Capítulo 1: Sofía

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—Explicación de lo que acabo de ver, ¡ya!

—No jodas, Cele, me llamaste porque había una urgencia —respondió Araceli acomodándose la chaqueta del ambo—. La atendí y ahora tengo que seguir con la ronda. Si me buscan, estoy en la 311, arranco por ahí.

—No jodas vos, Araceli. Estabas hablando con un Sardelli como si se conocieran de toda la vida, ¿qué carajos?

—Creeme que pienso lo mismo... qué carajos. Parece que este año se empeñó en tirarme todo el pasado encima.

—¿Cuál pasado? Porque en más de diez años que hace que nos conocemos nunca me comentaste que te codeabas con "famosos".

—Se me pasó, no es nada importante.

—¿Se te pasó? Boluda, nos conocimos en el CBC, cursamos una carrera, compartimos casa hace seis años al menos, ¡y se te pasó!

—Celeste, si no te lo conté fue porque estuve en una muy pesada. ¿Está mal querer olvidarse de una vida bien de mierda? Mirá, ahora no es el momento, ni el lugar, menos con los Sardelli dando vueltas por el sanatorio. En casa hablamos.

***

Sofía.

Guido se acordó de ese nombre.

Hace años que nadie me llama Sofía. Años desde que la prostitución y los consumos excesivos me llevaron al filo de la muerte.

Termino de atender al paciente de la 311 y me encierro en el baño del box de enfermería. Me lavo la cara intentando apagar los recuerdos que llegan uno tras otro a toda velocidad.

Entiendo el planteo de Celeste. Cuando pude salir de la mierda en la que estaba metida, lo que menos quería era recordar. Al menos los recuerdos de los que soy consciente, en los que no estaba pasada de éxtasis o de lo que me pusieran sobre la mesa.

Necesito un respiro, matar esta ansiedad con un pucho, por loco que suene. No quiero ni salir; sé que en nada puedo cruzarme con Pato y familia, pero lo que más me va a doler es verlo a él.

Porque a Guido le hice demasiado daño, aún más que el que me hice a mí misma, pero a Gastón lo destruí. Le fallé tanto que todavía me arden las muñecas del día que me corté las venas por última vez. Digo la última porque antes lo había intentado más veces de las que quisiera recordar.

Gastón me amó incondicionalmente, aún si eso significaba pelearse a muerte con su hermano, incluso disolver la banda.

Y yo... yo, a mi modo, los amé a los dos.

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