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Demon 😈

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La niebla cubría Seúl como un velo espeso esa noche. Seungmin corría por el parque desierto, el corazón latiéndole en los oídos. Cada sombra parecía un enemigo. Su familia adoptiva —esos buitres disfrazados de hermanos— lo había dejado claro: no era bienvenido en la cima de Mirae Group por mucho más tiempo. Alguien quería su cabeza, literalmente.

Se detuvo jadeando, apoyándose en un árbol. El sudor le pegaba el cabello a la frente. Miró alrededor, paranoico. ¿Quién era amigo? ¿Quién enemigo? Tal vez todos.
Entonces lo vio.

Una silueta alta emergió de la bruma, caminando con una calma irritante, como si el mundo le perteneciera. Han Jisung. Seungmin no lo conocía por nombre aún, pero algo en esa presencia le erizó la piel. El desconocido vestía un traje negro impecable, el cabello oscuro ligeramente revuelto por el viento, y una sonrisa ladeada que prometía problemas.

—¿Perdido, pequeño heredero? —dijo Jisung con voz suave, casi ronroneante, deteniéndose a unos metros.

Seungmin se tensó. —¿Quién eres tú?

Jisung ladeó la cabeza, divertido. —Alguien que puede ayudarte... si estás dispuesto a pagar el precio.

Antes de que Seungmin pudiera responder, un destello cortó la niebla. Un auto negro apareció de la nada, acelerando directo hacia él. Seungmin se congeló por un segundo fatal.

Pero Jisung fue más rápido.

En un parpadeo, estaba frente a Seungmin, empujándolo contra el árbol con fuerza controlada. El impacto los dejó pegados: pecho contra pecho, aliento contra aliento. Seungmin sintió el calor anormal del cuerpo del extraño, como si ardiera por dentro. Jisung levantó una mano y, con un chasquido casual de dedos, el auto se desvió violentamente, chocando contra una farola lejana en una explosión de chispas.

Seungmin lo miró boquiabierto. —¿Qué... qué demonios acabas de hacer?

Jisung sonrió más amplio, mostrando dientes perfectos. —Literalmente, eso. Soy un demonio, Seungmin-ah. Jeong Han Jisung, para ser precisos. Y tú... —bajó la mirada por el cuerpo de Seungmin, deteniéndose en sus labios entreabiertos— ...estás en graves problemas.
Seungmin intentó apartarse, pero la mano de Jisung en su cintura lo mantuvo en su lugar. Firme. Posesiva.

—No me toques —siseó Seungmin, aunque su voz tembló un poco. No por miedo. Por algo más peligroso.

Jisung se inclinó hasta que sus narices casi se rozaron. —Demasiado tarde. Te salvé. Y en mi mundo, nada es gratis.

De repente, un dolor agudo atravesó el pecho de Jisung. Su marca demoníaca —ese tatuaje intrincado que brillaba rojo en su antebrazo— parpadeó y se apagó. Sus ojos se abrieron de golpe. Intentó invocar una llama en su palma... nada. Solo humo débil.

—¿Qué carajos...? —murmuró, soltando a Seungmin por instinto.

Seungmin retrocedió un paso, tocándose el brazo donde había sentido un calor extraño. Bajo la manga de su camisa, una marca idéntica empezaba a formarse en su piel pálida, tenue pero innegable.

Jisung lo vio y soltó una risa incrédula, casi histérica. —No puede ser... Mi poder. Se transfirió. A ti.

Seungmin frunció el ceño, confundido y furioso. —¿De qué estás hablando?

—Significa que ahora dependo de ti, heredero —explicó Jisung, recuperando su compostura con esfuerzo. Se acercó de nuevo, esta vez más lento, como un depredador midiendo a su presa—. Mis poderes solo funcionan cuando te toco. O cuando estás cerca. Y sin ellos... —se encogió de hombros con falsa indiferencia— me consumo hasta desaparecer.

Seungmin lo miró fijamente. Esos ojos grandes y expresivos que solían intimidar a salas de juntas enteras ahora estaban llenos de cálculo. —Entonces... ¿qué quieres de mí?

Jisung sonrió de lado, esa sonrisa que hacía que el estómago de cualquiera diera un vuelco. Se acercó hasta que sus labios rozaron la oreja de Seungmin.

—Un contrato. Simple. Tú me das acceso a ti —a tu cuerpo, a tu proximidad— para que pueda recuperar mis fuerzas. A cambio... te protejo. De tu familia. De los asesinos. De todo lo que quiere verte muerto.

Seungmin tragó saliva. El aliento caliente de Jisung en su cuello le provocó un escalofrío que no era de miedo. Era peor. Mucho peor.

—¿Y qué implica exactamente "acceso a mí"?

Jisung se apartó lo justo para mirarlo a los ojos. Sus pupilas brillaban con un rojo tenue, aunque sus poderes estaban apagados.

—Toques. Besos, si es necesario. Dormir cerca. Lo que haga falta para mantener la marca viva. —Bajó la voz—. Pero tranquilo, Seungminnie... no te obligaré a nada que no quieras. Solo... no me dejes morir.

Seungmin sintió el pulso acelerado. Odiaba sentirse acorralado. Odiaba más aún que una parte de él —una parte traicionera— estuviera intrigada.

—¿Y si digo que no?

Jisung se encogió de hombros. —Entonces me marchito. Y tú... sigues siendo el próximo en la lista de tu querida familia. Elige.

Silencio. La niebla se arremolinaba alrededor de ellos como testigo mudo.

Seungmin cerró los ojos un segundo. Luego los abrió, decididos.

—Bien. Contrato aceptado. Pero con reglas. Nada de mentiras. Nada de jugar conmigo. Y cuando recuperes tus poderes... desapareces de mi vida.

Jisung rio bajito, satisfecho. Extendió la mano. Una llama débil pero roja apareció en su palma, sellando el pacto invisible.

—Trato hecho.

Tomó la mano de Seungmin y tiró de él hacia sí, sellando el acuerdo con un beso rápido, posesivo, en la comisura de los labios. Seungmin se tensó, pero no se apartó. La marca en su brazo brilló más fuerte.

Jisung se separó apenas, murmurando contra su boca:

—Bienvenido a mi infierno, Seungmin-ah. Va a ser... divertido.

Seungmin lo miró con desafío, aunque sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas.

—No cantes victoria tan rápido, demonio.
Y así empezó todo.

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⏰ Last updated: 6 days ago ⏰

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