Por favor, ámame.
Jungkook Rossi no podía dormir.
Trata de no moverse mucho porque su amado duerme a su lado, a pesar de haberle dicho que se quedaría despierto con él toda la noche de ser necesario. Su pacífica respiración y los movimientos involuntarios de su cuerpo le sacan una sonrisa, sin el afán de recriminarle por fallar a su palabra, ¿cómo podría hacerlo?
Si lo único que le ha dado a Taehyung Marcini, es dolor.
Sus ojos arden ante la amenaza de nuevas lágrimas, lágrimas que no han parado tal río calmo y silencioso, y ve el rostro de la persona que más ha amado en su vida, encima de su pecho, con una calma que solo existe cuando él no está presente. No se atreve a perturbar su sueño con su patético llanto. Ya no quiere ser una molestia.
Por favor, que su existencia deje de causar dolor.
Han pasado tres noches desde que salió de la iglesia.
Tres noches desde que Taehyung, sin preguntar, lo tomó de la mano y lo guió hasta su hogar, le dio ropa que vestir, alimentos que comer y amor para olvidar que, nuevamente, casi pierde la vida por amar.
Pierde la respiración por un segundo cada vez que lo piensa.
Siente frío, aunque el cuerpo de su amado emana calidez, a pesar de las grandes velas –que empezaban a consumirse una tras otra– con las que Taehyung acostumbra a dormir para olvidarse de la oscuridad, a costa de saber que ya no se encuentra cerca del depredador que lo persigue desde que tiene memoria. Es difícil. Casi imposible abrazar la paz que solo Taehyung Marcini le puede otorgar porque no la merece.
Su pecho duele al callar sollozos y, tal vez, por algo más. Porque él ama a Taehyung con todo su corazón, pero también con los fragmentos de su alma, con aquellos vidrios rotos que alberga en su pecho porque es lo único que puede ofrecer.
Y es lo que termina por robarle el aire.
Es brusco al sentarse en la cama y es culpable cuando su amado despierta asustado.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —Murmura con rapidez, buscando alguna amenaza.
Pero el peligro en esa habitación, es Jungkook Rossi.
—No... No puedo —está a punto de ahogarse—. No puedo respirar.
—Amor, estamos bien.
Eso se había convertido en una oración.
Una súplica. Plegaria.
Lo único que conocen.
Taehyung lo dijo, aún sin estar del todo despierto, pero con un anhelo de estar bien. Era lo que más deseaba, lo que piensa cuando toma las mejillas con cicatrices de Jungkook entre sus palmas, mientras limpia el llanto familiar que son espinas a su propio corazón.
