-¿Y si mejor vas tú y yo te espero aquí?- Diana reclinó el asiento del copiloto y me miró con un puchero
-Dijiste que entrarías conmigo- dije firme pero resignada a que no la haría cambiar de opinión
-Sí, pero fue antes de sentir el calor insoportable que hace afuera- nuevamente un puchero -además tú tienes más experiencia que yo haciendo el súper, confío en que harás buenas compras-
-Está bien, pero te toca preparar la cena- la obligué a cruzar su dedo con el mío sellando el trato con una pinky promise
Me bajé de la camioneta, tomé un carrito y entré al supermercado y aunque nunca me han gustado los aires acondicionados agradecí bastante no sentir el calor infernal de la ciudad. Comencé mi recorrido en el primer pasillo revisando cuidadosamente todos los productos para que no se me fuera a olvidar nada.
Nuestra estancia en Monterrey sería de 3 semanas, el motivo; la boda de nuestra mejor amiga Andrea, ella junto con Diana y yo conformamos el clan de las chicas super poderosas, nos conocemos desde preescolar e incluso cuando nos separamos en la universidad por nuestras distintas carreras nos seguimos frecuentando y después de vivir mil anécdotas en la infancia y adolescencia, estábamos a unas semanas de compartir uno de los momentos más especiales de la vida adulta con el que las tres soñábamos, una boda.
De las tres, podría asegurar que yo soy la menos afortunada en el amor, porque aunque sé exactamente lo que quiero y espero de un hombre no he podido encontrar al indicado, de tantos fracasos amorosos decidí rendirme y enfocarme más en mí misma y hasta el momento todo ha fluido muy bien. Aunque no voy a mentir sobre cómo me siento en ocasiones por considerar la posibilidad de no llegar a ser amada y es que por más infantil que parezca yo sí creo que allá afuera existe mi príncipe azul, ese caballero que llegará para ser mi compañero de aventuras y compartir toda la vida juntos.
Iba demasiado distraída con este pensamiento cuando de repente caí en cuenta que ya había recorrido la mitad del súper y mi carrito se encontraba vacío pero para no regresar decidí continuar y luego volver a los pasillos ignorados.
Diana y yo habíamos decidido no llevar nada de artículos de limpieza (solo maquillaje) para ocupar ese espacio con algo más de ropa y no viajar tan cargadas (no funcionó con ella), así que la lista de compras era algo larga. Además de que nos hospedamos en un AirB&B para estar más cómodas y prevenir una mala imagen en hoteles por nuestras posibles borracheras en las varias despedidas de soltera que planeamos para Andy.
Todo marchaba bien, hasta que llegué al pasillo de panes y cereales y vi que los anaqueles eran un poco más altos que el resto, para alguien que mide 1.60m eso representa un problema porque justo los que me gustan estaban hasta arriba. Miré a ambos lados del pasillo en busca de algún empleado que pudiera ayudarme pero justo en ese momento pude ver a un chico tomar la caja de cereal que quería con una facilidad envidiable.
-Disculpa- le hablé a su enorme espalda pero no hubo respuesta -disculpa- intenté de nuevo alzando un poco la voz y tocando su brazo
Él volteó asustado y noté que se encontraba hablando por teléfono, me sonrió y yo me quedé inmóvil. No es que no supiera de quien se trataba pero era raro verlo tan de cerca, su sonrisa era aún más linda que en los videos que había visto de él y sí que era demasiado alto, al menos para alguien con mi estatura
-Te llamo en un rato- colgó y me saludó con un hola demasiado entusiasta, su acento regio me derritió por dentro
-Eres Gael- me miró extrañado y caí en cuenta que había hablado en susurro -Disculpa- le sonreí -¿eres Gael, el chico del podcast?- le tendí la mano para saludarlo
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El indicado
FanfictionY justo cuando dejas de buscarlo, el amor llega por sí solo y te hace entender por qué no funcionó con nadie más. De repente, llega a tu vida esa persona que siempre habías buscado y con quien no tienes que pretender, alguien con quien puedes ser t...
