Gabi trotaba por el pavimento agrietado del lote vacío, la mochila rebotándole contra el hombro. El sol de la mañana apenas lograba abrirse paso entre la neblina, dejando franjas anaranjadas y alargadas sobre el asfalto.
El carro esperaba al borde del lote, negro y bajo, con las ventanas polarizadas. Los demás ya estaban adentro. Iban camino al ensayo.
Gabi se acercó al carro, pero se detuvo cuando algo le llamó la atención. Una señora mayor estaba parada cerca del borde del lote, con las manos temblando y el rostro contraído de furia. Su voz se quebraba y se escuchaba en el aire de la mañana.
"¡Fuera! ¡Sal de ahí!" gritó. "¡Fuera! ¡Fuera!"
Sus ojos estaban desorbitados. No lo miraban a él, exactamente, no de forma personal, sino al carro. Su mirada atravesaba el vehículo negro como si fuera algo vivo.
Gabi se quedó helado. El corazón le dio un salto.
"¿Qué...? " susurró para sí, sin saber si ella le hablaba a él o simplemente hacia él.
Sus gritos no cesaban.
"¡Vete! ¡Vete! ¡VETE!"
Se acercó más, agitando un bastón, gritando como si pudiera empujar el carro con la fuerza de su voz. Se le erizaron los pelos de la nuca.
Miró el carro. Los vidrios polarizados no ofrecían ningún consuelo. El chofer apenas giró la cabeza, con la mirada al frente, profesional.
El estómago de Gabi se retorció. Una parte de él quería darse la vuelta, alejarse, correr y gritarle de vuelta. Respiró hondo. Despacio, caminó hacia el carro, con los hombros encorvados. La voz de la señora volvió a subir, cruda y desesperada.
"¡Fuera! ¡Fuera de aquí!"
Gabi entró en silencio, cerrando la puerta detrás de él. La puerta hizo clic al cerrarse, sellando la mañana, y su voz, afuera.
Miró por el pequeño espacio del vidrio polarizado una vez más. Ella seguía sacudiendo el bastón hacia el vehículo, gritando todavía, incluso cuando el motor rugió y el carro arrancó.
Gabi se hundió en el asiento. Drew lo miró de reojo, sus ojos encontrándose.
"¿Estás bien?" preguntó en voz baja, con un hilo de preocupación en el tono.
Gabi asintió, forzando una sonrisita firme.
"Sí... sí, solo... fue incómodo. Nada más" respondió, con la voz tranquila, casi normal.
*
El estudio de ensayo quedaba en el cuarto piso de un edificio que olía a alfombra industrial y aire reciclado en el ascenso, pero que se abría, arriba, a algo casi agradable: ventanales altos a lo largo del muro este dejaban entrar la luz de la mañana en franjas largas y limpias que caían sobre el piso de madera. Espejos cubrían la pared de enfrente de techo a piso, duplicando el salón y a todos los que estaban en él. Al fondo, una pizarra blanca tenía el horario del día en letras de molde calentamiento, circuito de cardio, entrenamiento vocal, trabajo de piso, y debajo, el entrenador estaba de pie con su tablilla ya abierta, leyendo algo, todavía sin levantar la vista.
Drew llegó, saludó al entrenador, acomodó una de las colchonetas hacia un lado y trabajaba en una secuencia lenta de estiramiento en la esquina más cercana a los espejos, metódico, como alguien que llevaba tanto tiempo haciéndolo que ya no requería pensar. Su teléfono estaba bocabajo en el piso junto a su botella de agua.
Kenneth entró con la mochila medio cerrada y un tecladito de juguete en las manos, de esos que venden en tiendas de turistas y pasillos de juguetería, apenas de diez centímetros de ancho, cada teclita diminuta soltando un tono plástico y delgado al presionarla. Saludó al entrenador y se sentó en la banca junto a la pared lateral y siguió presionando las teclas sin ninguna secuencia particular, no exactamente una melodía, solo una sucesión tranquila y sin prisa de notas, el pulgar moviéndose por las teclitas con la misma calma que ponía en casi todo. Miró a Drew. Drew lo miró de vuelta. Ninguno dijo nada.
