Él es:
Guapo, inteligente, educado, elocuente, místico, sensible, talentoso, ácido, sutil, elegante, envolvente, encantador, próspero, amante, fiel, entregado.
Él NO es:
La mayoría de las anteriores.
Es una tremenda contradicción, lo sé, pero como toda historia, debo comenzar por el principio y, aunque el principio se ha establecido en 1000 historias anteriores, jamás se aprende. Mi madre tenía un dicho: "Nadie aprende en cabeza ajena". Y aquí estoy yo, validándolo todo.
Nunca fui demasiado "popular" con el sexo opuesto. Si bien tuve mis romances, mi gran salto fue después de los veinte, cuando decidí que, si no podía ser todo aquello, al menos debía sentirme cómoda siendo lo que ya era. Entre trabajo, renta, familia, estudios y responsabilidades varias, mi tiempo siempre era limitado y, durante mis tiempos libres, solía perderme entre sueños de una vida mejor. Aquella vida que gritaba a todo color a través de redes sociales invitándote a ser exitosa (porque ser exitosa es un estado mental y no circunstancial). Era ahí que mi mente vagaba durante mis "lunch break", imaginando que un día sería famosa por mis escritos y, en vez de estar sentada de 8 a 5, estaría en algún lugar del mundo disfrutando de algún café del brazo del guapo de turno. ¡Qué hermoso era soñar! Aunque solo fueran los 30 minutos de mi almuerzo.
De regreso a los excitantes días de mi existencia, estaba yo aquel día sentada detrás de mi escritorio haciendo lo que todo trabajador responsable y comprometido con su trabajo hace: "revisar mis mensajes en redes sociales" y uno que otro foro en el cual tan ávidamente entregaba mi opinión sobre poesía, arte y libros, como si de una experta me tratase (nada más lejos de la realidad). Pero las redes nos permiten eso.
Deslizaba mis dedos entre correos sin importancia, spam, ofertas de viajes que jamás haré, ofertas fuera de mi alcance y herencias de dudosa procedencia, cuando un correo en particular captó mi atención; hacía referencia a un foro en el cual solía compartir mi opinión. Pude haber ignorado el mensaje, pero el encabezado era particularmente atractivo: "Acuerdo estar en desacuerdo", seguido de un amplio texto con muy interesantes puntos de vista y bibliografías que me hacían pensar que el emisor de aquel mensaje era alguien presuntuoso y snob. Pude pensar que era un total cretino (quién necesita escribir semejante biblia solo para imponer SU punto de vista), pero había algo muy atractivo en sus formas. Se despedía invitándome a responder su mensaje en pro de una sana interacción que podría ayudarnos a crecer. Se despedía simplemente como "B".
—¿Quién rayos es B?
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La melodia de B
Romance«Lo que más duele es saber que algún día tendrás los hijos de otro, aunque en mi mente siempre llevarán nuestros nombres». «Debería dejarte ir ahora en vez de mantenerte en la espera en soledad, tirando de esta cuerda... pero no puedo». Detrás de lo...
