una maldición que convirtió su existencia en una condena. Pero cuando Lya entra en su vida, algo cambia. Ella también guarda una conexión con la Plaga, una que ninguno de los d...
