El primer amor que hace palpitar intensamente el corazón; las rosas son lindas, el chocolate es dulce, los pájaros cantan y el sol brilla como nunca.
A los cinco años, el amor no es más que los abrazos y besos de mamá, esperar ansiosamente a que papá llegue del trabajo para quitarle los zapatos, las historias del abuelo y la comida calentita, deliciosa y reconfortante de la abuela.
Apenas recuerdo los detalles de aquel primer corazón roto. Supongo que una parte de mí decidió olvidarlo o simplemente enterrarlo en un baúl del cual no lo había sacado en años. Las primeras veces siempre suelen ser difíciles: el primer día de clases, la primera vez que montas en bicicleta y, a veces, para algunos —como yo—, la primera vez que intentas hacer un amigo.
Mamá me había hecho mis trenzas y mi desayuno favorito. Recuerdo haber llorado cuando me dejó allí, sola con un montón de niños a los que no conocía, hasta que otro chico se acercó a mí y me sonrió.
—Está bien, no hay que tener miedo —le oí decir—. Mi mamá dijo que sería divertido.
Pero, claro, yo seguía llorando. El niño, aún desconocido, permaneció a mi lado toda la clase intentando animarme. Por supuesto que una parte de mí pensó que ese era el comienzo de la mejor amistad del mundo. No mentiré: incluso pensé que nuestras almas se habían conocido antes y que teníamos un gran vínculo. Y eso con solo cinco años. Lo sé, qué niña tan intensa y cursi.
Pero ¿qué puedo decir? Nana tenía una forma muy particular de enseñarme a ver el mundo. Yo ya creía en el destino y en la magia del universo (inserte aquí todas las palabras cursis que se le ocurran primero). Pronto me volví cercana a él, como una abeja a la miel. Le quería muchísimo; sentía que éramos los mejores amigos de todo el mundo.
¿Conocen ese sentimiento? Cuando ves a alguien y sabes que será especial, como si lo conocieras de otra vida, de un sueño o incluso de otra galaxia. Apenas era una niña, pero mi corazón ya empezaba a correr como un salvaje, dispuesto a querer. Sin embargo, era tan pequeña, tan increíblemente pequeña, que no podía saber los peligros que conllevaba querer a alguien y considerarlo tu amigo. Porque sí: de los amigos también salen algunos corazones rotos, y para mí, quizás, son los más difíciles de enmendar.
Este chico, Dylan Rush, tenía grandes ojos grises y un cabello muy lord vque, ahora que lo pienso, parecía sacado de una historieta: era un estilo único e irreverente. Todos los días lo esperaba para entrar juntos al salón, y hacía que mamá esperara afuera conmigo para dejarme entrar solo cuando él llegara. Después de todo, era el único amigo que tenía. Así que siempre entrábamos juntos y él me animaba cuando mamá se iba y mi pequeño corazón se entristecía.
Pero yo era demasiado inocente para entender que no todos los que conoces estarán siempre, y que quizás lo que Dylan hacía no era un gesto de cariño, sino, como mucho, un gesto de educación. Y él seguramente ya lo sabía.
Fue el día de San Valentín cuando lo entendí.
Cada uno de nosotros tenía sus buzones decorados. Yo había recibido algunas cartas, pero solo esperaba la de él: una que dijera que era su mejor amiga en todo el mundo. Pero como, según Nana, a veces tienes que arriesgarte en la vida, eso hice. Escribí una carta pidiéndole que fuera mi mejor amigo para siempre. Fue la primera declaración fallida de muchas más.
Iba más o menos así:
«Querido Dylan Rush: Ha sido la semana más divertida del mundo. Gracias por ser mi amigo. ¿Quisieras ser mi mejor amigo en el mundo entero también? Prometo compartirte de mis paletas. Espero que digas que sí, eso sería grandioso.»
Para mí, una niña de cinco años, esa era la mejor carta jamás escrita. La puse en su buzón e incluso le regalé una paleta de fresa, mi favorita.
Y ahí fue donde todo se puso feo. Dylan Rush tomó mi paleta muy sonriente, miró a la chica detrás de mí, Margot Lee, y con una sonrisa más grande de la que alguna vez me brindó a mí, le regaló mi paleta... o, como lo veía yo en ese entonces, nuestro símbolo de amistad.
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Cien mariposas y un corazon roto
Romance¿Qué haces cuando el amor que tanto esperabas no se parece en nada a lo que imaginabas? Elle es una chica común. Tiene sueños, inseguridades, amigos, días buenos y días en los que quisiera poder empezar de nuevo. Como muchas personas, cree que enamo...
