Prólogo

259 21 18
                                        

Draco Malfoy estaba acostumbrado a que las personas lo miraran.

Era algo inevitable cuando uno llevaba el apellido Malfoy.

Los estudiantes de Hogwarts conocían su nombre, su familia, su dinero y, sobre todo, su tendencia a hacer comentarios desagradables cuando se aburría.

Pero aquella noche había alguien que no parecía estar particularmente impresionado.

Draco lo observó desde el otro lado del Gran Comedor.

Viktor Krum.

El famoso buscador búlgaro estaba sentado entre los estudiantes de Durmstrang, rodeado de compañeros que hablaban animadamente mientras él permanecía bastante tranquilo.

Draco había escuchado historias sobre él durante años.

Krum era una estrella del Quidditch. Un jugador extraordinario. Alguien que había conseguido cosas que la mayoría de los estudiantes solamente podían soñar.

Y, por alguna razón que Draco todavía no comprendía, Viktor acababa de mirarlo.

Sus ojos se encontraron durante apenas unos segundos.

Draco levantó ligeramente una ceja.

Viktor no apartó la mirada.

Draco fue el primero en hacerlo.

No porque estuviera nervioso.

Por supuesto que no.

Simplemente había decidido que aquella mirada ya había durado suficiente.

-¿Qué miras? -murmuró Draco.

-A Krum -respondió Blaise, sentado junto a él.

-Ya sé que es Krum.

-Entonces sabes lo que estabas mirando.

Draco le lanzó una mirada asesina.

-Cállate, Zabini.

Blaise sonrió.

-Como quieras, rubio oxigenado

Draco volvió a mirar hacia la mesa de Durmstrang.

Viktor seguía allí.

Pero ahora estaba sonriendo ligeramente.

Draco frunció el ceño.

Aquello era extraño.

Muy extraño.

---

Más tarde, cuando el Gran Comedor comenzó a vaciarse, Draco salió junto con Blaise y Pansy.

Había avanzado apenas unos metros por el corredor cuando escuchó una voz detrás de él.

-Malfoy.

Draco se detuvo.

Se giró lentamente.

Viktor Krum estaba allí.

Solo.

Mucho más alto de lo que Draco había imaginado.

-¿Sí?

Viktor se acercó unos pasos.

-Tú eres Draco Malfoy.

-Eso dicen.

Viktor lo observó durante unos segundos.

-Te gusta Quidditch.

Draco parpadeó.

-¿Qué?

-Siempre estás hablando de Quidditch.

Draco cruzó los brazos.

-Naturalmente. Es un deporte mucho más interesante que la mayoría de las cosas que se hacen en este castillo.

Viktor asintió.

-También juegas.

-Sí.

-¿Buscador?

Draco sonrió orgullosamente.

-Por supuesto.

Viktor soltó una pequeña risa.

-Entonces tenemos algo en común.

Draco no supo qué responder.

Era extraño.

Había esperado arrogancia.

Había esperado que Viktor presumiera de su fama.

En cambio, parecía estar genuinamente interesado en hablar con él.

-Supongo que sí -respondió finalmente.

Viktor asintió.

Luego miró hacia el corredor.

-Buenas noches, Draco.

Y se marchó.

Draco permaneció inmóvil.

-...¿Draco?

Blaise apareció detrás de una columna.

Pansy estaba junto a él.

Ambos lo estaban mirando con expresiones sospechosamente divertidas.

Draco entrecerró los ojos.

-Ni una palabra.

Blaise levantó las manos.

-No he dicho nada.

-Pero lo estás pensando.

-Muchísimas cosas.

Pansy sonrió.

-Creo que le gustas.

Draco sintió que sus mejillas comenzaban a calentarse.

-No seas ridícula.

-No dije que fuera algo malo.

Draco miró hacia el lugar por donde Viktor había desaparecido.

Por primera vez, aquella noche, no tuvo ninguna respuesta ingeniosa.

Porque una pequeña parte de él estaba comenzando a preguntarse lo mismo.

¿Y si Viktor Krum realmente estaba interesado en él?

Draco todavía no sabía que aquella simple conversación sería el comienzo de algo que cambiaría por completo su vida.

Ni que, algún tiempo después, descubriría que detrás de la fama del campeón búlgaro había un hombre mucho más amable de lo que jamás había imaginado.

Y mucho menos sabía que Viktor Krum ya había tomado una decisión.

Quería conocer mejor al pequeño príncipe de Slytherin.

Aunque Draco todavía no estuviera preparado para admitir que él también quería conocerlo.

Entre Oro y Plata Stories to obsess over. Discover now