Una noche, mientras Helios contemplaba la humanidad que había creado, Zuen observó desde las sombras.
Durante siglos había permanecido junto a su hermano, ayudándolo a crear mundos, estrellas y formas de vida. Pero algo había cambiado dentro de él.
El afecto que alguna vez sintió por Helios se había transformado en resentimiento.
Y aquel resentimiento terminó convirtiéndose en odio.
Zuen no podía aceptar que aquellos seres inferiores hubieran recibido algo que, según él, solo pertenecía a los celestiales: conciencia, inteligencia y poder.
-¿Por qué ellos? -preguntó Zuen, mientras observaba a los humanos desde lo alto-. ¿Por qué entregarles una parte de nuestro poder?
Helios no respondió.
Zuen apretó los puños.
-Nosotros somos los creadores. Ellos son nuestras criaturas. No tienen derecho a poseer lo que nos pertenece.
Aquella noche, Zuen tomó una decisión que cambiaría para siempre el destino de la creación.
En un rincón apartado de Edén, reunió parte de su propio poder y comenzó a crear.
De las sombras nacieron los demonios.
De la tierra surgieron enormes gigantes.
De las almas corrompidas creó espectros.
Y de la unión de la fuerza bestial y la inteligencia creó a los minotauros.
A diferencia de las criaturas de Helios, aquellas creaciones no habían nacido para coexistir con el mundo.
Habían nacido para destruirlo.
Zuen levantó una mano y pronunció una sola orden:
-Destruyan a la humanidad.
Las criaturas obedecieron.
Aquella misma noche comenzó la masacre.
Los demonios descendieron sobre las ciudades humanas, los gigantes arrasaron aldeas enteras y los espectros se deslizaron entre las sombras, sembrando terror.
Los humanos utilizaron los dones mágicos que Helios les había otorgado y lucharon desesperadamente por sobrevivir.
Pero aquello apenas era el comienzo.
Desde el firmamento, Helios observó horrorizado cómo su creación era destruida.
Por primera vez desde que había creado las estrellas, sintió algo que jamás había experimentado.
Miedo.
No por sí mismo.
Por sus hijos.
Helios descendió sobre Edén dispuesto a intervenir.
Pero antes de que pudiera hacerlo, Zuen apareció frente a él.
-No interfieras.
Helios lo miró con incredulidad.
-Estás destruyendo nuestra creación.
-No. -Zuen respondió con frialdad-. Estoy corrigiendo tu error.
Helios cerró los puños.
-Ellos no son un error.
-Son inferiores.
-Son libres.
Zuen guardó silencio durante unos segundos.
Entonces recordó el juramento que ambos habían hecho milenios atrás.
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Los Guardianes
AksiyonLos Guardianes Antes de que existiera el mundo, cuatro fuerzas primordiales dieron origen a seres capaces de controlar los pilares de la existencia: Luz, Oscuridad, Tiempo y Espacio. Siglos después, esos poderes despiertan nuevamente dentro de cuatr...
