Pensamientos desde la cama

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Todo empezó con un viejo recuerdo de la infancia:
-¡¿Otra vez llegás tarde?!
-Lo siento, abue, es que se volvieron a meter conmigo -dije con desgano.
-Ya verán que con mi nieta no se jode. La próxima le tenderemos una trampa, ¿qué te parece, Momo? -exclamó la abuela, guiñando un ojo.
-Dejá, abue, ya se cansarán y buscarán a otro que les sirva como saco de boxeo -respondí con una leve sonrisa irónica.

Lo que ella no sabía era que el motivo por el cual me molestaban era por hacer las cosas que ella misma me había enseñado. Ellos decían que era una rarita por tratar de protegerme de los malos espíritus; espíritus que, por cierto, nunca vi. ¿Será que sí funcionaba ese ritual? El ritual funcionaba así: levanto el dedo índice de mi mano derecha y mantengo los otros dedos cerrados en forma de puño; después apoyo esa mano en la cabeza, creando una barrera protectora.

No me molestaba que me jodieran porque, en el fondo, yo sabía muy bien que era diferente a ellos, pero sí me dolió hasta el alma cuando un vecinito con quien siempre nos cruzábamos yendo a nuestras respectivas escuelas empezó a burlarse de mí. No sé muy bien cómo explicarlo, pero a pesar de estar acostumbrada a las burlas, las de él sí lograban romper mi escudo mental. Él se llamaba Jiji; no supe nada más de él después de que se había mudado junto a sus padres a las zonas montañosas.

Pasaron los años y siempre ocurría lo mismo: conocía a un chico, nos «enamorábamos», después se cansaba de mí y se alejaba. ¿Quizás fuera yo el problema? ¿Sería porque solo me centraba en sus físicos y no en sus cerebros? Es que no podía resistirme si tenían rasgos de mi amado Ken Takakura. Debería calmarme y no permitir más que mis impulsos siguieran ganando.

Creo que todo empezó a cambiar tras la llegada algo misteriosa de un chico que se llama igual que mi amado actor, Ken Takakura. Bueno, quizás no había llegado recién, porque siempre estuvo ahí; no lo sé con certeza, capaz lo ignoraba porque pasa desapercibido muy fácilmente. Era un chico tímido con lentes, que además siempre se andaba escondiendo del resto. La verdad, no sabía por qué hacía eso, pero me caía muy bien; esperaba llevarme genial con él y trataría de no cagarla esta vez.

Con la llegada de este chico también aparecieron unos entes que quisieron secuestrarme (vayan a saber para qué), pero junto a Okarun -sí, así lo llamo a Ken Takakura; creo que lo hago para no ponerme nerviosa-, pudimos acabar con ellos. Además apareció una viejita muy rápida, pero también la derrotamos y la convertimos en nuestra pequeña mascota. Es una pena que pasara gran parte de su vida sola en ese túnel; creo que tendrá sus motivos para ello.

En fin, traje a Okarun a la casa de mi abue para que conviva con nosotros y a ella no parece importarle, aunque al principio notó algo raro en él, pero no parecía nada grave. Espero tener muchas más aventuras junto a Okarun, ya que me siento muy protegida a su lado.

Monólogo de Momo Ayase Stories to obsess over. Discover now