El olor a humedad y humo de tabaco quemaba la garganta de Oliver. Tenía quince años cuando la luz de su vida se apagó en una carretera lluviosa; el accidente que le quitó a sus padres lo dejó a la deriva, bajo la custodia de su tío Andrew. Un hombre podrido por el alcohol y las deudas que no veía en el joven alfa a un sobrino, sino una molestia y, eventualmente, un boleto para pagar sus deudas de juego. Andrew llegó al extremo de intentar vender a Ollie al mejor postor para tratar de pagar sus deudas.
Oliver acompañaba a su tío a las peleas clandestinas por pura supervivencia, observando cómo Andrew malgastaba el poco dinero que le quedaba apostando siempre al perdedor equivocado. Una noche, sofocado por la desesperación, Ollie le quitó un billete de cincuenta dólares del bolsillo a su tío mientras este se tambaleaba borracho. Con las manos temblorosas, caminó hacia la taquilla de apuestas y puso todo el dinero al alfa que llevaba la racha invicta más larga del lugar: un nombre que retumbaba en los murmullos de la multitud con un temor casi religioso. Oscar.
Cuando Oscar subió al ring improvisado, Oliver quedó paralizado. No era solo fuerza bruta; era una bestia despiadada. Cada golpe que Oscar conectaba rompía la resistencia de sus oponentes con una precisión y una ferocidad que infundía terror. Ollie no podía apartar la mirada, fascinado por el dominio absoluto que aquel alfa ejercía sobre el caos.
De pronto, el ambiente se volvió pesado su alrededor. Varios hombres corpulentos rodearon a Andrew y a él. Las deudas de su tío habían pasado la fecha límite y la jauría venía a cobrar. Andrew retrocedió acorralado, mientras Ollie se puso al frente, mostrando los dientes y defendiéndose como pudo contra dos tipos que lo superaban en tamaño. La situación se volvió crítica cuando el líder del grupo sacó una navaja, haciendo brillar el acero bajo las luces tenue.
Acorralado contra las rejas y sintiendo el filo cerca de su rostro, Ollie cerró los ojos pensando que ese sería su fin.
—No puedes ser tan cobarde para pelear contra una persona desarmada —resonó una voz grave y dominante sobre el murmullo de la multitud, deteniendo al agresor en seco—. Y peor aún, es un adolescente.
YOU ARE READING
Observado
FanfictionOliver Bearman solo reclamo el dinero que presto... Esteban fue el pago.
