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¿Alguna vez has mirado a alguien y has pensado inmediatamente "no lo soporto"?

Llevo sintiendo eso por cierta persona desde hace ocho o nueve años más o menos y todavía no ha cambiado. De hecho, ¡parece que cada día es peor!

-¡Buenos días, Mercurio!

Son las 8 de la mañana del lunes cuando Juan Pablo, mi supervisor directo y jefe del departamento de informática, me saluda. El ascensor que estoy esperando se encuentra todavía en el piso 15, justo donde está la oficina en la que trabajo. Sonrío amablemente y le devuelvo el saludo.

-Buenos días, Juan Pablo -respondo con las manos juntas.

-Hoy vienes temprano.

-Sí -respondo. Normalmente vengo a trabajar sobre esta hora todos los días y en realidad no he llegado antes de lo habitual, pero no me molestaré en corregirlo. Sé que
sólo hizo ese comentario para tener una conversación casual. No se me da bien entablar conversaciones con los demás, así que me limito a seguirles la corriente.

Sólo sigo su ejemplo.

-Hoy vendrá una nueva interna y también vendrá el director general a revisar nuestro departamento. Les he recordado a los que suelen llegar tarde que hoy vengan temprano, pero no sé si me harán caso.

Juan Pablo continúa hablando, pero una figura alta vistiendo una camisa negra y pantalones grises que entra al edificio capta mi atención.Mis cejas se fruncen desde el momento en que veo al hombre dirigirse a la cafetería del edificio y pedir un café acompañado de una joven empleada. No puedo ver su cara desde donde estoy (no es que quiera hacerlo) pero puedo adivinar qué tipo de expresión tiene.

No importa cuántos años hayan pasado, sólo tendrá una expresión: coqueta y traviesa.

-Al menos uno de ellos llegó temprano-respondo, señalando con la cabeza la dirección de la cafetería. Juan Pablo sigue mi línea de visión y deja escapar un suspiro de alivio.

-¡Bien, muy bien! ¡Era el que más me preocupaba! Aldo casi siempre llega tarde los lunes -. Juan Pablo se queja mientras sacude la cabeza. Sigo observando a dicho hombre hasta que oigo el ascensor abrirse. Miro hacia atrás antes de entrar y dirigirme a la oficina con mi supervisor.

Mi nombre es Aaron pero suelen llamarme por mi apodo, Mercurio. Estoy a unos meses de cumplir 26 años. Trabajo como diseñador gráfico en una empresa privada aquí en el centro de Bangkok. Actualmente estoy soltero porque acabo de romper con mi ex el mes pasado.

Según la mayoría de la gente, soy el tipo de persona que uno consideraría como guapo y atractivo. Desde la secundaria, muchas personas tienden a coquetear conmigo. Para ser sincero, no me gusta demasiado tratar con la gente, por eso que coqueteen conmigo me molesta demasiado. Incluso con mi indiferencia, seguían acercándose a mí. Algunas personas se atrevían a decirme que les gustaba directamente. Otras utilizaban a la gente que me rodeaba para acercarse a mí y, sinceramente, no me gusta ese tipo de personas.

Porque si realmente quieren conocerme, tienen que decírmelo de frente en lugar de utilizar a los demás como excusa. Eso solo causa problemas innecesarios a los demás.

Aunque muchas personas estaban interesadas en acercarse a mí, no lograba llevarme bien con ellas. Me lleva mucho tiempo decidir si una persona que se acerca a mí es confiable para relacionarme con ella. E incluso si creo saber lo suficiente sobre su comportamiento y sus hábitos, nunca intenté mantener una relación con nadie durante más de medio año.

No es que me aburra fácilmente, pero rompí con esas relaciones por una razón.

Estamos en 2026 y ser homosexual no es nada nuevo. Estudié en un colegio de puros hombres y desde la secundaria sé que no me gustan las chicas. Todos mis ex son chicos. He tenido muchos novios en los últimos 10 años, pero para mí no es nada de lo que estar orgulloso.

Enemigos,...¿Hasta cuándo?Stories to obsess over. Discover now