Sanguis Lunae La sangre de la Luna ๋࣭⭑

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Sanguis Lunae: Representa una Luna teñida de rojo, asociada simbólicamente con transformación, peligro, emociones intensas y el despertar de aquello que estaba oculto.



...

La justicia había llegado, pero no había traído paz.

Cuando las puertas del tribunal se cerraron detrás de mí, dejé a dieciséis hombres al otro lado. Dumbledore y los quince enmascarados. Siendo la primera vez, ninguno llevaba una máscara para ocultar su rostro, sus nombres habían sido pronunciados en público, sus crímenes habían dejado de ser secretos y aquello que durante años los había protegido había desaparecido. El poder, las influencias, los títulos y el miedo que habían provocado ya no podían salvarlos.

Habían sido juzgados, habían sido condenados, y aun así, yo no sentía alivio.

Durante mucho tiempo imaginé aquel momento, pensé que cuando finalmente los viera caer, algo dentro de mí descansaría. Creí que las pesadillas desaparecerían, que los recuerdos dejarían de perseguirme y que podría cerrar aquella parte de mi vida para siempre.

Me equivoqué, porque una sentencia podía quitarles la libertad, pero no podía devolverme los meses que me habían robado, no podía borrar las noches en las que tuve miedo, no podía arrancar de mi memoria cada golpe, cada rostro, cada voz y cada momento en el que pensé que jamás volvería a salir de aquella oscuridad, tampoco podía devolverme al muchacho que había sido antes de todo aquello.

Mientras caminaba por los pasillos del Ministerio, sentía la mano de Harry entrelazada con la mía, detrás de nosotros estaban Blaise, Ron y Theo. Los cinco habíamos sobrevivido a cosas diferentes, pero habíamos terminado convirtiéndonos en una familia que ninguno de nosotros había planeado tener.

Blaise y Ron caminaban demasiado cerca el uno del otro para intentar convencer a cualquiera de que aquello seguía siendo una simple amistad. Había algo entre ellos que había comenzado como pequeñas provocaciones y miradas furtivas, y que ahora parecía crecer sin pedir permiso.

Theo llevaba una carta cuidadosamente doblada entre sus pertenencias. No necesitaba preguntarle para saber que era para Elliot Ashcroft. El Ravenclaw había conseguido algo que pocos habían logrado: atravesar las barreras de Theo y convertirse en alguien que realmente importaba en su vida.

Los observé durante unos segundos y sentí algo extraño en el pecho, felicidad. Todavía podía sentirla, todavía podía amar, reír, y era raro porque entre esa oscuridad habían pensado que jamás sentiría algo así otra vez. Y quizá eso era lo que hacía todo aquello mucho más peligroso, porque ya no tenía miedo de perderme, tenía algo que proteger, y por ellos estaba dispuesto a convertirme en alguien que jamás habría imaginado ser.

Cuando salimos del Ministerio, la noche nos recibió con una neblina ligera que cubría las calles. Levanté la mirada hacia el cielo y me quedé observando la Luna, había algo diferente en ella, parecía más grande, más fría, más cercana.

Una tonalidad rojiza comenzaba a extenderse lentamente a su alrededor, como si el cielo estuviera siendo marcado por una herida.

Me quedé mirándola, la Luna había sido testigo de demasiadas cosas, había visto mis noches de miedo, había acompañado mis lágrimas, había iluminado las ventanas de aquel lugar donde alguna vez pensé que moriría.

También había estado allí cuando decidí sobrevivir, pero aquella noche parecía contemplarme de una manera diferente, como si supiera que yo tampoco era el mismo.

Harry permaneció junto a mí sin decir nada, no necesitaba hacerlo. Él conocía mis silencios mejor que nadie, apreté ligeramente su mano.

No quería que me salvara, ya no, quería que permaneciera a mi lado mientras yo aprendía a salvarme solo.

Y Harry lo haría, lo sabía, también sabía que Blaise, Ron y Theo harían lo mismo. Si alguien volvía a intentar destruirme, ellos estarían allí, no porque fueran incapaces de distinguir el bien del mal; sino porque me amaban.

Quizá esa era la parte más peligrosa de todas, durante años había sido yo quien necesitaba que alguien luchara por mí, ahora tenía personas dispuestas a luchar a mi lado, personas capaces de cruzar límites por mí, personas que, si era necesario, harían correr sangre.

La idea debería haberme asustado, no lo hizo. Quería ver correr sangre, eso era seguro.

Cuando llegamos a la mansión, las luces cálidas que escapaban por las ventanas me hicieron recordar que aquel lugar ya no se sentía como una prisión. Allí estaban mis amigos, allí estaba Harry, allí estaba Nina. Allí había algo parecido a un hogar.

Entré y subí hasta una de las habitaciones más altas de la mansión, Nina estaba cerca de la ventana, la tomé entre mis brazos y sentí cómo se acomodaba tranquilamente contra mi pecho, durante unos segundos acaricié su pelaje mientras observaba el cielo.

La Luna seguía allí, roja, hermosa, intensa y amenazante. Pensé en Dumbledore, en los quince hombres que habían llevado máscaras, en sus rostros, en sus nombres, en todo aquello que hicieron.

Justo ahí caí en cuenta que aún no habíamos terminado, tal vez ellos creían que una condena significaba el final de sus vidas, el mundo también lo creía así, pero yo sabía que ese no era el fin. Era mi inicio, ahora me tocaba decidir a mí qué hacer con todo lo que quedaba.

Había pasado demasiado tiempo intentando recuperar al Draco que existía antes de ellos, quizá nunca volvería, quizá no tenía por qué hacerlo, había una parte de mí que había muerto en aquella oscuridad, pero otra había nacido allí.

Una parte fría, una parte fuerte, una parte que ya no temía mirar a sus monstruos directamente a los ojos, y por un momento no quise destruir esa parte de mí, quise conocerla, quise descubrir hasta dónde podía llegar.

La Luna terminó de teñirse de carmesí, miré mi reflejo en el cristal y apenas reconocí al muchacho que alguna vez fui. No era una víctima, no era un sobreviviente esperando que alguien decidiera qué hacer con él, era Draco Malfoy.

Ahora tenía el poder de decidir mi propio destino. Cerré los ojos y dejé que una sonrisa pequeña apareciera en mis labios. Las estrellas podían caer, los planetas podían cambiar de rumbo, la Luna podía ocultar su rostro y volver a mostrarlo una y otra vez, pero yo ya había aprendido algo.

El destino no era una sentencia, era algo que podía romperse, y yo estaba dispuesto a romperlo.

Cum sidera cadunt, Draco surgit; cum Luna sanguinem fundit, ultio incipit.







...


-Feith  ♱

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⏰ Última actualización: Sep 02 ⏰

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