La diosa afrodita se sintió conmovida por el lamento de mahidevran y decidió intervenir. ¿Que puede causar en una historia que ya se había trazado? ¿Cambiará los planes de los dioses? O ¿El destino de esa dinastía, seguirá como fue escrito aunque no...
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En los aposentos de la primera consorte del sultán, mahidevran hâtun se encuentra acostada, sumida en una gran tristeza, una que parece aferrarse a ella desde que llegó al palacio. ¿Por que está triste? Por la perdida del cariño del sultán.
Ha pasado un mes desde que la sultana mihrimah nació y varios días desde que el sultán volvió a la capital, después de su campaña. Ellos no han estado juntos desde esa noche. El sultan había pedido por ella, pero no pasaron la noche juntos, aunque durmieron en la misma cama, él solo le preguntó de manera breve por su hijo y luego la ignoró el resto de la noche, sin enviarla de nuevo a sus aposentos, solo para evitar alguna discusión con la valide.
No odia a los hijos de hürrem, pero no les tiene aprecio, cada que se los encuentra, no puede evitar pensar en ese bebé que se le fue arrebatado y que jamás podrá conocer, ni saber que podría ser. Cerró los ojos mientras las lagrimas salen sin parar y el cansancio se apodera de ella.
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El cielo se encuentra en un hermoso tono entre rosa y violeta, mahidevran camina por la orilla de la playa con los pies descalzos, sintiendo la textura y humedad de la arena, como el suave toque del mar que es llevado por las suaves olas. Su vestido blanco y fresco, cae sobre su cuerpo con delicadeza, pero la brisa del mar no la irrita, solo acaricia su piel como un beso delicado.
Su hermosa mirada era opacada por el brillo de tristeza que parece no querer abandonar su vida. Un suspiro cansado y lleno de melancolía destructiva salió de sus labios. Su mirada se posaba en la nada, ignorando el hermoso paisaje, mientras sus piernas se mueven sin rumbo fijo, solo caminando como un alma que no le queda nada, después de dar todo y recibir nada, quedando tan vacía como un cascarón.
Parpadeo levemente, cuándo una hermosa figura femenina irreconocible, que brilla más que oro y las estrellas, apareció avanzando hacía ella. Ninguna de las dos se detuvo, aún sabiendo que podían chocar, mahidevran se sintió atraída hacía dicha figura, como las abejas a las flores.
Ambas se detienen a tiempo. Mahidevran no logra ver el rostro de esa mujer, solo facciones delicadas y doradas, como si estuviera esculpida en oro. La hermosa mujer le regala una sonrisa y le ofrece una concha marina. Mahidevran no siente dudas, solo recibe el inesperado regalo, pero algo sucede: la concha suelta un brillo extraño que se disuelve en el pecho.
Observa su mano ahora vacía y mira a la mujer frente a ella, que ahora no es una figura dorada, si no el ser más hermoso que ha visto en su vida.
- Es momento de que seas feliz, no siempre el verdadero amor es de una pareja, tienes hijos, lucha por ellos y ofreceles tú amor incondicional, que solo ellos te amarán de vuelta, y con sinceridad.
La mujer deshizo en burbujas de agua y el mundo a su alrededor se tornó oscuro.
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Mahidevran abrió los ojos, sintiendo como el cansancio se ha ido de su cuerpo y la paz llena su alma, como no había pasado en un largo tiempo. Una mano va hacía su pecho, sintiendo una calidez extraña, pero que no se siente forzado ni pesado, como si el dolor que estaba aferrada a ella, hubiera aflojado su agarre un poco.
- Buenos días mi señora.
La voz de gülşah, atrajo su atención.
- Buenos días gülşah. - respondió con esa calma que no había tenido en mucho tiempo.
La mujer parpadeó sorprendida, por la calma de su señora, pero se sintió aliviada, al notar que esta vez no llorara, al recordar su desdicha en este palacio.
- ¿Desea que le traiga su desayuno?.
- Si, mustafa me acompañará, tú también lo harás, que sea suficiente para los tres.
Gülşah es la unica criada leal que aún le queda, al menos es buena tratarla un poco mejor. La joven cariye sonrió con alegria, pues no han tenido un desayuno juntos en mucho tiempo y el ambiente en la habitación por hoy no se siente opresivo, no puede tardarse.
- Como ordene, mi señora.
La mujer abandonó la habitación de prisa. Mahidevran se levantó con calma y se dirigió al gran armario. Su mirada viajó por la ropa y sintió ganas de verse hermosa, lucir bien, no para los demás, solo para ella.
- Vestir bien para mi. - una pequeña pero sincera sonrisa se formó. - Hace mucho que no lo hago... Hace mucho que no siento el deseo de hacerlo.
Sus manos recorrieron los vestidos y se detuvo en uno color verde, sintiendo las ganas de usar un color vivo, como aquellos que amaba usar, antes de ser la madre de un príncipe, antes de ser obligada a madurar a la fuerza, antes de ser ella misma para seguir las reglas, y complacer a un hombre, por que así el deber se lo impuso.
- Es un lindo día para usar este color.
Sus manos se movieron con agilidad y comenzó a usar lo que quería, y no lo que debía por su estatus en un palacio, y en un harem, en el que nunca quiso estar, pero que al final se resignó a apreciar.
☁𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐧𝐮𝐚𝐫𝐚.
★ Nota:
Todas las imagenes que aquí aparecen me pertenecen.