Prólogo

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-Estoy internado entender qué rayos está pasando, Brown y no estás enfriando mi cabeza -negó Lando con la mandíbula apretada y un brillo lleno de disgusto plasmado en la mirada.

Era un poco contradictorio contemplar a Lando Norris con aquella expresión, más con aquel disgusto febril en la voz y la rabia absorbente incrustada en sus ojos verdosos, pues Lando y allí estaba, realmente nunca se mostraba así, o bien, nunca se permitía mostrarse así.

Lando era más bien reconocido por su expresión fresca y natural, casi jovial, algo perpetuamente inquieto que respaldaban sus facciones un tanto flojas que de alguna manera, a su vez, encontraban refugio en sus orbes juguetones que brillaban cuando disparaba algún comentario cargado de sarcasmo junto aquella sonrisa estridente que partía su boca cada que algo conseguía divertirlo.

Era, naturalmente, el piloto de los comentarios sarcásticos, eso decían. El de lo gestos exagerados, el que bromeaba incluso con la mismísima tensión haciéndola ligera, casi inexistente.

Pero no aquel.

El que ahora permanecía frente al escritorio de Zak Brown con los hombros rígidos, las manos cerradas y una rabia tan mal contenida que pareciese vibrarle debajo de la piel.

Sin embargo, Zak Brown, sentado de lo más plácido en aquel cuarto en la instalación de McLaren en Inglaterra, mirándolo, podía decir con convicción que conocía perfectamente al Lando fuera de las cámaras.

Conocía sus desplantes, sus cambios repentinos de humor, aquella facilidad con la que podía convertir una conversación perfectamente normal en una innecesaria discusión, justamente, como ahora.

Por ello no se sorprendió, ni inmutó ya acostumbrado a este tipo de escenario. Aun así, fue incapaz de esconder el deje de impaciencia que le provocaba su desplante.

-Daniel será piloto de reserva te guste o no -dictaminó sin ninguna intención de prolongar una conversación que ya le estaba resultando innecesariamente agotadora.

-¿Me estás jodiendo, no?

Zak evitó rodar los ojos.

-Lo que me está jodiendo, Lando, es que creas que puedas dirigirte hacia mí de esa forma, recuerda que soy tu jefe.

Lando, evidentemente, lo ignoró.

-¿Por qué, Zak?

Era la segunda vez que lo preguntaba desde que había entrado al despacho.

Y seguía sin comprenderlo.

Daniel Ricciardo estuvo dando una performance excelente en toda la temporada, realmente era absurdo que Zak Brown quisiera ponerlo como reserva en ese momento crítico y de una forma tan inesperada.

¿En qué momento había pasado aquello? Estaban peleando por el campeonato de constructores, por todos los cielos.

-Tu única preocupación en este instante, Lando, debe ser ponerte en forma para cuando finalice el parón, en dos semanas se viene Bakú y...

-¿Por qué, Zak? -repitió y ya iba la tercera. Plantó ambas manos sobre el escritorio lleno de impaciencia, sin soportar más evasivas.

Bakú podía esperar, se lo comería entero si hacía falta.

Ahora mismo no era lo que le importaba.

Daniel sí, quien no era únicamente su compañero de equipo, era su amigo. Y había algo profundamente desagradable en descubrir, una vez más, lo reemplazables que podían ser las personas dentro de aquella maquinaria. Y estaba harto.

Sucedía cada año, sin embargo. Pilotos que llegaban con expectativas enormes y desaparecían antes de que el paddock tuviese el tiempo siquiera de acostumbrarse a sus nombres. Y Daniel, siendo su segundo año, que ya era un algo abismal en ese equipo, había logrado batallar contra la presión y demostrar su valía.

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⏰ Última actualización: 3 days ago ⏰

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