Nunca pensé que un recreo cualquiera pudiera terminar convirtiéndose en el comienzo de algo que iba a guardar durante tanto tiempo.
Ese día había salido al patio como siempre.
El timbre había sonado y, apenas la profesora terminó de hablar, todos mis compañeros salieron disparados del salón como si hubieran estado encerrados durante tres horas. Yo me quedé unos segundos acomodando mis cosas.
-Dayana, ¿vas o qué? -escuché desde la puerta.
Era mi amiga.
-Ya voy.
Guardé mi cuaderno en la mochila y salí con ella.
El patio estaba lleno. Los de primero corrían de un lado a otro, algunos jugaban fútbol y otros simplemente estaban sentados conversando. Los de tercero estábamos repartidos por distintos lugares, hablando, comiendo o haciendo cualquier cosa menos descansar.
Yo estaba conversando tranquilamente con mi amiga cuando ella miró hacia otro lado.
-Mira, ahí está mi primo.
-¿Cuál?
-El de primero.
Giré la cabeza.
Y entonces lo vi.
Era un chico de primero de secundaria. Estaba con algunos compañeros cerca de la cancha, hablando mientras sostenía una pelota.
No pasó nada especial.
No hubo música de fondo.
No hubo viento moviendo mi cabello de manera dramática.
No apareció una cámara lenta porque, por desgracia, la vida no funciona como una serie de Netflix.
Simplemente lo vi.
-Ah -dije.
Mi amiga sonrió.
-Ven, te lo voy a presentar.
-¿Qué? No.
-¿Por qué no?
-Porque no.
-Dayana.
-¿Qué?
-Ven.
Antes de que pudiera inventar una excusa decente, ya me estaba llevando hacia él.
-Hola -dijo mi amiga cuando llegamos.
El chico volteó.
-Hola.
-Te presento a Dayana.
Él me miró.
Y yo, que normalmente podía hablar con cualquier persona, descubrí en ese preciso instante que aparentemente había olvidado todas las palabras existentes en el idioma español.
-Hola -logré decir.
-Hola.
Silencio.
Mi amiga nos miró a los dos.
-Ella está en tercero.
-Ah.
-Y él está en primero.
-Sí, ya sé -respondió él.
Mi amiga soltó una pequeña risa.
-¿Cómo que ya sabes?
-Porque la he visto antes.
Lo miré un segundo.
¿Me había visto antes?
No sabía por qué esa frase me había puesto tan nerviosa.
-¿Tú eres Dayana? -preguntó.
-Sí.
-Yo soy Antonio.
Sonreí.
-Ya sé.
Él levantó una ceja.
-¿Ya sabías?
-Sí.
Mi amiga nos observaba con una sonrisa que no me gustaba nada.
-Bueno, ya se conocen -dijo-. Voy con las chicas.
-¿Qué? -la miré.
Pero ya se estaba alejando.
La traidora.
Me quedé ahí, frente a Antonio.
Él parecía bastante tranquilo.
Yo, en cambio, sentía que estaba realizando un examen para el que nadie me había dado las preguntas.
-¿Tú juegas fútbol? -pregunté, intentando encontrar algo de qué hablar.
-Sí.
-Ah.
Otra vez silencio.
Dayana, por favor. Di algo. Lo que sea.
-¿Y qué posición juegas?
-Defensa.
-Ah, qué bien.
-Sí.
Otra pausa.
Él sonrió ligeramente.
-¿Tú no juegas?
-No mucho.
-¿Entonces qué haces en los recreos?
-Hablar.
-Eso sí se nota.
Me reí.
-¿Por qué?
-Porque hablas bastante con tus amigas.
-Ah...
Me quedé callada.
Él se rió.
Y no sé por qué, pero esa pequeña sonrisa se me quedó grabada.
Después de unos minutos, unos de sus amigos lo llamaron para jugar.
-Voy -dijo.
Luego me miró.
-Nos vemos.
-Nos vemos.
Se fue hacia la cancha.
Yo me quedé quieta unos segundos.
Mi amiga regresó justo en ese momento.
-¿Y?
-¿Y qué?
-¿Qué te pareció?
-Normal.
Ella me miró fijamente.
-Dayana.
-¿Qué?
-Estás sonriendo.
Inmediatamente dejé de sonreír.
-No estoy sonriendo.
-Sí estás sonriendo.
-No.
-Sí.
-Cállate.
Ella empezó a reírse.
-Te gustó.
-¡No!
-Te gustó.
-¡Que no!
-Dayana...
-Bueno, ya.
Me crucé de brazos y miré hacia la cancha.
Antonio estaba jugando con sus compañeros.
No sabía exactamente qué había ocurrido.
Solo sabía que desde ese día empecé a fijarme un poco más en él.
Al principio fue simplemente curiosidad.
Después comenzaron las miradas.
Luego los nervios.
Y, sin darme cuenta, aquel chico al que había conocido durante un recreo cualquiera empezó a ocupar un espacio demasiado grande en mis pensamientos.
Lo peor era que yo todavía no sabía que aquello apenas estaba comenzando.
Y mucho menos sabía que, algún tiempo después, algunas personas comenzarían a decir algo que me dejaría todavía más confundida:
que quizá Antonio también sentía algo por mí.
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mi secreto más tierno
No FicciónTe amo.. Dejame terminar de criarte.. Historia creada a partir de una inspiración de una compañera
