LA DEUDA - PARTE 1

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EL CONVOYERO

Si me hicieran elegir un club para que me hagan una mamada, sin duda elegiría el Ruta de la Seda. Por eso estoy aquí con una rubia hurgándome la bragueta. Cuando sales con vida del robo de un convoy en el páramo, lo mínimo es celebrar que estás vivo. Y yo celebro a lo grande: un gramo de pulbrosia, una botella en el reservado y Bárbara haciéndome un trabajo fino. Y aquí está ella currándoselo un huevo.

Pongo las manos detrás de la cabeza y me recuesto. Quiero rendirme a la sensación de su garganta envolviéndome. Dejarme llevar. Que el mundo y mis putos problemas desaparezcan. Hostias... René lo tenía claro: Bárbara es la mejor puta del Ruta; ese cabronazo se las sabía todas.

Y entonces, un mensaje, y otro. Y otro más, un montón de ellos se apilan en mi InterNexus. La chica de René tocándome los cojones. Se la tendría que haber llevado con él a la Unión.

—¡Pesada de mierda! —se me escapa.

Bárbara levanta la cabeza y me pregunta:

—¿Es a mí?

—Nooo, tú sigue a lo tuyo, palomita —le murmuro y le empujo la cabeza suavemente a su sitio.

Esa zorra de Pris no me deja tranquilo. Voy a tener que volver a pasarme por la Cacharrería y dejarle las cosas cristalinas.

—Ummm... —se me escapa un gemido; Bárbara me está metiendo la sexta.

Otro puto mensaje. Ni caso. Pris puede esperar. Pero yo no. Contengo otro gemido con las manos aferradas al escay. Y boom, el último disparo del día.

Bárbara levanta el rostro. Sonríe triunfal mientras se seca la barbilla y a continuación esnifa una raya de la mesita.

—Hostia, palomita, vales cada bitt que me cuestas.

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