1. Arroz

167 16 11
                                        

Iba de camino a casa esa noche, después de terminar mi turno en la panadería donde trabajaba hace ya poco mas de un año. No es que fuera una persona de muchas palabras, ni especialmente carismática normalmente, pero hoy en particular venia de malas. Había tenido problemas con la misma señora de siempre, la señora Seo y sus exigencias de primera clase para una panadería pequeña ubicada en un barrio cualquiera, en una esquina cualquiera.

Sin embargo este día su tono soberbio y sus pedidos estúpidos me sacaron de quicio mas de lo normal, por lo que venia caminando casi arrastrando los pies y con mi rostro endurecido por la jornada de trabajo arruinada por aquella señora.

Lo único que me animaba era quitarme la ropa llena de harina y echarme a dormir con mis gatos. Tan solo recordar sus caritas me hizo soltar una sonrisa, era lo único que me hacia querer levantarme en las mañanas y regresar a casa después del trabajo.

En especial por Soonie, no tenia preferidos, no era ese tipo de padre; pero fue el primer gato que adopte, era el mas tranquilo y el que solía dormir toda la noche conmigo, quitando que a veces disfrutaba dormir encima de mi rostro.

Seguí divagando acerca de lo que haría al llegar a mi departamento mientras caminaba.

Para cuando llegue al frente del edifico no había nadie a los alrededores, las luces de mis vecinos en otras plantas en su mayoría estaban apagadas y las pocas que aun brillaban únicamente tenían encendido el pequeño foco a lado de su puerta, menos la de mi vecino de a lado; Se había mudado hace un mes, con una nena que parece tener poco mas de un año muy parecida a él, supuse que eran hermanos.

No lo había visto mas que el día que subía sus cosas al departamento. No tendría quejas al respecto de el, de no ser porque apaga la luz hasta tarde y hacia ruido en la noche; no solo era la nena y sus llanto, si no el chico en general, lo escuchaba mover platos y cosas a horas muy altas de la noche, obviamente me molestaba, mis gatos no dormían bien y por consecuente me molestaban a mi mientras intentaba conciliar el sueño.

Mire su puerta con algo de receló una vez llegue a mi piso por la luz que traspasaba al pasillo a través de su ventana. Otra vez despierto.

— Ojala no haga ruido esta noche — Murmure entrando a casa

Entré y cerré la puerta con el pie, dejando mi chaqueta sobre el mueble de la entrada. Me quité los zapatos al segundo en el que pise mi casa y me permití estirar mi espalda, sintiendo cómo me crujían los hombros.

—Ya llegué — Avise a mis gatos.

Al instante escuché el tac-tac suave de patitas en el piso y luego el roce de un cuerpo contra mi pantorrilla. Soonie apareció primero, como siempre, con esa calma que lo caracterizaba. Detrás venía el otro, más inquieto, Doggie; Los dos gatos anaranjados se me restregaban en la pantalonera mientras los saludaba con una dulzura que cualquiera que me conociera le parecería impropio de mi.

—Hola, mi vida —murmuré agachándome para rascarle la cabeza a Soonie—. ¿Me extrañaste? Sí, ya sé que sí.

Después llego Dori, una gata gris de manchas atigradas, como de costumbre ella solo se quedaba quieta cerca del marco de la puerta viendo el show que montaban sus dos hermanos anaranjados.

La salude con una palmadita en la cabeza.

Fui directo al baño una vez acaricie a los tres gatos, dejando un rastro de ropa por el pasillo: el suéter, el mandil, la camisa, el pantalón. Me miré al espejo mientras me revolvía el cabello; tenía la cara cansada, pero seguían sin aparecerme ojeras. Lo cansado era meramente por la señora Seo.

Abrí la llave de la regadera, esperando que el agua caliente me devolviera la paciencia, calma y el mínimo amor que tenia por la humanidad y que esta tarde me había arrebatado aquella señora.

El vecino de a lado - HANKnowHistórias para pegar e não largar. Descubra agora