Alejandro entró con el teléfono en ambas manos y la mandíbula apretada de esa forma particular que significaba que una conversación no iba bien. Los pulgares le volaban. Cruzó hacia su lugar cerca de la barra central sin mirar a nadie, escribió algo, esperó, escribió algo más, y luego se quedó muy quieto por un momento leyendo lo que sea que le habían respondido. Después bloqueó la pantalla y metió el teléfono en la mochila en un solo movimiento, suave y deliberado, y se enderezó y saludó justo cuando el entrenador se dio la vuelta con la tablilla en alto.
Kauê venía detrás de él, todavía amarrándose el pelo hacia atrás mientras entraba por la puerta.
Gabi llegó dos minutos más tarde porque había tomado una pausa para ir al baño. Llego cantando. No una de sus canciones, algo más viejo, más suelto, algo bajo y ondulante que claramente iba inventando sobre la marcha en cuanto a compromiso, la mitad de las palabras masculladas, el coro sonando con más confianza que las estrofas. Era Elvis, o su versión de Elvis, del tipo que produce alguien que conoce el sentimiento de una canción mejor que su letra exacta. Empujó la puerta con un hombro, la mochila balanceándose, todavía cantando, y solo se detuvo cuando notó que Kenneth lo miraba fijo. Se quedaron mirándose un momento, incómodos, antes de que Kenneth soltara la carcajada.
"Bueno" ladró el entrenador, tablilla en mano. "Vueltas completas. Cantando. No se me atrasen. Respiren bien."
"Notas altas, notas bajas, yo nomás voy... "Gabi se lanzó a una imitación burlona de la parte de Alejandro en su último tema, exageradamente desafinado y arrastrando el ritmo "...¡pero BABY I'M LATINOoOoOOooOooo~!"
Alejandro se rio.
"Eres un caso, causa."
El entrenador, siempre con calma, se acercó a los muchachos y les ajustó las correas de la mascara, un diseño negro y elegante sobre la nariz y la boca.
"La van a necesitar " dijo secamente, pero sin ninguna malicia, solo con autoridad práctica. "Y dejen de burlarse, esto es entrenamiento cardiovascular para control de respiración."
Las caminadoras se encendieron con un zumbido mecánico bajo.
Uno por uno, los cinco subieron.
Las bandas empezaron a moverse más rápido.
Se pusieron a correr.
Las mascarillas siseaban suavemente con cada inhalación, un sonido rítmico extraño que se mezclaba con el golpeteo de sus pies sobre las máquinas. El oxígeno les llenaba los pulmones con un aire que se sentía a la vez poderoso y exigente, forzándolos a controlar cada respiración con cuidado.
Drew se movía como un metrónomo. La mascarilla se le inflaba con cada respiración, el pecho subiendo en un movimiento suave y controlado. Su voz, incluso filtrada por la mascarilla, mantenía el tono correcto.
Para la tercera vuelta, el sudor les empapaba las camisas, las mascarillas pegadas a la piel húmeda. El entrenador gritaba instrucciones sobre mantener el tono, sostener las notas mientras corrían, pasar a escalas a mitad de carrera. Sus voces subían y bajaban mientras corrían, obligando a sus cuerpos a equilibrar el esfuerzo con el control.
Para la quinta vuelta, las piernas les ardían, el corazón les latía con fuerza, los pulmones llenos de aire presurizado.
Por fin, las caminadoras redujeron la velocidad.
"Bájense" ordenó el entrenador.
Bajaron, con las piernas temblando, sudor goteándoles de la barbilla. Pero no hubo descanso.
"Circuito de piso."
Se dejaron caer sobre las colchonetas de entrenamiento.
