Prefacio

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Oscuridad... Una persona puede estar llena de luz, pero, siempre hay un lado oscuro. Incluso hasta cuando cierras los ojos. En mi mundo ellos son los afortunados. Los que tienen su luz y la oscuridad es mínima y... Yo no estoy incluida en esa clase de vida. Yo soy de la clase de persona que cuando cierro mis ojos, mis párpados proyectan imágenes tan vívidas que me dan escalofríos.
Tan reales e imposibles a la vez, que te marean al extremo. Esa clase de imágenes que te ponen el vello de punta y hasta a veces te impiden dormir. Porque nadie sano, mentalmente hablando, puede soportar tanta oscuridad. Y eso es lo primero que se aprende.
¿Cómo lo tolero? No lo sé, creo que debe ser por inercia o quizás sea la misma resignación. Todavía queda algo en mí como para sentir. Perdí más de lo que gané, sufrí más de lo que fui feliz y negué más de lo que admití. Sea cual sea el caso, mi corazón sigue latiendo, eso significa que me queda un trago más por vivir. Cuanta amargura tiene ese trago. Muertes, enfermedades, guerras, dolor, suciedad, avaricia.
Y lo más estúpido pero lo más adquirido, por así decirlo, como si este trago fuera un folleto de compras. La ambición. Te carcome, te hace perderte en lo irreal. En lo imposible. Realmente la carne es débil. Pero yo no. Yo soy de mármol y nada me va a quebrar. Menos la estúpida ambición.
Esa reflexión no me llevó más de un minuto, mientras aclaraba mi mordaz mente y sacudía la cabeza de un lado para el otro para deshacerme de las crueles imágenes que dejó mi sueño.
A veces desearía no soñar. Quizás descansaría de verdad. Necesito paz mental. Pero nadie puede saberlo. Mi madre cree que crió a la luz de la casa. Dejémosla que siga soñando. Al menos un poco más

The Madness Takes The Ballerina Stories to obsess over. Discover now