Admitiendo

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El centro de entrenamiento de la NASA estaba casi vacío aquella tarde. La misión se acercaba y el equipo llevaba semanas sometiéndose a simulaciones cada vez más exigentes.

Christina estaba al otro lado del cristal, revisando junto al equipo de ingeniería los datos de la última prueba. Reid intentaba concentrarse en su panel, pero cada pocos segundos sus ojos terminaban buscándola.

Jeremy lo notó.

Victor también.

—Otra vez —murmuró Jeremy.

Reid frunció el ceño.

—¿Otra vez qué?

Victor soltó una pequeña risa.

—Mirándola.

—No estoy mirando a nadie.

Jeremy levantó una ceja.

—Reid, llevas diez minutos mirando el mismo monitor apagado.

Reid bajó la mirada y se dio cuenta de que, efectivamente, ni siquiera había encendido la pantalla.

—Estoy cansado.

—Claro —respondió Victor—. Y casualmente cada vez que Christina pasa por aquí te olvidas de respirar.

Reid negó con la cabeza, intentando contener una sonrisa.

—Ustedes dos deberían concentrarse en el entrenamiento.

—Nos estamos concentrando —dijo Jeremy—. En ti.

Victor dejó los guantes sobre la mesa y se cruzó de brazos.

—Vamos, Reid. ¿Qué está pasando?

Reid guardó silencio.

Durante unos segundos solo se escucharon los sonidos de los equipos de entrenamiento.

Finalmente, suspiró.

—Me gusta.

Jeremy y Victor se miraron.

—¿Te gusta? —repitió Jeremy.

Reid asintió lentamente.

—Christina.

Victor sonrió.

—Eso ya lo sabíamos.

Reid lo miró sorprendido.

—¿Cómo?

—Porque eres bastante malo ocultándolo.

Jeremy se acercó un poco.

—¿Desde cuándo?

Reid observó a Christina a través del cristal. Ella estaba hablando con una ingeniera y señalando los datos de la simulación. Parecía completamente concentrada.

—No sé exactamente cuándo empezó —admitió—. Al principio solo quería que estuviera bien preparada para la misión. Después empecé a preocuparme por ella incluso cuando no estábamos entrenando.

Jeremy sonrió.

—Eso suena serio.

—Lo es.

Reid bajó la voz.

—Cuando está cerca, quiero saber si está bien. Si comió. Si descansó. Si algo le preocupa. Y cuando tiene un mal día... no sé, siento que necesito estar ahí.

Victor asintió lentamente.

—Estás enamorado.

Reid se quedó callado.

La palabra parecía demasiado grande para decirla en voz alta.

Pero después de unos segundos, finalmente la pronunció.

—Sí.

Jeremy sonrió.

—Entonces estás enamorado de Christina.

Reid soltó una pequeña risa nerviosa.

—Sí. Estoy enamorado de ella.

Los tres permanecieron en silencio durante unos segundos.

—¿Y ella lo sabe? —preguntó Victor.

Reid negó con la cabeza.

—No.

—¿Piensas decírselo?

Reid miró nuevamente hacia el cristal.

Christina acababa de terminar su conversación y caminaba hacia ellos.

—Algún día —respondió.

Jeremy le dio una palmada en el hombro.

—Más te vale.

Christina entró en la sala y los miró a los tres.

—¿Qué están tramando?

Victor respondió inmediatamente:

—Nada.

Jeremy añadió:

—Absolutamente nada.

Christina entrecerró los ojos.

—Eso sonó sospechoso.

Reid intentó mantener la compostura.

—Estábamos hablando de la simulación.

Christina lo observó durante unos segundos.

—Bien. Porque tenemos otra prueba en veinte minutos.

—Perfecto —respondió Reid.

Ella sonrió brevemente y comenzó a caminar hacia los equipos.

Reid la siguió con la mirada.

Jeremy se inclinó hacia Victor y susurró:

—Está perdido.

Victor sonrió.

—Completamente.

Reid los escuchó.

—Los dos siguen hablando y los dejo haciendo el entrenamiento solos.

—Ya, ya —dijo Jeremy entre risas.

Reid negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír.

Por primera vez, había admitido en voz alta aquello que llevaba semanas intentando esconder.

Estaba enamorado de Christina.

Y, aunque todavía no sabía cómo decírselo, sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo.

Cuando dos estrellas se encuentranHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora