La noche me consume como no tienen idea, es una tortura constante, no hay ruido, hay oscuridad y mis pensamientos empiezan a salir a flote, es como si se encendiera el interruptor de pensar, todo lo que intente ocultar o guardar dentro del cerebro durante el día, empieza a consumirme.
Ahora que he decidido cortar cualquier lazo con él, puedo darme cuenta de que todo lo que yo sentía por él no era amor.
Cuantas veces no confundimos el amor con otros sentimientos similares, científicamente podemos confundir el amor del querer estar, pero son dos cosas totalmente diferentes, aunque el cerebro las llega a confundir, "querer estar" (el deseo de proximidad, compañía, validación o de evitar la soledad) y el "amor" (específicamente el apego y la vinculación profunda) comparten los mismos cimientos evolutivos y circuitos neuronales, lo que lleva a que el cerebro confunda fácilmente ambas sensaciones. Por lo que ambos estados se sienten intensos, uno está impulsado por la necesidad de la regulación emocional externa, para evitar el dolor y la otra requiere de una participación sostenida, las cuales genera una sensación de calma, seguridad a largo plazo y altruismo hacia el bienestar del otro, mi pregunta seria, ¿Cuál estás viviendo?
Cuando por fin pude salir de ese círculo me di cuenta que mi mente se auto convencía de que lo que sentía por XXX era amor, pero solo era una costumbre o un apego ansioso bajo la etiqueta de amor.
Esta no es una historia cualquiera.
Tampoco me tomaré el tiempo de describir, paso a paso, la relación que tuvimos. No voy a contar cómo nos conocimos, cómo nos enamoramos ni exactamente en qué momento todo comenzó a romperse.
Esta historia habla de algo más.
Habla de mis sentimientos. De todas aquellas veces en las que pude haberme detenido, dar la vuelta y alejarme, pero decidí quedarme una vez más. De las ocasiones en las que las señales estaban frente a mí y, aun así, elegí no verlas.
O quizá sí las veía.
Quizá sabía perfectamente que eran señales, pero prefería hacerlas a un lado. Bastaban unas cuantas palabras bonitas para convencerme de que todo estaba bien; palabras que me llenaban el corazón, calmaban mis pensamientos y me devolvían, aunque fuera por un momento, esa paz mental que poco a poco estaba perdiendo.
Y así fue como aprendí que, a veces, no ignoramos las señales porque no las vemos, sino porque no estamos preparados para aceptar lo que significan.
Esta no es la historia de cómo comenzó nuestro amor ni de cómo terminó.
Es la historia de todas las veces que supe que debía irme y, aun así, decidí quedarme.
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NO, NO ERAS MI OTRA MITAD
Non-Fiction¿CON CUANTOS PAROS CARDIACOS SE MUERE UN CORAZON?
