La vida perfecta.
Nunca había entendido por qué algunas personas hablaban de la felicidad como si fuera algo difícil de encontrar. Para mí, la felicidad siempre había estado ahí.
En mi casa. En mi familia. En mis amigas. En las tardes de viernes sentada en las gradas del campo de fútbol mientras mi novio jugaba. En los sábados por la noche cuando todas nos arreglábamos durante horas para terminar en alguna fiesta. En las fotografías que llenaban mi teléfono y que, cuando las miraba meses después, parecían demostrar que mi vida era exactamente como debía ser.
Perfecta.
Esa palabra aparecía constantemente cuando alguien hablaba de mí. "La chica perfecta." "La familia perfecta." "La pareja perfecta." "La vida perfecta."
Y durante mucho tiempo me había gustado...
Hasta que dejó de hacerlo.
Aquella mañana estaba sentada frente al espejo, cepillándome el cabello mientras observaba mi reflejo con una atención que no sabía explicar.
Mi habitación estaba exactamente como siempre. Las fotografías pegadas alrededor del espejo, las luces blancas sobre la cabecera, las medallas de mis competencias guardadas en una pequeña vitrina y una cantidad absurda de ropa que probablemente nunca tendría tiempo de utilizar.
Todo estaba en su lugar.
Yo también.
Al menos eso parecía.
Tomé el teléfono de la mesa de noche, tenia un montón de mensajes mis amigas.
Mia: ¿Ya estás despierta?
Sophie: Dime que no vas a llegar tarde el primer día.
Mia: Y dime que llevas el uniforme porque hoy no pienso hacer una pirámide sin ti.
Sonreí.
Ese era mi mundo.
Pequeño, seguro y conocido.
Respondí rápidamente antes de levantarme.
Cuando abrí la puerta de mi habitación, escuché voces en el pasillo.
—Te dije que no tocaras mis cosas.
—No toqué nada.
—Entonces explícame por qué mi cargador está en tu cuarto.
—Porque probablemente tú lo dejaste ahí.
Me quede apoyada en el marco de la puerta, los gemelos Ayden y Clayden, eran mayores que yo por dos años y, desde que tenía memoria, habían desarrollado una especie de sistema de vigilancia alrededor de mi existencia. No podía salir sin que preguntaran dónde, no podía llegar tarde sin recibir un mensaje y si algún chico me miraba durante más de tres segundos, ambos parecían considerar seriamente la posibilidad de interrogarlo.
—Buenos días —dije.
Los dos voltearon.
—Buenos días —respondieron casi al mismo tiempo, algo normal si me preguntan a mi.
—¿Lista para tu último primer día? — preguntó Ayden.
<<Último primer día.>>
—Sí —respondí.
Pero no estaba segura.
Bajamos juntos y nos encontramos a mi mamá que estaba en la cocina preparando el desayuno, mientras que mi papá revisaba unas cosas en su computadora.
—Ahí está mi niña.— dijo mi padre sonriente.
Mi mamá dejó lo que estaba haciendo y me abrazó.
—¿Dormiste bien?
—Sí.
Durante el desayuno, mis padres hablaron de la universidad. Mis hermanos discutieron sobre quién conduciría después de clases. Mi mamá me recordó que tenía entrenamiento y mi papá preguntó por el partido de la próxima semana. Yo respondía, sonreía, asentía. Era buena haciendo eso.
Ser la versión de mí que todos esperaban.
Cuando salí de casa, mi novio estaba esperando junto a su camioneta. Sonreí de inmediato y corrí hacia el. Ethan era guapo, popular y el capitán del equipo de fútbol americano. Pero ninguna de esas cosas era lo que más me gustaba de él... lo que me gustaba era que me conocía, sabía cuándo estaba nerviosa, sabía qué bebida pedía siempre, sabía que odiaba que me despertaran temprano, en fin, sabía todo de mi.
Me besó en la frente.
—¿Lista para nuestro ultimo primer día?
—Creo que sí.— contesté.
Subí a su camioneta y, mientras conducíamos hacia la escuela, miré por la ventana. Las calles eran las mismas, las casas, las tiendas, los árboles... todo estaba exactamente donde debía estar, sin embargo, algo dentro de mí quería que algo cambiara.
No sabía qué.
Solo quería que mi último año fuera inolvidable.
No sabía todavía que, antes de terminarlo, iba a convertirme en alguien que apenas reconocería y tampoco sabía que la persona que provocaría ese cambio todavía no había entrado por las puertas de mi escuela.
KAMU SEDANG MEMBACA
Antes de Conocerte
RomansaValentina siempre creyó tener su vida bajo control. Hasta que empezó a sentir que algo dentro de ella estaba cambiando. Una sensación de vacío que no sabía explicar. Una necesidad de escapar de la versión perfecta de sí misma y descubrir quién era c...
