Harry no había querido ir en realidad. Los meses luego de la Batalla habían sido duros, la vida de todos había cambiado, incluso Ron y Hermione, que poco a poco comenzaron a construir su vida como pareja, y Harry simplemente se dio cuenta de que la rutina que los mantenía unidos a los tres ya no existía. Había rechazado las propuestas del Ministro Shacklebolt, los trabajos ofrecidos detrás de un escritorio que se suponía eran una muestra de gratitud y prometían una vida tranquila y sin problemas. No quería ocupar puestos que no le pertenecían o que le regalaran una vida cómoda solo por haber sobrevivido a la guerra, ser Auror era un trabajo arduo y requería de preparación, largas horas estudiando y practicando. Así que el Ministro le dio opciones, tratar de volver al mundo el cual ya no era el mismo, o unirse al entrenamiento para Aurores en el castillo ubicado en las Highlands de Escocia. El programa no era particularmente selectivo, después de la guerra el Ministerio necesitaba nuevos Aurores y necesitaba formarlos, y muchos jóvenes no se veían muy interesados en dedicar su vida al Ministerio luego de presenciar lo que la batalla podría causar en el Mundo Mágico. Nadie quería prepararse para otra guerra, era una idea muy poco atractiva y aterradora, esta era la razón por la que el Ministerio insistió en formar nuevos Aurores. Según Harry escuchó, el castillo era deliberadamente remoto y estaba diseñado para que los estudiantes se concentraran en su formación lejos de la ciudad y sus comodidades. Harry también había escuchado que quienes elegían ir ahí lo describían como un lugar desolador.
De todas formas, tras pensarlo, Harry llegó a la conclusión de que no tenía otros planes y que sus opciones empezaban a agotarse, así que decidió darse una oportunidad e intentar tomarle el gusto a aquel trabajo. Llegó solo a las Highlands, donde un antiguo castillo se alzaba a lo alto en las montañas, sus torres creando un espacio que le permitía al viento silbar entre ellas. Hace años había llegado a ser un lugar de reuniones para gente importante del Ministerio, pero luego de la guerra su propósito había sido cambiado, y ahora albergaba una delimitada cantidad de personas que el Ministerio podría considerar útil para trabajar. Las personas en el castillo no se esforzaron en recibirlo con calidez. Eran al menos 20 estudiantes alfas que se entrenarían para ser Aurores, algunos de ellos esperaban poder convertirse en lo suficientemente competentes para graduarse, mientras que otros necesitaban algo que hacer con sus vidas luego de la guerra, el futuro era incierto para aquellos que habían perdido familiares y antiguas aspiraciones. Al ver a Harry llegar, simplemente tomaron una postura distante y respetuosa, principalmente por el hecho de que el era el único omega en el castillo y no sabían cómo comportarse a su alrededor. Todos habían crecido escuchando las historias sobre "El niño que vivió", pero ninguna de esas historias los había preparado para encontrarse con el joven cohibido que caminaba alrededor de los pasillos del castillo tratando de mantener su aroma bajo control constantemente, y sus ojos vigilando cada movimiento. Los funcionarios del Ministerio que se hospedaban allí lo trataban con la misma eficiencia impersonal que le mostraban a cualquier otra persona. Héroe o no, en ese castillo Harry Potter simplemente era un nombre más en la lista.
La torre del Este le había sido asignada sin discusión, estaba alejada de la torre principal del castillo, la torre del Oeste, donde los 20 estudiantes alfas tenían sus recámaras y realizaban actividades de estudio. Harry había entendido el mensaje aunque nadie se lo había explicado. Claro, el único omega allí no podía dormir en el mismo lugar que los alfas, su presencia solo era vista como causante de disturbios y una distracción. Harry no protestó, no había nada por qué protestar, simplemente se resignó a pasar los largos días en el patio de entrenamiento de la torre del Este y las tardes en la biblioteca privada de dicha torre, leyendo los mismos densos textos que el Ministerio proveía a todos los estudiantes. Era cierto, el ambiente era desolador.
Draco Malfoy había sido enviado allí por motivos distintos. La guerra había deshecho la arrogancia de su cuerpo, convirtiéndola en algo frío en su lugar. Ya no intentaba llamar la atención constantemente, no había necesidad de hacerlo, el apellido Malfoy cargaba un peso particular el cual requería de un cuidado especial, reemplazando el orgullo con el que siempre mencionaba su propio apellido. Su madre se lo había aconsejado, un lugar en el programa para Aurores era uno de los caminos que podría tomar para recuperar legitimidad, era todo lo que se consideraba "correcto" en el nuevo orden. Podría servirle a los Ministros de forma visible, demostrarle a la sociedad que las personas del bando perdedor en la guerra aún podían ser útiles. Draco aceptó por la mirada de esperanza que tenía su madre, pero no se encontraba para nada emocionado.
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Three Heartbeats - Drarry
FanfictionHarry Potter nunca imaginó que terminaría cuidando de un bebé abandonado. Draco Malfoy nunca imaginó que querría formar parte de esa familia.
