Capítulo 1

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Para los nuevos inquilinos, enfrentarse a aquel clima tan ambiguo de la isla, era toda una odisea. Por muy cambiante y caprichosa que fuera la madre naturaleza, no se adaptaban a la idea de vivir en un sitio; que se dividía entre el invierno y el verano.

Para divertimento de los Mamuts adolescentes, cerca de ellos había una zona que los proveía de hielo constantemente. De esa forma, no se veían obligados a cambiar sus actividades más comunes -como lo era el deslizarse por una canal de hielo- y gracias a que la mayoría de los adultos procuraban evitar esa zona, nadie les aguaba la fiesta.

Por otro lado, tenían la zona "tropical". Frutas de diferentes colores y sabores, altas palmeras que los protegía del sol y arena en abundancia. Un pequeño paraíso para los herbívoros y un infierno para los escasos carnívoros que compartían la isla con ellos.

No era de extrañar, que estos fueran constantemente señalados y acusados, cada vez que uno de sus compañeros desaparecía; pero afortunadamente, los que supuestamente eran devorados, regresaban al final del día sin un rasguño.

Apenas era mediodía y como siempre, dos tigres dientes de sable regresaban a hurtadillas a la zona de su manada. Como cada día, debían escaparse a escondidas si deseaban cazar un animal salvaje que no fueran a extrañar; pero la situación apenas les dejaba digerir sus alimentos a tiempo.

-Diego, aun tienes sangre en la mandíbula- advirtió Shira.

El macho no la escucho y siguió caminando a paso lento y constante, aparentemente concentrado en las piedrecitas que se tropezaban en su camino. La joven noto su comportamiento, pero ya empezaba a hartarse de que el pelirrojo actuara de esa forma.

De forma juguetona, dejo que su cuerpo chocara con el del mayor, para llamar su atención.

-¿Qué sucede?- Pregunto una vez que hubo reaccionado.

-¿Qué te sucede a ti?- Shira le seguía el paso, con curiosidad- Sé que eres callado, pero normalmente no me ignoras.

Diego sacudió la cabeza, tratando de excusarse.

-No te estoy ignorando, Shira- explico-. Es solo que tengo muchas cosas en la cabeza.

-¿Qué tipo de cosas?- la joven se detuvo para beber de un pequeño arroyo.

Diego siguió su ejemplo, para quitarse las manchas de sangre de la barbilla.

-Es por la manada- explico-. Estoy preocupado por mis compañeros.

La joven se mostró sorprendida, ofendida y a la vez, herida.

-¿Por qué no hablas de eso conmigo?- exigió tímida- Pensé que yo también formaba parte de la manada.

Diego sonrió levemente, captando las emociones de la chica.

-No te estoy excluyendo, Shira- se detuvo para mirarla-. Pero son problemas que tu tal vez no comprendas.

-¡Inténtalo!- Demando.

Diego suspiro resignado.

-Está bien. Es Sid, quien me preocupa.

-¿Qué pasa con él?- Lo miro intrigada.

El dúo retomo el camino.

-Que es un tonto, un irresponsable, incorregible, incompetente...

A la gata le bajo una gota por la cabeza.

-Déjame rectificar- dijo ella, tras callar a Diego con un zarpazo-. ¿Por qué estas preocupado por él?

El tigre suspiro.

-Últimamente, no se está comportante como suele hacerlo.

Shira se carcajeo de su respuesta.

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