Capitulo I

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Estaba un hombre sentado de piernas cruzadas en un asiento que quedaba cerca de la ventana dentro de un tren, se veía de una edad aproximada de veintiocho años, era cabello negro y ojos azules, piel medio pálida. No era robusto, pero tampoco delgado, su rostro muy bien definido por lo que se hacía notar, nariz alineada y boca delgada, midiendo unos 1.80 cm de altura. Él estaba con el rostro neutro, leyendo un periódico sobre las noticias del día a día que pasaban en la ciudad, unas mujeres le coquetean, más el no presta atención pues está perdido leyendo.

-¡Que lamentable! -susurra el hombre para sí mismo con una voz medio grave sin dejar de ver el periódico.

El hombre siente una sensación extraña, como si lo estuvieran observando, mira a su alrededor, pero todos en el tren están ocupado en sus propios asuntos, no le tomo interés y sigue leyendo el periódico.
Muertes, asesinatos, pleitos, chismes internacionales, pero uno llama su atención:

"Ya son catorce adolescentes desaparecidos sin dejar ni un solo rastro en esta semana"

decía como titular en una de las páginas del periódico algo que el termina intrigando. Después de unos minutos siente que el tren se detiene haciendo que el salga de sus pensamientos, se pasa la mano por el cabello, arreglándoselo. Se levanta y baja del tren, se pone a caminar por las calles de la ciudad, ya era de noche pues acababa de venir de su monótono trabajo de las tantas que hay en el país, mira la calle vacía o... ¿Talvez no?, llega a su casa entrando al interior de ella.

-¡Ya llegué! -exclama cansado quitándose los zapatos.

-¡Buenas noches, Sr. Softyet! -dice una joven de algunos veinte años.

-Hola, Amelia -dice el hombre tranquilo-. ¿Ya se durmió? -pregunta sentándose en una silla.

Amelia asiente, pasándole un papel que le había dado la maestra.

-La maestra me lo dio en la mañana, dice que es importante o algo así.

Vicent agarra la carta leyéndola.

-Ya veo, voy a hablar con él después -dice el hombre terminando de leer el contenido.

-¡Es un buen chico! -exclama Amelia tranquila mientras recogía sus cosas.

-Me lo dicen seguido -responde el hombre.

-Porque es cierto -dice abriendo la puerta para retirarse.

-Está bien, y gracias por cuidármelo hoy, enserio muchas gracias.

-No hay de que, cualquier ayuda sabe que puede llamarme -dice Amelia mientras salía de la casa despidiéndose.

-¡Claro! y por favor ¡Cuídate! -el hombre despide a la joven, mientras espera a que ella entrara en un taxi para después cerrar la puerta.

El vuelve a sentir esa sensación de que lo observan, pero solo camina, llega a la cocina empezando a pelar unas frutas para cenar. Al rato se escucha un ruido detrás de él, por instinto tira el cuchillo cayendo en la pared. El voltea a ver, pero no hay nadie solo un mechón de cabello de color blanco en el piso y un sobre con un sello de color morado. Se acerca, agarrando el mechón. Él conocía ese cabello.

Recoge el sobre, examinando el sello, con un poco de desconfianza lo abre, revelando un documento y viendo el contenido de esta. Al terminar de leer, aprieta el papel con una expresión de desconcierto en su rostro...

Él no sabe que pensar. En ese momento un niño de algunos diez años de edad, cabello blanco y con el mismo color de ojos de él, sale bajando las escaleras.

-¿Papá? -pregunta el niño medio adormitado frotándose los ojos.

El hombre tira el mechón de cabello y el papel a la chimenea de la sala, volteando a ver al niño con expresión neutra.

¿Confías en mi?Stories to obsess over. Discover now