Primero vinieron las lagartijas, cada movimiento hacia abajo emparejado con notas largas y sostenidas que vibraban por el salón. Luego sentadillas mientras corrían escalas vocales rápidas, sus voces saltando entre tonos mientras los muslos les temblaban.
Por último, planchas.
Los cinco se apoyaron sobre los antebrazos, los cuerpos rectos sobre las colchonetas.
"Escalas " dijo el entrenador otra vez.
Sus voces empezaron a subir y bajar en intervalos constantes.
Gabi, tirado en posición junto a Alejandro, todavía se las arregló para poner los ojos en blanco hacia él, nomás pa' molestarlo. Kenneth, a su lado, se rio bajito dentro de la mascarilla. Hasta con las mascarillas puestas, los músculos ardiendo, encontraban maneras de picarse.
Al final del día, empapados de sudor y agotados, Gabi se dejó caer al piso con un suspiro dramático. Alejandro se agachó junto a él, negando con la cabeza. El estudio olía tenuemente a sudor y desinfectante. El sol entraba a raudales por los ventanales altos, pero el aire adentro estaba pesado de calor. Drew y Kenneth se quitaron las mascarillas, controlados pero visiblemente cansados.
Gabi rodó sobre su espalda, mirando el techo.
"Ustedes... no me pueden seguir el paso."
Alejandro se rio, jadeando.
"Ya veremos mañana."
El entrenador dio su ronda final por el salón de la forma en que siempre lo hacía después de una sesión dura, sin apuro, sin aspavientos. Se detuvo primero con Kenneth, le dijo algo en voz baja, una corrección pero no una crítica, del tipo de comentario que significaba puedes hacerlo mejor y no lo hiciste mal. Kenneth asintió una vez, absorbiéndolo.
Se movió hacia Kauê después, le dio una palmada en el hombro con la mano abierta, sólida y breve. No hacía falta nada más.
Alejandro recibió una mirada, del tipo que significaba ya sabes lo que te voy a decir, y Alejandro dijo "ya sé, ya sé" antes de que el hombre abriera la boca, y el entrenador soltó un sonido que era casi una risa, negó con la cabeza, y siguió caminando.
Se paró frente a Drew al final y se metió la tablilla bajo el brazo. Drew levantó la vista. El entrenador le extendió el puño. Drew lo chocó sin dudar, una sonrisita tirando de la comisura de su boca.
"Buen trabajo hoy" dijo el entrenador. Lo cual, viniendo de él, significaba algo.
Después se volteó hacia Gabi, todavía en el piso, y lo miró un momento.
Gabi lo miró de vuelta.
"No estoy muerto."
"Ya sé" dijo el entrenador. "Estarías más callado."
Recogió su bolso de la silla junto a la puerta y se fue, el pestillo haciendo clic al cerrarse. Por un momento nadie habló.
Gabi seguía en el piso.
Alejandro estaba sentado con la espalda contra el espejo, las rodillas dobladas, la cabeza recostada contra el vidrio. Tenía los ojos cerrados. Una toalla húmeda le colgaba de un hombro.
Kenneth había llegado hasta la banca junto a la pared. Su botella de agua estaba parada a su lado, sin tocar.
Drew llegó a una silla. Se sentó de lado en ella, las piernas colgando por encima de un brazo, pasando el dedo por el teléfono con la vacía concentración de alguien que en realidad no está leyendo nada.
Kauê estaba recostado contra la pared cerca de la puerta, con los brazos cruzados. Eso estaba bien. Era una de esas cosas de este grupo en particular que Kauê había notado desde temprano y nunca había dicho en voz alta: podían quedarse callados juntos sin que se volviera un problema. Algunos grupos no podían. Algunos grupos necesitaban ruido para llenar el espacio o si no algo empezaba a agriarse. Estos cinco no tenían ese problema.
Fue Gabi quien rompió el silencio, al final. Siempre era él.
"Necesito comida" dijo, hacia el techo.
"Sí" dijo Alejandro, sin abrir los ojos.
