Noto la fria cuchilla en mi muñeca, duele pero es lo único que me alivia. La sangre cae sobre la mesa, el rojo intenso se extiende sobre la madera pulida. Mis pensamientos hierven. No tengo a nadie en mi vida, nadie que me apoye.
Me levanto de mi desgastada silla, ya es suficiente por hoy.
Necesito papel para curarme. Voy al baño a limpiarme las heridas. Me poso frente al espejo; observo mi pálido e infeliz rostro. Tengo unas prominentes ojeras, signo de que llevo varios días sin dormir. Mis grisáceas pupilas poseen un color rojizo a su alrededor, elemento que resalta mucho en mi pálida tez. Mi ojo derecho se ve en parte tapado por mi rojiza melena.
