Prologo

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El patio de la Sede de los Cazadores estaba en absoluto silencio, roto únicamente por el suave crujir de los pasos a lo lejos. Para el resto de los reclutas, estar allí significaba terror puro ante la mirada de los espadachines más fuertes de la humanidad. Para Yuki, en cambio, era un buffet de primera categoría.

Yuki se acomodó el uniforme, ajustando las mangas con una sonrisa oculta tras su timidez fingida. Su verdadera habilidad no estaba en la Respiración que dominaba, sino en su absoluta y magistral capacidad de simular torpeza. Su misión autoimpuesta: rozar, tocar y deleitarse con la musculatura de los Pilares sin que la ejecutaran en el intento.

Su primera rotación fue con Giyu Tomioka, el Pilar del Agua. Caminaban por un sendero boscoso hacia un pueblo reportado con avistamientos. Tomioka avanzaba como una estatua de hielo, distante y silencioso.

-¡Ah! -Yuki soltó un grito ahogado y tropezó deliberadamente con una raíz inexistente.

Como esperaba de un Pilar, los reflejos de Tomioka fueron inhumanos. Su mano se movió para sostenerla antes de que tocara el suelo. Yuki, aprovechando el impulso, no se limitó a dejarse sostener; fingiendo pánico, se aferró con fuerza a su antebrazo.

Dios mío, pensó Yuki, conteniendo un escalofrío de puro placer. Es puro acero. Qué bíceps tan firmes debajo de ese haori dividido.

-Ten más cuidado -dijo Tomioka con su habitual tono plano, intentando retirar el brazo.
-¡Lo siento tanto, Tomioka-sama! Es que... la tierra estaba floja -gimoteó Yuki, deslizando lentamente sus dedos por la muñeca del Pilar antes de soltarlo, memorizando la textura de sus manos curtidas por la espada. Tomioka solo parpadeó, completamente ajeno a las intenciones de su subordinada.

La semana siguiente, el destino fue aún más generoso: el Distrito Rojo junto a Tengen Uzui, el Pilar del Sonido. El hombre era un monumento a la extravagancia y los músculos expuestos. Yuki sentía que se le derretía el cerebro de solo mirarlo.

Mientras revisaban un callejón estrecho, Uzui se detuvo en seco para escuchar el viento. Yuki vio la oportunidad perfecta. Avanzó un paso de más, calculó el espacio y fingió perder el equilibrio por culpa de las sandalias.

-¡Cuidado, pequeña rata! -exclamó Uzui, atrapándola por los hombros.

Yuki exhaló un suspiro dramático y apoyó ambas manos abiertas directamente sobre el pecho descubierto del Pilar. Sus palmas se hundieron ligeramente en los pectorales firmes y marcados de Uzui. Para maximizar la experiencia, movió los dedos un par de centímetros, simulando que intentaba estabilizarse.

Esto es el paraíso, se regocijó internamente, sintiendo el calor que emanaba de su cuerpo. Es enorme.

-Vaya, qué torpe eres. ¿Segura que pasaste la Selección Final? -Uzui soltó un carcajada estridente y le dio una palmada amistosa en la espalda que casi la desarma-. ¡Tienes que moverte con más estilo!
-S-sí, Uzui-sama... juro que me esforzaré por ser más... extravagante -respondió ella, con las mejillas encendidas, guardando el recuerdo táctil en lo más profundo de su memoria.

El verdadero reto llegó a la tercera semana: Kyojuro Rengoku, el Pilar de la Flama. Su energía era tan desbordante que Yuki sabía que debía ser extremadamente sutil para no levantar sospechas con su hiperactividad.

Se encontraban en una estación de tren, esperando el abordaje. Rengoku devoraba un bento con entusiasmo.

-¡SABROSO! -gritó el Pilar.

Yuki, sentada a su lado, estiró el brazo para alcanzar su propia botella de agua, pero "calculó mal". Su mano chocó directamente contra la de Rengoku, entrelanzando sus dedos por un breve segundo sobre el mango de la caja de madera.

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⏰ Última atualização: Sep 04 ⏰

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Yuki La Pervertida Histórias para pegar e não largar. Descubra agora