—¡¡¡OYEEEEEEEEEEE!!! ¡¿BWAAAAAAAH?! Un momento, bueno, ¡ya! —exclamé mientras arreglé el traductor—. Bwah..., ahhh..., ¿probando? ¿Ahora? ¿Por qué suena como mujer? Bueno, en fin, si me deja hablar me tendré que conformar.
La cámara se puso roja. Perfecto, estaba grabando.
—¡Bwah, bwaaaah! Vamos, ¡funciona bien, maldita inteligencia artificial!
Le di un puñetazo al trasto.
—¡¿HOLAAAA?!, ¡¿HOLAAAAAAA?! Bien, creo que no habrá más problemas —suspiré, aliviado.
Me encerré en el laboratorio lo más deprisa posible, bloqueando la puerta con muchas cosas que tenía a mano.
—Perfecto. A ver..., déjame explicar —me encantaba verme elegante agarrando el megáfono traductor mientras hablaba al micrófono—. Bien, quiero hablar de la vida de mierda de nuestra... ahh, ¿de... nuestra qué? Mira, ¡coño, que se ha olvidado!
—¡Abre la puerta, cabrón!
—Mierda. ¡Fin de transmisión! ¡Apaga, joder!
No recordaba cómo apagarlo así que le di una patada. Arreglado.
—¡Abre de una buena vez, gilipollas!
—¡Deja de aporrear mi puerta!
«Guau. Suena la traducción desde la puerta. Interesante».
Escuché que los golpes pasaron a patadas.
—¡Para, maldita sea! —grité—. ¡¿Qué quieres de mí?!
Odiaba su voz ronca. Siempre. Era tan viejo que daba náuseas.
—¡¡ME CAGO EN TUS MUERTOS!! ¡¡¡QUE PARES DE DARLE A LA PUTA PUERTA!!!
Odiaba usar ese vocabulario, pero me levanté temprano y estaba enfadado. De hecho, para los demás, tener esa porquería de boca era lo normal. A mí me parecía súper feo y no me daba gracia. Odio con fuerza las multitudes, sus formas de hacer las cosas como si sus cabecitas fueran esponjas que absorben TODO LO QUE EL RESTO HACE: tendencias, bailes (como el que se hizo viral ayer por culpa de los estúpidos Rabbids femboys que bailaban como retrasados) y yo ni siquiera tengo un teléfono, que va, lo robo de vez en cuando para intentar comunicarme sin éxito con Alice, la chica que me hizo ser lo que soy, ¡aunque me haya dolido mucho cuando me electrocutó por accidente! Lo recuerdo con humor a pesar de todo. Prefiero ser diferente.
Aún sigo buscando a mi hija robot, que hice el mismo día que conocí a Alice. Las quiero muchísimo.
—¡Abre!
—¡¿Qué quieres de mí?!
—¡Sé que lo tienes, coño!
—¿El qué?
—¡El traductor! No soy tonto, MR, ¿piensas que sé hablar español?
Estaba atrapado. Ninguno de los dos sabía y parecíamos expertos según los audios.
—Mierda, no puedo seguir aquí. En algún momento tendré que salir a comer o al baño, maldita sea. ¡Bwahjá! —levanté un dedo, inspirado, me di la vuelta y vi la lavadora temporal escondida detrás del frigorífico rojo.
—A ver si esta cosa funciona —la retiré del cable conectado al frigorífico para empatar energías—. A ver, el cable, este otro... ¿encendido?
Mi pequeño dedo tocó el botón de encendido.
—¡Anda! ¡De aúpa!
Abrí el tambor del invento, pero escuché que algo se rompió y no era la lavadora...
—¡Devuélvelo!
—¡PUTA MADRE, MI PUERTA!
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Incontrolable
FanfictionEl Profesor Barranco tiene un odio irracional a la Tierra; tanto que ha creado un ejército para hacerla pedazos, pero no sabía que se iba a enamorar de un tonto de remate, que tenía una vibra, a parte, un poco parecida a la suya.
