Hinako se despertó una vez más. No recordaba haberse dormido si no todo lo contrario. Había llegado a un punto en el que ya no podía distinguir entre la realidad y el sueño, mientras tres imágenes distintas se desplegaban en su mente: la primera era la de ella misma con un vestido de novia, completamente desquiciada, arremetiendo contra cualquiera que se interpusiera en su camino, incapaz de distinguir a la familia de los extraños, sabiendo solo que estaba atrapada en una boda a la que no quería asistir y que había ingerido multitud de pastillas para sobrellevar el dolor. Otra visión era la de ella escapando con su amigo de la infancia; al principio, empezó a verlo de una manera extraña: primero como el amigo de toda la vida con su uniforme escolar y aspecto juvenil, y luego con lo que parecía ser un traje formal y una pajarita algo rojiza, luciendo ridículo; sin embargo, ella seguía riendo mientras se levantaba el vestido de novia y huía con él hacia quién sabe dónde, atravesando la niebla, y después ya no recordó nada, ni la boda, ni las peleas, ni el otro mundo o el como Shu le había intoxicado lentamente. Su último recuerdo fue el peor; sintió cómo su rostro se desprendía, tendido en el suelo, y su cuerpo, sin él, comenzó a moverse por sí solo, yendo con aquel hombre de la máscara de zorro y el cabello plateado hacia un futuro incierto, mientras su identidad quedaba atrás. Lloró y gritó desconsoladamente, negándose a convertirse en su madre, hasta que una bota le aplastó la cara y entonces despertó a la realidad.
Cualquiera de estas tres visiones le resultaba sumamente perjudicial; en algunas, no se daba cuenta de que corría peligro hasta que finalmente despertaba y comprendía la magnitud del error que había cometido, mientras que otras resultaban tan espantosas -una pesadilla abrumadora- que el mero hecho de que fueran solo un sueño le proporcionaba un alivio inmediato. Las calles de Ebisugaoka ya no le transmitian ese sentimiento de comfort y comodidad que sentía cuando salia de casa. Casi que hubiera preferido quedarse encerrada en su habitación. Quizás de esa forma -quizás de esa manera- no se habría visto envuelta en todo esto; quizás ninguno de sus amigos habría tenido que morir, y ninguna de las pesadillas se habría convertido en una preocupación constante sobre cómo, qué y cuándo enfrentarlas; quizás solo así se habría librado de todo este sufrimiento. Pero volver a casa era imposible, no solo porque la niebla lo impedía, sino porque cada vez que despertaba, ya estaba en Ebisugaoka, nunca, jamás, en casa.
Pero la niebla abriría el camino a otro lugar; el monstruo de la niebla le impedía marcharse. Más allá de donde ella dictaba, y sin embargo, los campos cultivados eran un lugar generalmente despejado. Si lograba cruzar toda esa maraña de monstruos, tal vez en algún momento la niebla la dejaría ir. No sería la primera vez que intentaba algo así. La primera vez, así como la segunda, la tercera y la cuarta, la niebla siempre la devolvía al punto de partida. Y sin embargo, esta vez podría ser diferente, ¿no? No porque quisiera seguir avanzando por el pueblo, sino porque quería irse del todo, o incluso no irse, simplemente permanecer perdida en la niebla. Tal vez si dejaba de moverse, todos dejarían de moverse también. Tal vez el tiempo se detendría; tal vez podría tener un momento de paz a solas.
Hinako apretó con sus manos su tuberia metálica, oxidada y llena de sangre de monstruos. Su uniforme escolar ya parecía formar parte de su identidad, pues había muchas razones por las que debía estar desgarrado hasta el punto de ser considerado nada más que trapos sucios y desperdicios que solo cubrían su piel, pero por alguna razón aún permanecía intacto, como si el recuerdo de aquellos momentos en los que se sentía más feliz se hubieran mantenido estable. Ella no lo sabía, pero pronto empezaría a olvidar todos esos sueños y pesadillas que tenía cada vez que despertaba. No fue hasta que despertó de nuevo, pero después de experimentar una gran cantidad de acciones que le parecieron un déjà vu, que Hinaco se dio cuenta de que no había avanzado nada, como si estuviera atrapada en un bucle del que no podía salir. ¿Por qué tenía que ser ella? ¿Por qué tenía que ser ella, de entre todas las personas? ¿Por qué ella y no los demás? Los demás también tenían sus propios problemas, sus propios asuntos, y eran de una categoría inferior. Es decir, sin desmerecer lo que estaban pasando, pero claramente no entendían lo que ella estaba pasando. Tal vez esta era su penitencia, tal vez esto era lo que merecía por ser tan mala persona, por traicionar a sus amigos. O tal vez ellos la traicionaron, y el hecho de que todo esto estuviera sucediendo a su alrededor era su forma de vengarse por su traición.
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Welcome to Silent Hill - Crossover
FanfictionHinako ya ha pasado por varias iteraciones, estaba agotada y ya no veía salida, pero la neblina de Ebisugaoka esta vez le llevó a un sitio distinto. Muy alejado de Japón, en América: El pueblo de Silent Hill. Aunque no hable ingles ni entienda lo qu...
