La luz fría y tenue del planeta blanco postrado en el cielo que nos observa en las veladas lúgubres con sus pupilas tristes bañaba incluso hasta los más pequeños resquicios del cuarto, proyectando sombras agitantes que semejaban poseer vida. Mientras una forma escuálida reposaba sobre la cama envuelta en una manta rasgada por las manos del tiempo.
Los encorvados seres con ojos vacíos y de un tono apagado permanecieron vigilantes sobre la ventana del cuarto, expectantes ante el surgimiento del ente en extenso reposo, al emerger el asteroide amarillento, las criaturas hambrientas retornaron a su mundo de penumbras donde yacen impacientes e impotentes.
Con la presencia de la colosal esfera abrasadora, la figura recostada, pausadamente y con movimientos toscos finalmente se irguió dejando ver a través de la tela desgastada lo que aparentaba ser un humano. Aunque su silueta simulaba más bien a la de una rama quebradiza, su rostro era impasible y con cicatrices capaces de narrar historias con solo contemplarlas.
Observó con desconcierto su entorno, paredes carcomidas por eras de abandono y tomó rumbo a la ventana con escasos fragmentos de cristales colgantes, extendió su alargado cuello por sobre el marco de madera y analizó minuciosamente el exterior inhabitado.
Las descomunales edificaciones de hierro obstruían el paisaje del horizonte, impidiendo contemplar lo existente en el más allá. Algunas de estas imponían un aspecto frío, insensible y monótono, se erguían en dirección a puntos inalcanzables de divisar por el ojo humano del pálido ser.
Al adentrar su cabeza el cambio drástico de iluminación nubló su visión por un leve instante, en el cual apenas pudo avistar una hoja de papel doblada en varios pliegues arriba de una destartalada mesa de luz.
Entre tropezones y con un caminar descuidado, alzó el pequeño papel amarilloso, lo desenrolló hasta poder distinguir lo que era una nota, la tinta gastada y la degradación de la hoja apenas permitían leer su contenido:
"Por ahí oí que el alba cubre de plata los prados.
Pero prefiero creer que ese esplendor pertenece a los lamentos de padres ausentes, que ven desde el silencio a las hijas que merecían un horizonte más amplio del que pudieron prometer.
Hay sendas que nunca aprendieron el camino del sol, sobre ellas la escarcha reposa, porque la mañana reconoce la carga de aquello que nunca floreció.
Si alguna vez recorres esos terrenos, no roces las delicadas gotas que se tienden sobre el verde verde pasto. Cada una guarda la imagen de una promesa que el invierno sorprendió, antes de lograr convertirse en fruto.
Los viejos robles no inclinan sus ramas por el viento, sino por sus memorias.
Presenciaron muchos inviernos, muchas semillas en busca de una tierra más generosa y a muchos jardineros contemplando jardines ajenos, preguntándose calladamente a sí mismos cuál estrella se olvidó de alumbrar el suyo.
Y cuando el crepúsculo esparza su manto sobre la tierra cansada, mira cómo la primera estrella titubea antes de encenderse.
Ese centelleo es la vergüenza de la luz al pasar sobre la tierra de quienes confundieron la miseria del suelo con la de sus propias manos.
Quizá por esa razón el amanecer vuelve cada día, no para vencer la noche, sino para tapar con un velo plateado lo que el tiempo nunca llegó a perdonar"
Los ojos humanos previamente insensibles en un momento se tornaron en orbes vidriosos de los que fluían sus lágrimas. Aún sin entender el motivo, un sentimiento de melancolía nació en su núcleo.
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Ciencia FicciónEste cuento/relato de ciencia ficción y misterio, cuenta la historia de un hombre que despierta en un mundo olvidado y encuentra un oscuro pasado al que esta relacionado con una niña llamada Sami. Trata temas como la perdida, culpa y memoria.
