Las luces del estudio de Trafalgar Law continuaban encendidas a las tres de la madrugada. A su alrededor, la habitación era un verdadero caos de folios esparcidos, lápices desgastados hasta el grafito y frascos de tinta china. Law, un ilustrador freelance solitario de veintiséis años, suspiró mientras se acomodaba las gafas sobre el puente de la nariz, frotándose los ojos cansados.
Law dibujaba de todo para ganarse la vida: portadas para novelas, bocetos conceptuales de arquitectura, ilustraciones botánicas e incluso cómics por encargo. Se le daba bien. Su trazo era limpio, pulcro, técnico y medido.
Sin embargo, en su cuaderno de tapas negras, el único que no enseñaba a ningún cliente, las reglas no existían.
En ese cuaderno solo habitaba una persona: un chico de risa ruidosa, cicatriz bajo el ojo izquierdo y un peculiar sombrero de paja. Un pirata que surcaba mares imposibles, enfrentaba marinos con poderes extraordinarios y comía carne como si no hubiera un mañana.
Law jamás había creído en cosas místicas ni en vidas pasadas. Era un tipo pragmático y de ciudad, cuya máxima aventura diaria consistía en sobrevivir al tráfico para comprar café amargo. Pero desde hacía un año, casi todas las noches soñaba con él.
En sus sueños, el chico se llamaba Luffy. No era una figura borrosa ni un concepto abstracto: era jodidamente real. Law podía sentir el olor a salitre, escuchar el crujido de la madera bajo sus pies y oír la voz de Luffy gritándole a lo lejos: «¡Oye, Torao! ¡Avanza con nosotros!». En esos sueños, el propio Law llevaba tatuajes extraños en los dedos, un gorro de peluche y empuñaba una espada gigante. Pero cuando despertaba, solo era Law el dibujante, en su pequeño apartamento de la metrópoli, con el pecho apretado por una nostalgia incomprensible hacia alguien que ni siquiera existía.
-Otra vez tú... -murmuró Law, deslizando el lápiz mecánico con delicadeza sobre la lámina.
Capturó la curvatura de su sonrisa. Luffy en el papel se veía tan vivo, libre e indomable que a Law se le aceleraba el corazón. No era solo fascinación artística; estaba completamente cautivado por un fantasma de su subconsciente. Se sentía patético y, al mismo tiempo, profundamente unido a ese pirata ficticio.
-De nuevo despierto a las cuatro de la mañana dibujando al chico del sombrero... -suspiró una voz desde la puerta del estudio.
Law ni siquiera se molestó en levantar la mirada. Bepo apoyaba los brazos en el marco de la puerta con la cara llena de preocupación, mientras Shachi y Penguin entraban sin pedir permiso, dejando bolsas de comida rápida sobre la mesa de trabajo saturada de bocetos.
-Law, hermano, esto ya no es normal -dijo Shachi, cruzándose de brazos y observando las docenas de láminas pegadas en la pared-. Llevas meses encerrado. Apenas comes, duermes tres horas al día y te la pasas retratando a un personaje que ni existe. Te estás aislando del mundo. Necesitas salir, despejarte, conocer gente de carne y hueso.
-No necesito a nadie -gruñó Law, intentando cerrar el cuaderno negro.
-Hoy vas a salir -sentenció Bepo en un murmullo decidido-. Te conseguimos una cita. Tienes que salir de esta cueva, Law. Hazlo por nosotros.
Agotado y sin energías para discutir, Law terminó cediendo.
La tarde del sábado se convirtió en un calvario de intentos fallidos. Law acudió a un concurrido café en el centro de la ciudad. La primera chica con la que intentó conversar solo hablaba de sus seguidores en redes sociales; la segunda pasó cuarenta minutos criticando el menú. Law sentía que su mente se desconectaba a cada segundo.
Estaba a punto de marcharse cuando una voz femenina rompió su monólogo interno.
-¿El asiento está ocupado?
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En Otra Vida - Lawlu
FanfictionTrafalgar D. Water Law, un dibujante solitario obsesionado con el chico que solo ve en sus sueños. Un joven real que irrumpe en su vida con la misma sonrisa de sus bocetos. ¿Y si tus dibujos no fueran imaginación, sino recuerdos de otra vida? Lawlu...
