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Era un día cualquiera en la prisión de Sillwater; llevaba ahí metida 6 años por ser acusada de asesinato, cuando claramente no lo había hecho, pero no tenían pruebas y fui la única que estaba en la escena del crimen esa noche, así que aquí estoy encerrada en una celda con una sola cama y un retrete para tus necesidades, pero ese día todo cambió. Hoy metían a una nueva reclusa; era alta para ti, tenía el pelo rojizo, tatuajes por toda su espalda y era musculosa. Te quedaste viéndola mientras se acercaba a la zona de mujeres, pero luego viste que venían directos hacia tu celda y la meten contigo.

—¡Eh! Pero ¿qué hacen? Esta celda es solo de una persona, no cabemos dos —dijiste hablando con los guardias.

—Joder, qué buena compañera me ha tocado —dijo la rojiza.

—A ti nadie te ha pedido tu opinión —le dice el guardia, entonces te mira y dice—: Es lo que hay, muñeca, demasiados criminales.

Tú te asomas a los barrotes y le escupes al guardia en la cara.

—¿Quién coño te crees para llamarme muñera, gilipollas? —dices tú con asco.

El guardia te mira de arriba abajo y se lame el labio.

—No me mires, puto asqueroso —le dices con rabia.

—Es inevitable, muñera, con esas curvas que tienes, cualquiera quisiera tocarte —dice, mirándote descaradamente el cuerpo.

—Ven y hazlo entonces —le dices provocando.

El guardia te mira sorprendido y se acerca; cuando está a punto de tocarte, le coges del brazo y se lo tuerces.

—Gilipollas, me dais puto asco —dices al oído del guardia; cuando le sueltas, le metes un puñetazo que se cae al suelo.

—A ver si con esto aprendes a no llamarme muñeca, idiota —le espetás con rabia y te giras para empezar a pegarle a la pared como entrenamiento.

La rojiza, que se había quedado embobada mirando todo, al verte moverte vuelve a reaccionar, se pone apoyada en la pared de lado mirándote, te da un repaso y después mira tu cara.

—Me llamo Violet, pero para ti soy Vi, encantada, Cupcake —dice ella como si se conocieran de toda la vida.

Tú te giras y la miras, le das un repaso como si no lo hubieras hecho mientras la traían hacia aquí y, al acabar, le miras los ojos.

—TN, tengo nombre, no me llames Cupcake —dices girándote para coger una toalla y secarte el sudor de la frente.

—Cupcake te queda mejor. —Tú la miras con mala cara y ella te guiña un ojo.

—¿No podrías haber escogido cualquier cosa menos cursi? —dices poniendo los ojos en blanco.

—Esa es la gracia, Cupcake, eres todo lo contrario a un cupcake. —La miras un momento viéndola sonreírte, te giras y te sientas en la cama.

—Duermes en el suelo, en la cama no cabemos las dos —dices para después recostarte en esta y darle la espalda.

Vi se te queda mirando la espalda y se percata de que tienes el inicio de una cicatriz en la cadera.

—¿Vas a dejar de mirarme como si quisieras tocarme? —dijiste tú, girándote y mirando a Vi a la cara.

—¿Lo dices porque quieres que lo haga Cupcake? —dice Vi coqueta, dándote otro repaso.

—O sea que te gustan las mujeres? —dices tú con una media sonrisa.

—En efecto, los hombres no valen la pena, las mujeres son mucho mejores en todo. —Vuelve a guiñarte un ojo.

—Pues deja de ligar conmigo por el momento y déjame dormir, Vi —dices con énfasis su nombre.

Vi se ríe y tú te vuelves a girar para dormir, pero notas que ella no deja de mirarte. Te pasas todo el tiempo pensando en por qué te mira tanto; nunca habías sentido este cosquilleo en la panza cuando alguien te miraba, pero no sabes por qué con Vi es diferente. Decides no darle más vueltas y tus párpados empiezan a sentirse cansados. Lo siguiente que recuerdas es que esten azotando los barrotes para despertarte. Te levantas y te pones cerca de la puerta; cuando la abren para que todos vayamos a desayunar, ves que Vi sigue en el suelo.

—¡Eh!, ligona, despiértate —le dices acercándote y dándole palmaditas en la cara.

—Mmmmh, ¿en serio ya toca despertarse? —dice Vi con la voz ronca.

—Sí, vamos, que toca desayuno; si no lo comes a esta hora, no te dejan comer hasta la comida —dices tú para meterle prisa.

Ella, al escuchar eso, se levanta de golpe y sale por la puerta; tú pones los ojos en blanco y sales tras ella.

Al coger la comida, te sientas en una mesa vacía y Vi se sienta enfrente de ti. Normalmente te sientas sola, no por no tener grupo ni nada, sino porque te gusta más estar sola todo el tiempo, a lo que cuando Vi se sienta delante de ti, la miras.

—¿Qué? ¿Por qué me miras así, Cupcake? —dice Vi coqueta—. Ya sé que luzco muy bien, pero tampoco hace falta mirarme así.

—Que te lo tienes creído; a lo que iba, ¿no te puedes sentar en otro sitio? Ya es demasiado tenerte en la celda como para que también estés conmigo en las comidas —dices sin importarte lo más mínimo cómo se pueda sentir Vi. Justo en ese momento alguien te sujeta la cintura y tú te levantas girándote hacia la persona.

—¿Qué puto haces? —Le dices a un prisionero grande con tatuajes y calvo.

—Hey, nena, tranquila, ¿cuándo quieres por hora? —dice el prisionero acercándose.

Tú ni siquiera le respondes, te acercas y le pegas un puñetazo en toda la mandíbula; cuando el prisionero cae al suelo, coges la zafata de tu comida y le partes la mandíbula.

—Capullo —dijiste para irte hacia tu celda, ya que ya se había terminado el tiempo de desayuno.

Al llegar a tu celda, viste a Vi entrar detrás y a un guardia cerrando la puerta; fuiste a buscar tus vendas y empezaste a ponértelas en las manos y brazos, hasta que Vi vino junto a ti y te las quitó de las manos.

—¿Qué haces? —le dijiste mirándola a los ojos. En ese momento te diste cuenta del azul celeste de esos tan bonitos y se te suavizó la mirada un segundo hasta que Vi habló.

—Déjame ayudarte con eso —dijo tan tranquila y se sentó a tu lado.

—No necesito tu ayuda, lo hago yo siempre sola —dijiste cuando ella ya te estaba cogiendo las manos y empezando a vendar una.

—Pues bien que no te apartas ni nada, Cupcake —dice ella guiñándote un ojo.

—Eres insoportable —dijiste tú poniendo los ojos en blanco.

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⏰ Huling na-update: Oct 12 ⏰

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