La sala del departamento de Brian y Armando parecía la escena de un crimen perpetrado por un huracán con TDAH. Entre latas de cerveza artesanal que ya rozaban la temperatura ambiente, cables de corriente y apuntes de integrales múltiples que nadie volvería a mirar jamás, los siete autodenominados "ingenieros del mal" debatían sobre la supervivencia humana.
-A ver, imbéciles, escúchenme bien porque no lo voy a repetir -vociferó Campillo, echado medio moribundo sobre el sillón y con los pies directamente apoyados sobre los muslos de Jordan Carrillo-. Si de por sí Jordan maneja como si estuviera huyendo de la ley en un Grand Marquis con las balatas cristalizadas, no quiero que nadie le mueva el estéreo. Nos vamos a Cuernavaca a gastarnos el aguinaldo de las becas, no a morir calcinados en la México-Cuernavaca porque al Piojo se le ocurrió poner corridos alterados a todo volumen en plena caseta de Tlalpan.
-¡Hey, a mí no me metas, güey! -saltó el Piojo desde el suelo, donde estaba intentando acomodar una hielera que ya derramaba agua sucia sobre la alfombra-. Mis gustos musicales son cultura, pedazo de analfabeta con promedio mediocre. Además, ¿quién chingados te metió la idea de que sé manejar? Yo solo vine a tomar gratis y a ver si en la alberca de la quinta alquilada hay señal para el Clash Royale. Si nos matamos, al menos nos morimos con estilo, no como el Campillo, que suda frío nomás de ver una rampa de desaceleración.
Jordan, que intentaba con pinzas de depilar quitarle una pelusa imperceptible a la sudadera de marca de Campillo -mientras este último ni se inmutaba, acostumbrado al trato de rey-, suspiró con una paciencia digna de canonización.
-Amor, por favor, dile a tu novio que baje dos rayitas a su histeria -pidió Jordan con voz suave, mirando de reojo a Campillo-. Si seguimos peleando por quién maneja, se nos va a hacer tarde y la carne asada se va a comprar de mala calidad. Y yo no pienso comer suadero reseco nomás porque el Piojo no sabe calcular los tiempos de traslado.
-Tiene razón el flaco, ya cállense un rato -intervino Mateo, el cual estaba sentado en la esquina de la mesa de centro con una laptop abierta, tecleando a una velocidad aterradora mientras devoraba unos tacos de carnitas fríos-. Acabo de correr un script en bash para optimizar la repartición de gastos de la gasolina, las casetas y la cheve. A Armando le sale más barato porque trae beca de excelencia, así que él paga las propinas de la gasolinera. Es pura optimización de recursos, banda.
Armando, que estaba de pie recargado contra la barra de la cocina mientras le pasaba una servilleta húmeda por la frente a Brian para limpiarle una mancha invisible de polvo, levantó la ceja con una mezcla de fastidio académico y cariño resignado.
-A ver, Mateo, idiota, mi beca no es una caja chica para financiar tus pendejadas de alcoholismo funcional -respondió Armando con su tono formal, aunque una sonrisa burliza se le escapaba por la comisura de los labios-. Y Brian mi amor, deja de morderte las uñas, pareces perro en pastelería. Si te da ansiedad el viaje, métete a la recámara y tómate una pastilla, pero no me dejes los dedos todos baboseados.
Brian, que estaba sentado en el borde de la isla de la cocina con las piernas cruzadas y balanceándose de lado a lado, soltó una carcajada estridente mientras le arrebataba una cerveza de la mano a Armando.
-¡Ay, cállate, amado nerd consentido! Si me muerdo las uñas es porque el Tala lleva media hora diciendo que se trajo un botiquín con suero antiviperinas porque leyó en TikTok que en Cuernavaca hay serpientes de cascabel mutantes en los fraccionamientos residenciales -se burló Brian, dándole un codazo afectuoso en las costillas a Armando antes de rodearle el cuello con los brazos-. ¿A poco no, mi amor? Defiende a tu hombre de las pendejadas del Tala.
-El Tala es un imbécil hipocondríaco, eso ya lo sabemos todos desde segundo semestre cuando se quiso dar de baja porque le dio una taquicardia por tomar Red Bull en los exámenes finales -sentenció Armando, suspirando profundamente antes de rendirse y darle un beso rápido en la frente a Brian-. Pero si el Tala trae suero, guárdenlo en la mochila del Piojo, total, a ese güey lo han picado tantas alimañas en los antros que ya es inmune a cualquier veneno.
BINABASA MO ANG
Universitarios y Resacas
RomanceSiete estudiantes de ingeniería cambian los laboratorios y las integrales múltiples por una lujosa quinta en Cuernavaca para dar inicio a las vacaciones. Entre romances intensos, delirios hipocondríacos, códigos de programación y ríos de alcohol car...
