Parte 1 Sin Título

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En los pasillos de la prestigiosa Academia Crestview, las jerarquías lo son todo. Sin embargo, la regla no escrita de los Alfas se rompe cuando Vivian Hugo y Bunny Iglesias coinciden en el mismo año. Hugo es el heredero perfecto: serio, callado, letalmente dominante y de una presencia que exige sumisión sin decir una sola palabra. En el extremo opuesto está Bunny: un Alfa excéntrico, provocador, extrovertido y con una extraña cicatriz en el ojo que aleja a los débiles. Todos esperan una guerra de poder, pero entre ellos dos, el choque de feromonas esconde una atracción peligrosa. En un mundo diseñado para competir, Bunny está decidido a provocar al Alfa más frío de la academia... hasta conseguir que pierda el control.

El uniforme de la Academia de Élite siempre le había parecido aburrido a Bunny Iglesias, así que se aseguraba de llevarlo a su manera. Con la camisa blanca ligeramente desabrochada y una corbata floja, caminaba por el pasillo principal disfrutando de los murmullos. La gente solía mirarlo con una mezcla de fascinación y desconfianza; su actitud extrovertida y esa peculiar marca en forma de estrella en su ojo lo hacían ver "raro" ante los estándares perfectos de la escuela. Pero a Bunny le importaba poco. Alzó dos dedos en forma de paz hacia un grupo de estudiantes, regalándoles una de sus sonrisas afiladas mientras sus ojos rojos escaneaban el lugar.

Entonces, sus feromonas de Alfa captaron un aroma denso, pesado y puramente dominante. Un escalofrío eléctrico le recorrió la columna.

Al final del pasillo, apoyado contra los casilleros, estaba Vivian Hugo.

Hugo vestía el uniforme de forma impecable. Su cabello rojo caía desordenado sobre sus ojos oscuros, fijos en la pantalla de su teléfono. No hablaba con nadie. No lo necesitaba; su sola presencia silenciosa irradiaba un aura de autoridad tan aplastante que los demás estudiantes mantenían una distancia prudencial. Era el Alfa dominante por excelencia: frío, calculador y completamente imperturbable.

Bunny ladeó la cabeza, fascinado. El instinto de cualquier otro Alfa sería retroceder o gruñir ante tal demostración de poder, pero Bunny era diferente. Sintió una punzada de excitación y ganas de jugar. Con pasos lentos y calculados, cruzó el pasillo hasta invadir por completo el espacio personal del pelirrojo.

Hugo ni siquiera levantó la vista del teléfono, pero el ligero tensar de sus hombros delató que había sentido la cercanía del aroma provocador de Bunny.

—Vaya, el príncipe de la academia se ve muy solo hoy —soltó Bunny con un tono cantarín y arrastrado, inclinándose un poco hacia él.

Hugo bloqueó la pantalla del teléfono con calma. Lentamente, elevó esos ojos oscuros y profundos, clavándolos en la mirada roja de Bunny. No había enojo en su rostro, solo una seriedad implacable que habría hecho temblar a cualquiera.

—Estorbas, Iglesias —respondió Hugo. Su voz era grave, baja y arrastrada, cargada con una sutil nota de mando que exigía obediencia—. Muévete.

Lejos de intimidarse, la sonrisa de Bunny se ensanchó. Se acercó un centímetro más, desafiando abiertamente la orden. Adoraba ver esa fachada seria y quería ser el único capaz de romperla.

—¿Y si no quiero? —provocó Bunny en un susurro, acortando la distancia entre sus rostros.

La respuesta de Hugo no se hizo esperar. No hubo advertencias ni palabras vacías. Con una rapidez felina que tomó a Bunny por sorpresa, Hugo soltó su teléfono, atrapó a Bunny por los hombros y lo empujó firmemente hacia atrás.

El impacto de la espalda de Bunny contra el metal frío de los casilleros resonó con fuerza en todo el pasillo. El murmullo de los demás estudiantes se cortó en seco; el silencio se volvió sepulcral mientras todos contenían el aliento.

Antes de que Bunny pudiera siquiera reacomodarse, Hugo dio un paso al frente, acortando cualquier espacio de escape. Apoyó una de sus manos pesadamente sobre el casillero, justo al lado de la cabeza de Bunny, atrapándolo por completo. El pelirrojo se inclinó hacia delante, obligando a Bunny a inclinar un poco la cabeza hacia atrás para mantenerle la mirada.

La presencia de Hugo se volvió asfixiante. Su aroma de Alfa dominante explotó en el aire, denso y cargado de una autoridad implacable que exigía sumisión absoluta. Cualquiera en el lugar habría caído de rodillas ante semejante presión, pero para Bunny, el efecto fue puramente eléctrico. Sintió cómo sus propias feromonas de Alfa intentaban responder al reto, pero al mismo tiempo, un estremecimiento de pura excitación le recorrió la columna al tener a Hugo tan peligrosamente cerca.

Hugo lo observó desde arriba, con esos ojos oscuros y gélidos fijos en la mirada roja del chico de la cicatriz. Su rostro no mostraba ira, sino una seriedad letal y calculadora.

—Te gusta jugar con fuego, Iglesias —dijo Hugo en un susurro grave, tan bajo que solo Bunny pudo escucharlo. Su voz vibró directamente en el oído del otro—. Pero no tienes idea de lo rápido que te puedes quemar. No me busques, porque si te encuentro, no te va a gustar cómo termina esto.

Bunny, con la respiración un poco más rápida debido a la intensidad del momento, no borró su sonrisa afilada. Al contrario, sus ojos brillaron con diversión salvaje. Estar acorralado por el Alfa más temido de la academia no lo asustaba; lo fascinaba.

—Pruébame, Hugo —retó Bunny en voz baja, ladeando la cabeza y dejando su cuello expuesto en un gesto peligrosamente provocativo—. Déjame ver qué pasa si me quemo.

Los ojos de Hugo se oscurecieron aún más, bajando por una fracción de segundo hacia los labios de Bunny antes de volver a su mirada. La tensión en el pasillo era tan alta que parecía que el aire iba a estallar.

kiss meHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora