CONVOCATORIA
—MEMO POV—
Para mí, las convocatorias de la Selección habían dejado de ser una sorpresa hacía muchos años.
Eso no significaba que fueran menos importantes.
Cada vez que llegaba una, había una sensación particular que aparecía en el pecho. Una mezcla de orgullo, responsabilidad y, quizá, un poco de nostalgia. Porque por mucho tiempo que hubiera pasado, todavía podía recordar perfectamente lo que se sentía recibir una de las primeras.
El nerviosismo.
La emoción.
Las ganas de demostrar que merecías estar ahí.
Con los años había aprendido a recibir esas noticias de otra manera. Ya no necesitaba leer una lista varias veces para asegurarme de que mi nombre estuviera ahí. Sin embargo, la sensación de representar nuevamente a México seguía siendo igual de especial.
Aquella mañana me encontraba en las instalaciones del América cuando uno de los miembros del club me avisó que habían recibido documentación de la Federación Mexicana de Fútbol.
No tuve que preguntar demasiado.
—¿La Selección?
—Sí. Acaba de llegar.
Asentí.
—Gracias.
Seguí al encargado hasta una de las oficinas y recibí la carpeta con la documentación oficial.
La comunicación había llegado primero al club, como correspondía al procedimiento. Ahí estaban las fechas de concentración, los detalles de la logística y toda la información que necesitaba el América para coordinar mi liberación.
La abrí sin demasiada prisa.
Había aprendido que las cosas importantes no necesitaban que uno corriera.
Aunque, en el fondo, sabía perfectamente qué estaba buscando.
La lista.
Pasé las primeras páginas hasta encontrarla.
Comencé a leer los nombres.
Algunos me resultaban familiares.
Otros pertenecían a jugadores con los que ya había compartido procesos anteriores.
También reconocí varios nombres jóvenes.
Jugadores que estaban comenzando a vivir lo que significaba formar parte de una concentración de esta magnitud.
Seguí bajando la mirada.
Y entonces encontré un nombre que consiguió que mi expresión cambiara.
Sofía Ochoa.
No estaba en la lista de futbolistas.
Aparecía dentro del equipo de comunicación.
Fotógrafa y creadora de contenido.
Sonreí.
Mi hija.
Sabía que por su trabajo y posición, existía una probabilidad de que estuviera.
Habíamos hablado de ello.
Aun así, verla escrita oficialmente en aquella documentación me produjo una sensación difícil de explicar.
Mi hija iba a formar parte del Mundial.
No desde la cancha, pero sí desde su propio trabajo.
Y eso me hacía sentir orgulloso.
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Una atajada al corazón
FanfictionCarlos Acevedo siempre había tenido un referente bajo los tres palos. Guillermo Ochoa. Durante años lo admiró desde lejos, viendo sus partidos, estudiando sus atajadas y soñando algún día con compartir una cancha con él. Nunca imaginó que ese sueño...
