Cuando salí a la superficie, el Lago de los Anhelos se extendió ante mis ojos como una inmensa extensión de agua bajo la sólida y sofocante niebla, apenas iluminada por las algas y plantas bioluminiscentes de las profundidades, provocándome la misma emoción que había sentido toda mi existencia: la monotonía. Esa era la sensación con la que debía cargar mi especie al completo, condenada a vivir en este pozo de desesperanza gélida por el resto de la eternidad tras una catástrofe de la que tan solo podemos dar fe por la palabra de los sabios.
Más allá de este lugar, más allá de la niebla y los sauces que abrazan al lago, solían haber llanuras y formaciones rocosas tan inmensas que no podían ser consideradas territorio de nadie, lagos tan extensos cuyas orillas no eran visibles desde el otro lado... Pero en este momento de la historia, me ha tocado vivir en este lugar. Quizá todo eso son leyendas que le cuentan a los niños para que valoren el lago sabiendo lo fácil que es perderlo todo, quién sabe, no podría importarme menos.
Somos surukis, los únicos habitantes inteligentes de este lugar, seres con cuerpos esbeltos y de piel nívea comparable con el brillo de la luna sobre las aguas calmas, contrastando totalmente con el tenue carmesí que colorea nuestros párpados, casi como si recordaran un calor al que ahora somos ajenos. Largas melenas lisas y plateadas ondean sobre nuestros hombros con suaves movimientos, finas como la hierba líquida, y casi acompañando nuestros movimientos con una danza lúgubre y melancólica que enmarca nuestros finos rostros y ojos completamente plateados de un modo casi hipnotizante para las pobres presas a las que podemos hincarle el diente. Sin duda estamos adaptados a la penumbra a la que nos autosometimos en el pasado. Quizá alguna vez fuimos una especie que vagaba por el mundo tal y como cuentan las fábulas, o tal vez siempre estuvimos hechos para ocultar tanta belleza y adorno en un entorno como este.
Mi nombre es Kaar Fae-Noel, y tal y como indica el enrevesado calendario de ciclos lunares, "hoy" es el ducentésimo cuadragésimo séptimo aniversario de mi nacimiento. Lo que en un mundo con algo llamado sol podríamos conocer como unos veinte años, aproximadamente. La realidad es que hace mucho tiempo que esos números han dejado de significar algo verdadero para mi. Tan solo mi hermana y mi mejor amigo los recuerdan con el suficiente cariño como para intentar darles una "celebración" propia de nuestra raza, lo que por lo menos se traduce en escuchar canciones típicas de nuestra especie, bonitas y etéreas si quien las canta tiene una voz tan tenue como la de mi hermana. Ellos son los únicos que me quedan en este lugar, pues el resto de seres queridos que he tenido a lo largo de este corto pero eterno tiempo han ido desapareciendo, comenzando por los dos parásitos que tuve como padres, cuyo falso vínculo fue, por desgracia, lo suficientemente válido para dar vida a dos pobres desgraciados como nosotros.
En realidad, este aniversario se siente completamente diferente a los otros doscientos cuarenta y seis que he vivido hasta ahora: hace poco pude sentir por primera vez algo diferente y lo suficientemente verdadero como para poder olvidar esta amarga monotonía, y eso vino de la mano de una suruki de las profundidades. Nuestra especie está dividida en dos grupos, aquellos de la superficie cuyos nombres van precedidos por un "fae", y los de las profundidades, cuyos nombres van precedidos por un "geo", significando literalmente superficie y profundidad respectivamente en nuestra lengua. Aquella geo a la que tan solo había podido presenciar de lejos hasta ahora no es igual al resto que hay en el lago, estoy convencido. No sé exactamente por qué me siento atraído por ella. Nuestros "encuentros" han sido breves, casi fugaces. Hay algo en la melancolía silenciosa que ella emana, en la tristeza profunda que parece envolverla, que resuena conmigo extrañamente. Como si dos notas similares, aunque no idénticas, vibraran en la misma frecuencia.
Hay algo que caracteriza a nuestra especie más que a cualquier otra ahí fuera, y eso es la forma en la que nos reproducimos. Las aves o los insectos ponen huevos, y tengo entendido que tras los sauces hay criaturas que gestan dentro de su propio cuerpo a sus hijos... Pero nosotros somos especiales. Requerimos un vínculo de amor, algo que no podemos controlar para poder así formar una luz bajo el apogeo del vínculo que se convertirá en nuestro sucesor. Es eso lo que me extraña de mi nacimiento, que mis padres nunca tuvieron un vínculo el uno con el otro. Nunca confiaron el uno en el otro, y jamás presencié una sola palabra de afecto entre ellos. Eso no importa en realidad, por lo menos no ahora.
Esta es la primera vez que siento algo tan extraño por alguien a quien además ni siquiera conozco. Y para colmo, es una geo. Desde que tengo uso de razón, los míos han estado divididos por algo tan estúpido como los de la superficie o las profundidades. Como si es fuera a cambiar lo que somos en realidad, cuando lo único que altera es la tolerancia al frío que tenemos. Los de la superficie aguantamos más la falta de calor que provocan la oscuridad y la tenue luz de la luna, incluso siendo capaces de aguantar a las temperaturas exageradamente bajas que hay fuera del lago por unos instantes, cosa que aquellos adaptados al calor de las profundidades no pueden ni siquiera concebir. Es por eso que es tan raro ver a una de ellas en la superficie. Aunque sigo sin entender a qué se debe el enfrentamiento, ¿no se dan cuenta de que el odio solo atrae al odio? Por esa razón los de abajo están tan descontrolados últimamente, y eso solo ha provocado que el lago entero se haya vuelto hostil. Incluso Lyann, mi mejor amigo y prácticamente hermano, está cada día más inclinado hacia el sector que no quiere saber nada de los geo. Me pregunto qué me diría si supiera que estoy viendo a lo lejos a una de ellas.
Hablando de eso, ahora mismo puedo verla. Acaba de ascender a la superficie, pero su cuerpo ya tiembla de frío como una vibración imposible de ignorar. Tiene la piel más pálida que he visto en mi vida, más de lo que ya es nuestra especie a simple vista. Y sus ojos, oh sus ojos, el simple resplandor de la luna en ellos parece calmar el agua que la rodea por completo, dejando solo unas ondas perfectamente ordenadas y sincronizadas que para nada se asemejan al chapoteo ruidoso que podría imaginar de cualquier otro suruki de las profundidades. Su pelo húmedo apenas permite ver sus puntiagudas orejas, pero puedo distinguir el pico que las cierra con una simetría casi perfecta... Es la mujer más hermosa que veré en mi vida, y a pesar de todo no me atrevo a acercarme a ella. De todos modos, me basta con verla a la distancia e imaginarme una vida en la que no debamos estar encerrados en este lugar. Aunque incluso eso se me es arrebatado, porque a los pocos segundos de haber salido a la superficie, la geo vuelve a descender para refugiarse del frío para el que su frágil y esbelto cuerpo no está preparado.
Tal vez algún día sea capaz de ello si entreno mi cuerpo lo suficiente, siempre y cuando Aliss me lo permita, claro está. Aunque no pienso dejarla sola después de todo lo que hemos tenido que pasar juntos, me niego totalmente a ello. Después de todo, Aliss es lo único que me queda en este mundo de mierda.
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Hemolacria
FantasyEn el corazón del lago de los Anhelos, donde la oscuridad apenas permite ver el exterior, un joven suruki de la superficie llamado Kaar Fae-Noel acaba de cumplir otro ciclo lunar más desde que llegó al frío y oscuro mundo que su raza habita, aunque...