"Como. Comida de verdad." Gabi se quitó el brazo de la cara y miró el techo con abierta hostilidad, como si le hubiera fallado personalmente. "No una barra de proteína. Comida."
"Hay arroz en el dormitorio" dijo Kenneth.
Una pausa.
"No voy a cocinar arroz ahorita."
"Yo lo cocino."
Gabi giró la cabeza en el piso para mirar a Kenneth.
"Te va a quedar quemado."
Drew levantó la vista del teléfono.
"Sí quedó un poco quemado la última vez" dijo.
Kenneth lo señaló.
"Te comiste dos platos."
"Estaba quemado y tenía hambre. Las dos cosas eran verdad."
"Oxxo" dijo Gabi.
"Mmm."
"Hay uno a dos cuadras."
"Ya sé que hay uno a dos cuadras. "dijo Ale
"Entonces."
Alejandro por fin abrió los ojos. Miró el techo un momento, como haciendo un cálculo. Luego miró de reojo a Gabi, todavía en el piso.
"En un minuto" dijo.
Gabi soltó un sonido que no era del todo acuerdo ni del todo queja. Se volvió a poner el brazo sobre los ojos.
Kauê se movió contra la pared, descruzando y volviendo a cruzar los brazos. Estaba observando a Kenneth sin querer, la forma en que las manos de Kenneth se habían quedado quietas entre sus rodillas, la forma en que seguía mirando fijo ese mismo punto en el piso. Había algo en su rostro que Kauê no lograba nombrar, algo más callado que cansancio.
"Oye" dijo Kauê.
Kenneth levantó la vista.
"¿Estás bien?"
Kenneth parpadeó, como si la pregunta hubiera llegado desde un poco más lejos de lo que en realidad estaba. Luego asintió, despacio.
"Sí. "Una pausita. "Nomás pensando."
"¿En qué?"
Kenneth consideró esto con más seriedad de la que probablemente merecía la pregunta.
"En si le devolví la llamada a mi mamá" dijo por fin.
"Pues llámala."
"Voy a llamarla. "Volvió a mirar el piso. "Al rato. Le gusta hablar más tiempo del que tengo ahorita."
Kauê asintió.
Drew había dejado de fingir que miraba el teléfono. Ahora miraba la ventana, la luz de la tarde entrando en paneles largos y aplanados, tiñendo de un ámbar tenue el sudor sobre las colchonetas. Tenía una expresión que Kauê reconocía como su cara de estar pensando, casi idéntica a su cara de descanso pero con algo levemente distinto pasando alrededor de los ojos.
"¿Les puedo preguntar algo?" dijo Ale.
"No" dijo Gabi, desde debajo de su brazo. "Sí, obvio, adelante, te escucho."
Ale siguió mirando la ventana.
"¿Ustedes creen que somos buenos de verdad? " dijo. "O sea. De verdad."
El cuarto se quedó callado un segundo.
"¿En qué? " dijo Drew.
"En esto. " Ale hizo un gesto vago, que en contexto significaba todo.
Gabi se quitó el brazo de la cara. Miró el techo por un momento.
"Sí " dijo Gabi.
Drew lo miró.
"Lo digo en serio "dijo Gabi. "Creo que somos bien buenos." Hizo una pausa." Creo que Kenneth es el mejor cantante que he escuchado en persona. Como que me dan ganas de ser mejor solo por pararme a su lado." Lo dijo casual ." Y creo que Drew podría cargar un escenario solo si tuviera que hacerlo y nadie se sentiría estafado." Se puso el brazo de vuelta sobre los ojos. "Y creo que a Alejandro lo van a recordar."
Alejandro se había quedado muy quieto contra el espejo.
"Eso no es verdad " dijo, en voz baja.
"Puede que sí".
"No es como yo lo quiero."
" No es algo malo. Te estoy diciendo lo que pienso de verdad." Sin ningún filo en la voz.
