Calle 9 - Instituto Santo León

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       Jueves 18 de diciembre de 2027

Ese día salí de casa como cualquier otro

Me despedí de mis padres, cerré la puerta y tomé el camino de siempre para llegar más rápido al colegio. La mañana estaba tranquila. El sol iluminaba las calles y una brisa ligera movía las hojas de los árboles mientras caminaba. Las nubes se movían lentamente sobre las montañas y, de vez en cuando, el viento hacía que el aire se sintiera un poco más fresco

Cuando llegué al colegio, todo parecía igual que siempre. Los estudiantes entraban por las puertas principales, algunos corrían para no llegar tarde y otros se quedaban unos minutos hablando antes de que comenzaran las clases

Me detuve unos segundos. No sé por qué. Quizá fue por el cielo. Había algo extraño en lo tranquilo que estaba todo. Las nubes parecían pintadas a mano sobre un fondo azul y, a lo lejos, las montañas permanecían cubiertas por una ligera neblina

Seguí caminando

En ese momento no sabía que aquella sería la última mañana en la que vería mi ciudad de la misma manera

A primera hora tuvimos Ciencias. La profesora entró con varios papeles bajo el brazo y los dejó sobre el escritorio

—Se acerca la semana de exámenes —dijo—. Así que espero que estén estudiando

Algunos comenzaron a quejarse

Yo miré de reojo a Nara. Ella ya me estaba mirando. Tenía los ojos claros, el cabello pelirrojo y pequeñas pecas que se extendían por su nariz y sus mejillas. Siempre había sido una de las mejores estudiantes del curso y, por alguna razón, también parecía disfrutar demasiado compitiendo conmigo

—¿Qué? —me preguntó

Intenté mantener una expresión seria

—Estaba pensando que podríamos faltar toda la semana

Nara levantó una ceja

—¿Ah, sí?

—Piscina. Restaurante nuevo. Nada de exámenes

Se quedó mirándome durante unos segundos. Después se rio

—Claro. Y supongo que nuestros padres también estarán de acuerdo

—Podemos inventar algo

—Tarek...

—Es una propuesta seria Nara

—Tienes cara de estar a punto de reírte

No pude aguantar. Los dos terminamos riéndonos

Sabíamos que no lo haríamos. Éramos demasiado responsables como para faltar toda una semana y mentirles a los profesores. Pero durante el resto de la clase seguimos imaginando cómo sería

Piscina

Comida

Dormir hasta tarde

Nada de tareas

Por unos minutos, nuestra semana perfecta parecía real. Aunque, mientras Nara hablaba, una sensación extraña comenzó a crecer dentro de mí. No era miedo. Todavía no. Solo una pequeña incomodidad, como cuando uno siente que olvidó algo importante, pero no consigue recordar qué

La ignoré

Cuando terminó la clase, sonó el timbre. El ruido de las sillas arrastrándose por el suelo llenó el salón

Nara y yo salimos junto con los demás estudiantes del grupo. Subimos las escaleras y llegamos al salón de informática

El profesor Iván ya estaba allí. Un señor alto, con ropa clásica y su característica expresión tranquila, incluso cuando el resto del salón parecía estar a punto de convertirse en un desastre

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