A la deriva entre el sueño y la sal

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BITÁCORA DE VIAJE - DÍA 28

Martes, 2 de Febrero
Mar del Norte . Coordenadas aproximadas: 56° N, 8° E
Barco: Albatroz Jóven . Bergantín de dos mástiles, bandera noruega
Estado del mar: Oleaje moderado con marejada creciente del suroeste. Cielo encapotado, como un lienzo gris que no termina de llorar.
Viento: Fuerte, rachas de hasta 45 km/h del suroeste. Temperatura: 12 °C.
Rumbo: 090° (Este), con una velocidad de 6 nudos.

He recorrido hoy 144 millas náuticas.

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Registro del día - M.Joe , Capitán.

Anoche soñé con una gran tormenta desatándose en el oeste de mi país. Vi campos enteros de cosecha destruida, como si la tierra misma quisiera borrar el esfuerzo de las manos que la trabajaron. Desperté con esa imagen grabada en la retina y un peso en el pecho que no logro sacudirme. Quizás el mar me vuelve más sensible a los presagios, o quizás es que el horizonte, al ser tan inmenso, devuelve amplificados los ecos de mi propia tierra.

Hoy, mientras revisé las velas y aseguré los fardos de provisiones, recordé las palabras de mi padre, que suele decirme:
"La vida del hombre se basa en sus decisiones, buenas o malas."

Y tengo claro que él tiene razón. Cuando decido dar un paso, no importa la dirección, feliz o infelizmente, algo queda atrás. No solamente personas y objetos, también actitudes o maneras de pensar. Lo comprobé esta mañana al deshacer parte de la carga para aligerar el barco. Tuve que dejar una caja con libros y recuerdos; no había espacio. Pensaba más en el recuerdo que en la balanza. El mar no perdona el exceso de peso, ni el corazón perdona el exceso de equipaje.

Si decido levantar el campamento, como hice hace tres días al dejar aquella cala, y dirigir mi rumbo hacia otro lugar, siempre habrá algo que no tenga espacio en aquella maleta donde llevo mis herramientas más necesarias. Soy consciente de que esto puede influir e incluso determinar la naturaleza de mi viaje, ya sea para bien o para mal. Pero también sé que cada objeto abandonado es una semilla que siembro en la memoria, y que algún día, quizás, florecerá en otra orilla.

Acciones del día:

· Revisé y reparé la vela mayor, que mostraba un desgarro en el tercio superior.
· Reorganicé la bodega para compensar el peso, moviendo los barriles de agua hacia proa.
· Navegué constantemente hacia el este, buscando aguas más tranquilas. El compás me guía, pero el alma me empuja.

Mi estado anímico: Agridulce, como el agua salada que a veces sabe a lágrima. La añoranza pelea con mi curiosidad por lo que vendrá. El viento me susurra que aún hay historias que merecen ser vividas.

Cierre del día:

El mar sigue su curso y yo el mío. A veces pienso que mi deriva no es solo geográfica, sino también interna. Lo que dejo atrás no desaparece; se transforma en lastre o en viento de cola. Hoy elijo creer que cada objeto que solté fue una decisión, y que toda decisión, aunque duela, me acerca a un puerto que aún no conozco pero que ya habita en mis sueños.

El cielo se ha vuelto más oscuro en el oeste. Las gaviotas han desaparecido. Tal vez la tormenta de mi sueño no era un presagio, sino un recuerdo que navega conmigo. O tal vez sí. El mar es un espejo que no siempre devuelve lo que uno espera ver.

Mañana, si el viento no cambia, avistaré tierra. O quizás solo más agua. Ambas posibilidades son parte de mi viaje. Ambas me enseñan que la brújula más fiable no es la que señala el norte, sino la que señala el rumbo que uno elige en el corazón.
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Próxima anotación prevista: Miércoles 3 de Febrero, al atardecer, cuando el sol se despida entre las nubes como un viejo amigo que se marcha sin hacer ruido.

Firma:
M.Joe
Capitán del Albatroz jóven, a la deriva entre el sueño y la sal.

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