Alejandro no respondió. Estaba mirando el costado de la cara de Gabi, el brazo sobre los ojos, la calidad particular de la quietud de alguien que acaba de decir algo verdadero y lo ha dejado ahí, sin necesitar respuesta.
Después apartó la mirada.
"¿Y Kauê?" dijo Kenneth.
"Kauê ya lo sabe" dijo Gabi.
Kauê frunció el ceño.
"¿Sé qué?"
Gabi levantó una esquina del brazo y lo miró desde abajo, un ojo visible.
"Que tú eres el que mantiene todo esto unido." Dejó caer el brazo de vuelta. "Solo crees que nadie se ha dado cuenta."
Kauê no dijo nada porque genuinamente no sabía qué decir. Él no era, por regla, alguien que se ponía nervioso. Pero algo en la sinceridad plana de eso, en la ausencia total de teatralidad en cómo lo había dicho Gabi, como si estuviera demasiado cansado para ser otra cosa que honesto, le llegó a un lugar que no esperaba.
Drew le sonreía a la ventana.
Kenneth había levantado la vista del piso.
Kauê los observaba a todos, pensando en la energía incansable de Gabi, la precisión calmada de Drew, la competitividad callada de Kenneth, el florecimiento teatral de Alejandro.
"Bueno" dijo Kauê, al fin.
"Bueno" concordó Gabi.
Otro silencio, pero distinto del primero. Más cálido.
Después Alejandro agarró su toalla y se paró en un solo movimiento, y miró a su alrededor a todos ellos.
"Oxxo" dijo.
Gabi se sentó de golpe.
"Al fin."
Dejaron las mochilas. No planeaban tardarse. Drew sostuvo la puerta del estudio abierta y el aire de la tarde entró desde el pasillo, más fresco que el cuarto, cargando el vago olor a piso encerado del edificio y, en algún lugar lejano, la merienda de alguien más.
Bajaron por las escaleras en vez del elevador porque Gabi dijo que necesitaba probar que sus piernas todavía funcionaban, y luego se pasó todo el descenso quejándose de sus piernas. Alejandro se había adelantado de alguna forma y ya estaba abajo, con las manos en los bolsillos, esperando.
La calle afuera estaba ruidosa. Carros. Un vendedor. Dos chamacos en una esquina mirando un teléfono. El letrero del Oxxo zumbaba verde y rojo a media cuadra, exactamente donde siempre estaba.
Caminaron hacia allá de la forma en que caminaban a todos lados juntos, un poco desparramados, un poco demasiado ruidosos, ocupando más de la acera de lo estrictamente necesario.
"Yo nomás digo" dijo Gabi, "que una michelada es técnicamente una bebida de desayuno."
"Tiene cerveza" dijo Kenneth.
"Tiene jugo de tomate. El tomate es una fruta. La fruta es desayuno."
"Eso no" Kenneth miró a Gabi. "Eso no es como funciona."
Gabi contó con los dedos.
"El limón solo ya cubre por lo menos dos grupos alimenticios."
"¿Cuáles dos grupos alimenticios?"
"El grupo cítrico y el" Gabi hizo una pausa. "El otro."
Drew soltó un sonido que no era del todo una palabra. Tenía ambas manos en los bolsillos y miraba la acera con la expresión particular de alguien esforzándose mucho por no darle cuerda a esto.
"Te estás riendo" dijo Kenneth.
"No" dijo Drew.
"Estás poniendo la cara."
Drew se rio de verdad entonces, de golpe y sin poder evitarlo, y una señora que pasaba caminando los miró de reojo, y Kenneth señaló a Gabi como diciendo este, este es el problema, y Gabi le devolvió la mirada con una expresión de completa inocencia, lo cual lo empeoró todo.
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SOLARIS
FanfictionEn el agitado mundo de la industria del pop latino, cinco jóvenes intérpretes están a punto de dar el gran salto. Unidos por una ambición compartida, un entrenamiento agotador y el tipo de amistad que solo se forja bajo la presión de la fama tempran...
