El sonido de una guitarra llenaba la habitación a oscuras. No era una canción. Ni siquiera pretendía serlo. Solo escalas. Una y otra vez. Como si Johnny estuviera peleando con las cuerdas en lugar de tocarlas.
Tenía los audífonos puestos, el cable del pedal conectado y el metrónomo marcando un ritmo testarudo: 120 BPM. Sus dedos se movían con precisión quirúrgica... hasta que no.
Una nota falló. El sonido se cortó de golpe.
Johnny cerró los ojos, respiró hondo y murmuró apenas:
-Otra vez...
Volvió a intentarlo. Llegó más lejos. Casi. Casi. Y entonces el dedo traicionero se deslizó donde no debía. El silencio que siguió fue más pesado que el error.
Miró sus manos como si ellas tuvieran la culpa. Después miró la guitarra, apoyada contra su muslo, y sintió esa vieja sensación de insuficiencia que lo acompañaba desde hacía meses.
-Todavía no es suficiente...
Desconectó el cable con cuidado, guardó el instrumento con más ternura de la que admitiría ante nadie y miró el reloj. Demasiado tarde. Incluso para él.
Suspiró, apagó la luz y se dejó caer en la cama.
-Mañana sigo.
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A la mañana siguiente una voz lo sacó del sueño como si le hubiera tirado un balde de agua fría.
-Johnny, ya tienes que ir a la escuela.
Abrió un ojo. Luego el otro. Su padre estaba en la puerta, con esa expresión de "ya sabes qué hora es".
-¿Ya?
-Sí. Y si sigues durmiendo vas a llegar tarde otra vez.
Johnny se levantó con la energía de un gato despertado a las tres de la mañana. Antes de salir, sin embargo, su mirada se detuvo un segundo en la guitarra apoyada contra la pared. Solo un segundo. Después tomó la mochila y salió.
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La tarde pasó demasiado rápido. Mientras el resto de la clase llenaba libretas de apuntes, Johnny tenía abierta una muy diferente. Partituras. Anotaciones. Pequeños garabatos que solo tenían sentido para él.
-¿Otra vez con eso?
Kai había arrastrado su silla hasta quedarse pegado a su lado, como si el espacio personal fuera un concepto opcional.
Johnny levantó la vista, fingiendo indiferencia.
-¿Con qué?
-Con la música. Siempre con la música.
Cerró un poco la libreta, casi a la defensiva.
-Solo quiero mejorar.
Kai lo miró con esa sonrisa de quien ya sabe exactamente lo que va a decir.
-¿Mejorar? Viejo, creo que ese es el problema.
-¿Cuál?
-Que piensas demasiado en que sea perfecta. Como si un solo error fuera el fin del mundo.
Johnny no respondió. Kai se quedó callado un momento, midiendo hasta dónde podía empujar.
-Oye... deberías venir conmigo a las clases de música.
Johnny lo miró como si le hubiera propuesto saltar del techo.
-¿Clases?
-Sí. Las de la tarde. En el 3-A.
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On The First Note
Romance¿Qué significa realmente ser feliz haciendo lo que amas? Johnny siempre ha vivido rodeado de música. Con una guitarra entre las manos y un futuro que parece estar decidido por él, pasa sus días entre clases, ensayos y las expectativas de los demás. ...
