Prólogo: El Loco Planta De Senku
El zumbido del taller principal no se parecía a nada que la Tierra hubiera escuchado en milenios. Entre bobinas superconductoras, pantallas holográficas y esquemas cuánticos que desafiaban la física conocida, Senku Ishigami contemplaba el artefacto que descansaba sobre su mesa de trabajo. Su cabello alborotado desafiaba la gravedad como siempre, pero su mirada cargaba la experiencia acumulada de haber reconstruido la civilización desde una vasija de barro hasta los confines de la Luna.
Frente a él, sentado sobre un taburete improvisado y con los dedos cubiertos de tinta negra, un hombre sostenía con pulso tembloroso una taza de café humeante. Su nombre era Tetsuya Kinomoto, uno de los mangakas más talentosos revividos tras el retorno lunar.
-Oye, Kinomoto -dijo Senku, esbozando una sonrisa afilada y golpeándose el hombro con el meñique-. No te pedí venir aquí para hacer bocetos convencionales. Necesito que plasmes en papel cada maldito milímetro de lo que vivimos. Desde la fórmula del nital hasta el viaje a la órbita. Los triunfos, las derrotas, los inventos, las guerras y los rostros de cada imbécil que nos ayudó a encender de nuevo las luces del mundo.
Kinomoto miró la abrumadora torre de bitácoras, grabaciones sonoras y diarios de campo que se apilaban a su alrededor. Tragó saliva, asimilando la magnitud de la tarea.
-¿Toda la historia...? -murmuró Kinomoto, ajustándose los lentes-. Senku... dibujar una epopeya como esta, con la rigurosidad científica y el detalle anatómico que merece cada personaje... no es algo de unos meses. Me tomará años.
-Tómate cinco años si es necesario -respondió Senku sin titubear, clavando sus ojos rojizos en el dibujante-. La máquina del tiempo no estará calibrada antes de eso. Dibuja cada panel con el alma, porque este manga no será para entretener a la gente del presente. Será un manual de instrucciones... y un testimonio de fe para el pasado. Diez mil millones por ciento seguro de que tú puedes hacerlo.
El tiempo fluyó con la implacable exactitud de un reloj atómico.
Cinco años transcurrieron. La civilización humana se expandía por los continentes restaurados, mientras en un estudio aislado, Tetsuya Kinomoto colocaba finalmente su pluma sobre el soporte. El último manuscrito estaba terminado. Cientos de capítulos ordenados en volúmenes impolutos, acompañados de un sistema digitalizado donde cada cuadro estaba sincronizado con los registros vocales reales de quienes protagonizaron aquella odisea de piedra.
Senku recogió la obra completa. Ya no había tiempo que perder; el proyecto cronotransmisor alimentado por las Medusas estaba listo.
Con un despliegue de cálculo desmesurado, Senku activó el protocolo. Varias decenas de dispositivos de petrificación -aquellos misteriosos anillos metálicos de superficie azulada entrelazados como un nudo infinito- vibraron al unísono, rasgando la barrera del continuo espacio-tiempo para sumergirse en las corrientes del pasado.
Primavera del año 2019.
Bajo la sombra de un gran alcanfor en el patio del instituto, Yuzuriha Ogawa permanecía de pie con una expresión dulce e inocente. Justo frente a ella estaba Taiju Oki, apretando los puños con el corazón martilleándole en el pecho y la respiración contenida, reuniendo todo el valor acumulado durante cinco años, a escasos segundos de declararle su amor incondicional. En el edificio escolar, asomado a la ventana abierta del laboratorio de química, un joven Senku Ishigami observaba la escena de brazos cruzados con una pequeña sonrisa sarcástica y cómplice, esperando con paciencia científica que su torpe y leal amigo se decidiera a dar el paso de una buena vez.
En incontables rincones del globo, la rutina envolvía a quienes más adelante forjarían el Reino de la Ciencia y sus rivalidades. Tsukasa Shishio se vendaba los nudillos en un vestidor deportivo; Gen Asagiri barajaba cartas frente al espejo antes de una aparición televisiva; Ryusui Nanami saboreaba un café a bordo de un yate mientras Francois verificaba con impecable rectitud el itinerario de navegación; en la India, Sai Nanami tecleaba código a una velocidad sobrehumana en su portátil aislado en una habitación; Ukyo Saionji ajustaba sus auriculares en la sala de sonar de un submarino militar; la periodista Minami Hokutozai afinaba su grabadora para una primicia; Nikki Hanada escuchaba un tema de Lillian Weinberg con auriculares ajustados tras una sesión de judo; el oficial Yo Uei balanceaba con desgano su bastón de patrullaje; en un dojo tradicional, Hyoga sostenía su lanza de madera con disciplina gélida; en un centro deportivo de gimnasia, Homura Momiji realizaba piruetas en el aire con absoluta flexibilidad; y al otro lado del océano, en una reunión cumbre del gobierno estadounidense, el doctor Xeno exponía análisis científicos confidenciales mientras su inseparable amigo y francotirador de élite, Stanley Snyder, vigilaba el perímetro de la sala fumando en calma; allí mismo, congregados en la misma reunión estratégica, se encontraban la joven geógrafa Chelsea Childe revisando mapas físicos sobre una mesa lateral, la estudiante de medicina Luna Wright hojeando sus notas clínicas, el magistral ingeniero militar Brody Dudley evaluando planos de infraestructura, la boxeadora Maya Biggs atenta a la seguridad, la piloto Charlotte Bonapart revisando informes aeronáuticos, y los soldados Leonard Lynch, Carlos Barrios y Max Adams coordinando los equipos de telecomunicaciones gubernamentales.
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visualizando dr. stone
FanfictionEn un plan de senku para mandar todo lo que el y sus amigos hicieron para recrostruir la ciencia le pide a un mangaka que haga toda sus historias completa para des pues con la ayuda de medusa y una traer varios individuos claves a dos años antes de...
