El regreso de Wednesday

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El verano había terminado.

Para la mayoría de las personas, aquello significaba el regreso de las rutinas, el fin de los días interminables y la desagradable obligación de volver a enfrentarse a responsabilidades que habían conseguido olvidar durante unos meses.

Para Wednesday Addams significaba algo mucho más sencillo.

Nevermore.

El lugar donde los problemas tenían nombres, apellidos y, con frecuencia, la cortesía de intentar asesinarte antes de la cena.

Había echado de menos la academia.

No sus alumnos.

No los profesores.

Mucho menos sus interminables discursos sobre convivencia y tolerancia.

Había echado de menos la sensación de estar rodeada de criaturas que, al menos, comprendían que una persona podía disfrutar de una tarde tranquila sin necesidad de sonreír.

Para Enid Sinclair, sin embargo, regresar a Nevermore significaba algo ligeramente diferente.

Porque desde hacía más de un año, la casa Addams también se había convertido en su hogar.

Todo había comenzado después de los acontecimientos de su segundo año.

Enid había intentado regresar con su familia.

Había durado poco.

Su transformación no había cambiado la opinión de sus padres.

Para ellos seguía siendo demasiado diferente.

Demasiado impredecible.

Demasiado intensa.

Demasiado... Enid.

La discusión había terminado con varias maletas abandonadas junto a la puerta y Enid intentando fingir que no le importaba.

Morticia había contemplado la escena durante unos segundos.

Después había ofrecido una habitación.

Sin preguntas.

Sin condiciones.

Sin aquella mirada de lástima que Enid había aprendido a detestar.

Simplemente una habitación.

Un lugar donde quedarse.

Y así, casi por accidente, una licántropa de colores imposibles había terminado viviendo en una mansión habitada por una familia que tenía una relación particularmente estrecha con la muerte.

Contra todo pronóstico, había funcionado.

Pugsley la adoraba.

Gómez la había adoptado como si hubiese pertenecido a la familia desde su nacimiento.

Morticia la trataba como a una hija más.

Y Wednesday...

Wednesday jamás habría utilizado la palabra hermana.

Era una palabra demasiado sentimental.

Demasiado cálida.

Demasiado parecida a algo que podría aparecer bordado sobre una almohada.

Pero tampoco había vuelto a dormir igual cuando Enid no estaba.

Aquello era un hecho.

Los hechos no necesitaban sentimientos.

Durante aquel verano, además, ambas habían descubierto algo mucho más interesante.

Enid era una alfa.

Adfectus - Wednesday Addams Stories to obsess over. Discover now