El problema de las ceremonias escolares no es que sean largas.
Es que todos fingen que no lo son.
Todos están sentados, escuchando al director hablar de disciplina, futuro y valores mientras miran de reojo el reloj esperando que por algún milagro, hayan pasado dos horas.
Llevaban doce minutos.
Mateo ya estaba considerando seriamente saltar por una ventana.
—...y ustedes representan el futuro de nuestra institución...
Mateo miró al chico sentado dos puestos más adelante.
Estaba dormido.
Lo envidio.
Su celular vibró.
Mamá ❤️
Compórtate en la ceremonia. Tu tía está viendo la transmisión.
Mateo levantó la mirada.
Una cámara estaba grabando a los alumnos.
—Qué miedo
Guardó el celular y volvió a mirar al director.
—...el compromiso que tienen con su educación...
Mateo miró el reloj.
12:14p.m
—No puede ser.
Habían pasado treinta segundos.
Se acomodó en su asiento.
Intentó escuchar.
De verdad lo intentó.
Pero el director seguí hablando
—...porque el éxito no llega de la noche a la mañana...
Mateo miró al techo.
Pensó en Física.
Pensó en la tarea que no había hecho.
Pensó en que probablemente iba a desaprobar.
Pensó en que su mamá se iba a enterar.
Pensó en que quizá podía aprender Física en treinta minutos.
Después recordó que odiaba Física.
—Ya fue.
Se levantó.
—¿A dónde vas? —preguntó un profesor.
Mateo señaló hacia la salida.
—Agua.
El profesor lo miró.
—Rápido.
—Sí.
Salió.
No tenía sed.
Pero al menos ahora estaba caminando.
Eso ya era una mejora.
El problema fue que Mateo no sabía dónde estaba el dispensador.
Caminó por un pasillo.
Después por otro.
Bajó unas escaleras.
Subió otras.
—Perfecto.
Se había perdido.
Encontró una escalera que nunca había visto.
Arriba había una puerta gris con un cartel enorme.
PROHIBIDO EL PASO.
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El club del techo
No FicciónNos conocimos por accidente. Nos hicimos amigos por aburrimiento. Nos enamoramos por idiotas. Y terminamos prometiéndonos que, pasara lo que pasara, seguiríamos siendo siete. "Qué mal se nos daba cumplir promesas"
