Capitulo 1 Just For Kicks

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El bajo retumbaba a través de las paredes descascaradas del Rusty Nail, el único bar de poca muerte en las afueras de Wichita que aceptó dejar tocar a Just for Kicks. El escenario no era más que unas tablas viejas bajo luces fluorescentes, y el público consistía en camioneros cansados, estudiantes universitarios aburridos y uno que otro chico de secundaria que se había colado con una identificación falsa. En medio de ese enredo de ruido, Sheena se sentía viva. Con la guitarra colgada al cuello y los dedos ardiéndole sobre las cuerdas, gritó el último verso de una canción que había escrito la noche anterior en su cuarto, cuando el recuerdo de su padre ausente le volvió a quemar la garganta.

—¡I Dont Need To Be Saved,I just Need The Noise! —rugió hacia el micrófono, rasgueando un acorde que sonó más furioso de lo que había planeado.

El público respondió con aplausos y vítores dispersos, lo suficiente para que Sheena inflara el pecho y sonriera con esa mueca rebelde que su madre siempre decía que era idéntica a la de los cantantes en las portadas de los discos de vinilo de su colección. Cuando terminaron, bajó del escenario con la chaqueta de cuero pegada al cuerpo por el sudor. Encendió un cigarrillo, aunque sabía que su madre se quejaría más tarde, y se dejó caer en una de las sillas de plástico del improvisado camerino.

—Otra noche de gloria punk en Kansas —murmuró con sarcasmo, echando el humo hacia el techo.

Lux, su bajista, dejó escapar una carcajada.

—Algún día, Sheena, una discográfica nos va a escuchar y vamos a salir de este hoyo.

Sheena no respondió. Soñar en voz alta dolía.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Caleb afinaba su guitarra acústica sentado en el porche de la casa de campo de su familia. La madera olía a lluvia vieja y los campos se extendían infinitos bajo el cielo nocturno. Tocó un acorde suave, probando las cuerdas, y dejó fluir una melodía que le daba vueltas en la cabeza desde la mañana: lenta, melancólica, como un secreto confesado en un susurro. La letra hablaba de un hermano que ya no estaba, de la tierra que parecía más vacía desde entonces y del peso de una culpa que ni la voz más dulce podía aliviar. Su padre siempre había considerado que su amor por la guitarra era una pérdida de tiempo, pero la música lo ponía verdaderamente furioso desde la muerte del pequeño Allie; sin embargo, Caleb se negaba a renunciar a ella, convencido de que, de alguna manera, esas canciones lo mantenían en pie. Por suerte, su padre se había quedado dormido borracho en el sofá hacía unas dos horas, probablemente resignándose a dormir allí para evitar otra pelea con su madre por su cada vez más grave adicción al alcohol.

El destino los cruzó días después en el Concurso de Música Local del Estado de Kansas, un evento improvisado en la feria del condado. El escenario estaba decorado con luces baratas y un cartel pintado a mano que decía: Una canción puede cambiar tu vida. Sheena se burló del lema tan pronto como lo leyó, pero aun así apretó los labios con determinación.

Just for Kicks estuvo entre las primeras bandas en subir. Ruidosos, rápidos, llenos de furia juvenil. La gente no entendía muy bien lo que gritaban, pero la energía era contagiosa. Sheena terminó el repertorio saltando desde un amplificador, dejando su guitarra retumbando en un acorde disonante que arrancó aplausos. Bajó del escenario con el corazón a mil por hora y una sonrisa desafiante.

Entonces lo vio. Un chico alto de cabello rubio desordenado, subiendo al escenario con una resplandeciente guitarra acústica y las mangas arremangadas. Saludó al público con una inclinación educada, como si estuviera en la iglesia y no en el concurso de una feria. Y cuando empezó a tocar, la multitud guardó silencio.

"Where The Cornfields End" )Yo escribi la letra de esta cancion favor de no utilizar sin autorizacion ya tiene copyright)

Verse 1

My little brother swore one day
He'd hit a ball clean to L.A.
Said he'd play beneath the lights
And write movie scripts at night

Every home run he'd ever hit
He'd stop and stare a while at it
Like he wasn't watching seams and leather
But chasing dreams through perfect weather

Chorus

Oh, where the cornfields end
And the big blue sky begins
That's where your mind would always go
Further than the winds could blow

I still hear your laugh sometimes
Floating through these fields of mine
And every Kansas sunset bends
Toward the place where the cornfields end

Verse 2

You wrote poems in your baseball glove
About aliens, ghosts and love
Coach would yell and you'd pretend
You weren't writing once again

Down by the creek we'd skip the stones
Talk about the lives we'd own
You'd tell stories by the firelight glow
Scaring me more than I'd ever show

Chorus

Oh, where the cornfields end
And the big blue sky begins
That's where your mind would always go
Further than the winds could blow

Bridge

Now I ride alone beneath red skies
Through golden fields and fireflies
And every trail we used to roam
Feels a little less like home

Final Chorus

Oh, where the cornfields end
I hope your dreams still ride the wind
Maybe somewhere far away
You're writing stories every day

And when the evening shadows fall
I still hear your distant call

Waiting where the cornfields end

La voz de Caleb era cálida, melancólica, como un susurro que se deslizaba directo al corazón. La canción hablaba de campos dorados, de un hermano perdido, de la soledad de las noches interminables. Sheena, contra todo pronóstico, se quedó inmóvil. Odiaba admitirlo, pero... le gustaba. Le gustaba demasiado.

Cuando terminó, el público estalló en aplausos. Caleb sonrió con timidez, dio las gracias y bajó del escenario con la serenidad de quien nunca buscó impresionar y, aun así, lo consiguió.

Sheena lo interceptó en el pasillo lateral.

—Nada mal, vaquero triste —dijo cruzándose de brazos, con la voz impregnada de ironía.

—Gracias... supongo —respondió Caleb, sorprendido.

—Aunque, para ser honesta, tu canción me dio ganas de ponerme a llorar en un establo.

Samuel parpadeó, confundido.

—¿Eso fue un cumplido o una crítica?

Sheena esbozó una sonrisa torcida.

—Ambas cosas.

Él la miró con calma, sin dejarse intimidar por su tono.

—Entonces supongo que voy por buen camino.

Ella levantó una ceja, intrigada. Poca gente respondía a su sarcasmo sin dar un paso atrás. El concurso apenas comenzaba y, lo que ninguno de los dos sabía, era que esta rivalidad improvisada se convertiría en algo mucho más grande.

Sheena is a Punk Rocker (Novela Original)Stories to obsess over. Discover now