Lo que no sabia decir

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Era extraño volver a escribir.

Cairo casi siempre lo hacía cuando algo no estaba bien. Cuando tenía demasiadas cosas en la cabeza y ninguna persona a la que pudiera explicárselas sin sentirse incomprendida.

Entonces escribía.

Dejaba que las palabras ocuparan el lugar de todo aquello que no sabía decir en voz alta. A veces escribía páginas enteras. Otras veces apenas unas líneas que ni siquiera tenían sentido al volver a leerlas.

Pero aquella noche era diferente.

Porque, de alguna manera, siempre terminaba pensando en la misma persona.

Javier.

Solo escribir su nombre en su mente ya conseguía que se quedara unos segundos en silencio.

Era curioso.

Pensar en él conseguía tranquilizarla, incluso cuando él no estaba haciendo absolutamente nada para lograrlo. Bastaba con recordar alguna conversación, alguna broma, algún consejo o alguna de esas pequeñas cosas que probablemente para él no significaban demasiado.

Pero para Cairo sí.

Significaban demasiado.

Y quizá ese era precisamente el problema.

Había una confianza entre ellos que se había construido con el tiempo. No había aparecido de un día para otro. Había nacido de conversaciones, momentos pequeños, bromas y palabras que, en su momento, parecían insignificantes.

Hasta que Cairo empezó a recordarlas todas.

Había una en particular que jamás había podido olvidar.

"Yo creeré todo lo que la brigadier me diga."

Todavía podía escuchar la seguridad con la que Javier lo había dicho.

Había sonado tan confiado, tan preciso, que Cairo se había quedado sorprendida.

¿De verdad confiaba en ella así?

Quizá para cualquier otra persona habría sido una frase cualquiera.

Para Cairo no.

Ella había guardado aquellas palabras en un lugar especial de su memoria.

Tal vez porque no estaba acostumbrada a recibir confianza tan fácilmente.

Tal vez porque viniendo de él había significado mucho más de lo que quería admitir.

O quizá porque, sin darse cuenta, ya había empezado a darle demasiada importancia a todo lo que Javier decía.

—Estás pensando demasiado otra vez.

Cairo levantó la mirada.

Mayura estaba frente a ella, observándola con esa expresión que parecía decir que ya sabía perfectamente lo que estaba pasando.

—No estoy pensando en nada.

—Claro.

La respuesta fue tan rápida que Cairo supo inmediatamente que no le había creído.

—De verdad.

Mayura soltó una pequeña risa.

—Cairo, te conozco.

Aquellas palabras hicieron que bajara nuevamente la mirada.

Ese era precisamente el problema con Mayura.

La conocía demasiado.

Era probablemente la persona que más fácilmente podía notar cuándo Cairo estaba escondiendo algo. Y, aunque todavía no le había contado todo, había momentos en los que sentía que su mejor amiga estaba a punto de descubrirlo.

Lo que comenzo sin querer...Stories to obsess over. Discover now