Momentos preciados

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Armando y Betty habían disfrutado plenamente cada momento de ser padres. Desde la noticia hasta ahora en la que su bebé estaba cada día más despierta y curiosa por el mundo.

Habían descubierto que le encantaba la naturaleza, cada vez que la sacaban en el cochecito, Cami gritaba alegre al ver las hojas moverse por el viento...

Cada día era una emoción distinta, porque estaban redescubriendo el mundo junto a su pequeña.

Ya había cumplido 7 meses y ya estaba rumbo a los 8 meses. Como siempre, el cumplemes era para Armando el evento más importante del mes. Siempre pedía una torta, velas, decoraciones infantiles y pedía cosas que por ahora le iba gustando a su pequeña.

Ahora, Cami se encontraba en el área de ella de juegos, un montón de juguetes la rodeaban y otros tantos estaban bañados de saliva de ella. Mientras ellos hablaban de trabajo mientras la observaban, de repente, Cami se puso boca abajo.

Armando detuvo a Betty en su intento de levantarla.

-Déjala, mi amor. Mírala, no está llorando, está descubriendo algo nuevo...- aunque su corazón de padre quería levantarla apenas asomara un rastro de llanto.

Pero no, Cami hizo algo nuevo, sorprendente.

Empezó a gatear titubeante.

-Armando, ¡mírala! ¡Está gateando!- chilló Betty de emoción y alegría.

Armando estaba en shock, su pequeña estaba creciendo demasiado deprisa para su gusto...

Cami, despacio, empezó a dirigirse a su papá, entre salivas y gorgojeos.

Armando se arrodilló frente a su pequeña y la esperó paciente, mientras, a su costado, Betty hacía lo mismo.

Cami llegó a ellos y exhausta agarró a Armando. Él inmediatamente la levantó.

-¡Muy bien, mi niña! ¡Acabas de gatear por primera vez! ¡Eres una niña muy inteligente! ¡Lo has logrado muy rápido!- le besó la mejilla y ella reía.

-Ay, mi niña... Estás creciendo tan rápido...- susurró Betty, nostálgica.

-¡Baba, baba!

-¡Mi princesa, te amo tanto!

Armando la abrazó fuerte, aunque tuvo cuidado de no apretarla demasiado. Cami apoyó la cabecita contra su pecho, todavía agitada por el pequeño esfuerzo que acababa de hacer, mientras sus dedos se aferraban a la camisa de su papá.

Betty los observaba con una sonrisa que parecía no caberle en el rostro.

-No puedo creerlo... -murmuró, llevándose una mano al pecho-. Hace nada estaba acostadita sin poder moverse y ahora ya está gateando por toda la casa.

Armando levantó la mirada hacia ella.

-No me gusta.

Betty soltó una pequeña carcajada.

-¿Qué cosa?

-Que crezca.

-Armando...

-No, en serio. Hace siete meses cabía perfectamente en mis brazos y ahora resulta que ya quiere andar por ahí por su cuenta.

Betty se acercó y acarició suavemente la cabecita de su hija.

-Es lo normal, amor.

-Ya sé que es lo normal -respondió él, mirando a Cami con una expresión entre orgullosa y melancólica-. Pero yo no estoy preparado.

-¿Para qué?

Armando suspiró dramáticamente.

-Para nada. Para verla gatear, caminar, hablar... para que algún día quiera salir de la casa sin nosotros.

One Shots Armetty Pte. IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora