Capítulo 1: Miel y café

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"El ser humano, enamorado, se hace vulnerable..."

Noviembre del 2000, Tokio, Japón

Una intensa lluvia de copos de nieve pintaba de blanco la hermosa ciudad de Tokio.

El sol comenzaba a perderse en el horizonte, dando paso a los faroles que iluminaban el corazón de la ciudad.

Bajo el anochecer, en medio de la soledad de un callejón, un joven caminaba a paso apresurado por la acera. Las suelas de sus zapatos, perfectamente pulidas, producían un sonido rítmico, acompañado de su respiración errática debido al ritmo de su andar.

La fría ventisca hacía danzar sus cabellos azabaches, casi azulados, y su cálida respiración, atrapada bajo su bufanda, empañaba constantemente sus anteojos.

Estaba huyendo de la nevada. Si se permitía hablar con sinceridad, admitiría su descontento con el invierno, sin embargo, ese día en particular había decidido abandonar la comodidad y calidez de su hogar y cambiar el sentido de su rutina y merodear las calles de la ciudad en busca de su destino.

Con las manos resguardadas en los bolsillos de su larga y fina gabardina, y el rostro refugiado tras su bufanda, continuó su camino hasta llegar a su destino: La biblioteca más importante de la ciudad.

Con la misma emoción que sentía de niño al recibir un libro nuevo, alzó la mirada y se encontró con el gran letrero del sitio.

Sonrió, casi sin darse cuenta, y se adentró al recinto, siendo recibido por el acogedor aroma de libros antiguos, viejos escritos, algo de polvo y el inconfundible olor a café.

Inhaló profundamente, sintiendo como el frío comenzaba a disiparse.

Observó hacia la recepción, pero parecía no haber nadie, así que se encogió de hombros y decidió merodear por su cuenta.

Caminaba entre los pasillos, observando detenidamente cada estante. Tomaba libros entre sus manos, inspeccionando las portadas, leyendo los resúmenes y hojeándolos antes de devolverlos a su sitio.

No buscaba algo en particular, o bueno, al menos estaba seguro de que no encontraría lo que estaba buscando, así que algo resignado simplemente decidió que, si algún ejemplar capturaba su atención, no dudaría en llevárselo.

Se sentía emocionado. Era lo único que le hacía latir el corazón de forma positiva últimamente, y le recordaba que mudarse a Tokio no había sido tan malo después de todo.

"Entre el mar y la luna"

Leyó el título del libro que ahora reposaba en sus manos.

Se detuvo unos segundos para leer la reseña en la contraportada, frunciendo un poco el ceño cada vez que su vista paseaba en cada línea escrita.

El contenido era...interesante, cuanto menos...

-Dudo que alguien se haya tomado el tiempo de leer algo como esto. Seguro lo prohibirían sin pensarlo- Murmuró para sí mismo en un tono burlón, soltando una pequeña risa nasal ante la ironía. No iba a negar que aquello había sido una sorpresa, era lo más cercano a lo que tenía en mente.

Decidió quedárselo y continuó su recorrido por los enormes pasillos. Apenas había avanzado unos metros y ya tenía más de tres libros interesantes en su poder.

Estaba tan concentrado leyendo cada uno de los títulos, cuando un estruendoso ruido proveniente del otro lado del pasillo lo sobresaltó.

Curioso y algo desconcertado, rodeó el gran estante, abriendo los ojos con sorpresa al ver a otro joven levantándose del suelo mientras sacudía sus ropas.

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⏰ Last updated: Sep 12 ⏰

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